“¡Talibán!, ¡Demonio árabe!, ¡Terrorista!”.

Las redes sociales del seleccionado sueco Jimmy Durmaz se llenaron de esos mensajes discriminatorios. ¿Su delito? Cometer la falta que le permitió a Toni Kroos marcar el gol de la victoria para Alemania en el partido ante Suecia.

Su caso no es aislado.

Si a Zlatan Ibrahimovic lo discriminaron cuando era niño por su origen yugoslavo, ¿sorprende que a Durmaz lo discriminaran por su origen turco?

No.

En Suecia existe un discurso de odio racista contra afrodescendientes, judíos, romaníes y musulmanes, como es el caso de Durmaz, de acuerdo con un informe publicado por el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Es común, según el estudio, que se realice este tipo de comentarios por medio de redes sociales y otras plataformas de Internet.

“Fui llamado negro sangriento y asesino suicida”, dijo Durmaz para rechazar los mensajes xenófobos. “Que mi familia y yo recibamos amenazas de muerte es totalmente inaceptable. ¡Somos Suecia! ¡Jódete, racismo!”.

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La primera ola de inmigración a Suecia inició cuando terminó la Segunda Guerra Mundial y se extendió hasta el final de la década de los 60. El país recibió refugiados de los países devastados por el conflicto y coincidió que en esos años necesitaban mano de obra para realizar diferentes obras de infraestructura y otros proyectos.

Unos viajaron de las naciones vecinas como Dinamarca y Finlandia y otros fueron provenientes de Italia, Grecia y Yugoslavia, como los padres de Ibrahimovic.

En la década de los 80, iraníes, iraquíes, eritreos, sirios y turcos emigraron a Suecia en busca de mejores condiciones de vida, debido a que en algunas de sus naciones sufrían los estragos de la guerra o de las crisis económicas.

Fue en esa época en la que Simón, el padre de Durmaz, llegó al país, quien nació en Turquía, pero vivió gran parte de su vida en Siria. Al inicio de los 80 regresó a su país y posteriormente emigró a Suecia, donde se casó con una inmigrante malaya. En 1989, cuando la familia ya estaba establecida en la nación, nació Durmaz en Orebro, una ciudad al oeste de Estocolmo.

El jugador de la Selección vivió su infancia en los 90 y el inicio de los 2000, décadas en las que el racismo en el futbol sueco vivía su punto más álgido, de acuerdo con el Estudio Cualitativo del Racismo en los Ultras del Futbol Sueco, creado por Evelyn Waernes de la Universidad de Goteborgs, en Suecia. Por eso no es extraño que Durmaz diga que siempre ha tenido una vida dura.

En esos años, de acuerdo con el informe, era común que los ultras gritaran en los estadios comentarios xenófobos en contra de los jugadores que eran inmigrantes de los países europeos orientales e hicieran sonidos que emulaban a los simios para molestar a los futbolistas de raza negra.

Nadie los detuvo.

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La policía sueca reportó 112 casos de incendios, sólo en el 2016, en los centros de alojamientos para inmigrantes. Aunque no especificó una cifra, también señaló que estos mismos atentados ocurrieron en mezquitas en todo el país. El informe de la ONU criticó al gobierno sueco porque no destinó los fondos suficientes para proteger a los inmigrantes contra los ataques.

El estudio añade que los inmigrantes y los suecos de ascendencia musulmán y de otros países encuentran dificultades para comprar una vivienda en las grandes ciudades y encontrar empleo. La ONU reporta recientemente que en mítines políticos aparecieron grupos neonazis como el Movimiento de Resistencia Nórdica, que enaltece la supremacía de los suecos nativos.

Waernes explica en su estudio que los aficionados radicales que superan los 40 años son los que hacen gritos xenófobos en los estadios. Pero que, a diferencia de los 90, los aficionados más jóvenes no los hacen y reprueban a los que emiten esos comentarios.

Pero aunque los comentarios xenófobos aparentemente han disminuido, Durmaz no estuvo exento de ellos.

El futbol funcionó como el espejo de una parte de la sociedad sueca.

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