Ricardo Peláez siempre tuvo en mente el futbol, pero la realidad es que hasta los 21 años no pertenecía a ningún club profesional. Su vida, hasta ese momento, transcurría en las aulas y los campos de futbol de la Universidad La Salle, que está ubicada en la colonia Hipódromo Condesa, en la Ciudad de México. Era el año 1984.

“Era espigado, atento a la clase, respetuoso, serio y muy responsable. En aquel entonces jugaba en la selección de la preparatoria y, pese a que combinó ambas actividades, siempre cumplió con sus responsabilidades escolares y deportivas. Desde entonces se notaba que era muy disciplinado y que tenía madera de líder”, cuenta Virgilio Rodríguez, maestro de Peláez en la preparatoria.

José Ramón Barreiro, director de la Facultad de Negocios de La Salle, dice que no lo conoció en su etapa como estudiante, pero sí en años posteriores. Menciona que coincidieron en un hotel en Cancún por casualidad.

“Le dije que yo también era exalumno de La Salle. Luego nos sentamos a tomar una bebida y a platicar. Fue muy accesible y respetuoso. Esa es su verdadera esencia”, comenta.

Peláez es respetuoso, pero no siempre es accesible. Al menos con los medios de comunicación. En los partidos de local del Cruz Azul es difícil que dé declaraciones, pese a que los miembros de la prensa siempre le piden que dé sus impresiones.

“Es normal que se comporte así. Es una persona completamente centrada en su trabajo y para él es fundamental el tiempo que da a cada actividad. Cuando se trata de dar una entrevista, la concede y no se distrae; cuando está en sus funciones de directivo, pone todas sus energías ahí. Es extremadamente disciplinado”, coincide Barreiro.

Cuando Peláez cumplió 22 años su dinámica escolar se modificó. El futbol tenía cada vez menos espacio en su rutina, porque por las mañanas estudiaba su carrera de contador público, mientras que por las tardes trabajaba en un despacho contable.

En alguna ocasión, en 1985, un visor lo invitó a hacer una prueba en el América. Aprovechó para hacerla un día en que su jefe del despacho lo mandó a realizar una auditoría a una compañía que estaba en la esquina de las instalaciones del club en Coapa.

Lo aceptaron y ese mismo año  estaba entrenando en el club e incluso debutó en el primer equipo.

En una ponencia en La Salle recordó aquel pasaje de su vida y aconsejó a los estudiantes que se preparan para sus sueños, pero que estuvieran preparados cuando ésta los lleve por rumbos que no tenían planeados, como a él le pasó.

Peláez ha trabajado como contador, futbolista, director deportivo, comentarista y conferencista.

“Su capacidad de reinventarse es una de las cualidades más valiosas que tiene. Y, si la combinas con su disciplina y liderazgo, resulta una persona exitosa en cualquier lugar en el que se desempeñe”, añade Barreiro.

En septiembre del 2017, Peláez subió al escenario del auditorio Adrián Gilbert. Después de un momento describió los tipos de líder, ante un escenario repleto.

“Uno es el de boca y palabra, el que da las indicaciones. El otro es el de hechos, el de convertirte en un ejemplo. Ambos son válidos”, explica Barreiro.

El director de la Faculta de Negocios recuerda que en aquella ponencia dio consejos a los alumnos y se tomó fotos con ellos. Mientras que en otras ocasiones en las que platicaron, Peláez le comentó cuál es la clave para dirigir un equipo.

“El trato humano, me dijo. Valorar a la persona antes que al futbolista. Dice que un equipo lo forman desde el cocinero hasta los jugadores. Cuando todos desarrollan su función correctamente hacen funcionar al equipo. Esa formación, siempre ha dicho, la tuvo con su familia y en la universidad. Y esos valores han sido fundamentales para que haya tenido tanto éxito” refiere Barreiro.