El día de la competencia, en el equipo existe una política de cero distracciones, ninguna actividad que implique agotamiento, pues durante las próximas horas, los cinco proplayers de League of Legends estarán 100% enfocados en su partida, en tomar decisiones a velocidades límite. Si el equipo llegara a perder, es importante tener una retroalimentación de lo sucedido para que el estado mental no decaiga.

Los jugadores profesionales de eSports se enfrentan a situaciones de estrés y a toma de decisiones a velocidades que en pocos deportes se ven. Su entorno es complejo, pues en muchos casos se trata de adolescentes que a la par de su vida personal, deben gestionar actividades laborales y su entorno familiar, que no siempre es óptimo.

Por ello, en equipos constituidos, la psicología los guía en dos ejes: el formativo, para adquirir hábitos saludables, y el competitivo, que involucra variables como motivación, autoconfianza, atención, control de estrés, nivel energía y cohesión de equipo (comunicación, interpretación y tolerancia).

A consideración de Manuel García, “Manny”, que ocupa la posición de soporte en el equipo Atomic México de la División de Honor de Liga de Videojuegos Profesional (LVP), la mente juega un 80% en los deportes electrónicos.

“Realmente, lo único que conectas con tu cuerpo son dedos, ojos y oídos. Diría que la parte psicológica es súper importante porque afecta todo, el cómo mueves las manos, qué tanto escuchas, qué tanto estás viendo, qué tanto percibes en lo que estás adentro del juego. Si estás en un buen estado mental, normalmente te fluyen las cosas”, señaló.

En entrevista con El Economista, Rodrigo Cervantes, psicólogo del equipo Atomic México, indicó que, a diferencia del deporte convencional, aunque el aspecto físico importa en los eSports, no es tan predominante como la mente. Lo anterior no quiere decir que sustituya al entrenamiento técnico-táctico, pues no puede existir un buen rendimiento si alguna de las áreas no está funcionando.

“Por eso los coaches son los expertos para manejar estrategias de acuerdo al juego. Las estrategias son psicológicas, es decir, tienes un aprendizaje y lo llevas a cabo a través de estas reacciones con el control, el teclado, la consola que juegues y los jugadores se empiezan a volver expertos con la estimulación. El psicólogo del deporte tiene la tarea, no de hacerlos mejores porque eso le corresponde al entrenador en cuestión de estimulaciones, sino en que estas estimulaciones sean bien dirigidas o tengan las mejores estrategias psicológicas para que el jugador se pueda hacer experto”.

De acuerdo al especialista, en el aspecto mental, los jugadores se enfrentan a factores como el rápido desarrollo de la industria, muchos de ellos entran al profesionalismo a los 13 o 14 años y deben “trabajar su vida personal y también su vida como jugador”, además, algunos encuentran en los videojuegos un escaparate de sus necesidades.

“Sugiero a todos los clubes de deportes electrónicos que verifiquen o vean cómo vive su jugador fuera de los videojuegos, cómo está su entorno para conocer y darle las mejores herramientas posibles”.

Manny identifica que uno de los principales problemas a nivel psicológico que enfrentan los jugadores es el estrés, pues es una disciplina que requiere altos niveles de concentración.

“Aparte es una disciplina nueva: todo lo que tiene que ver con redes sociales, lo que se puede llegar a escuchar de ti, más lo que tienes que estar aprendiendo constantemente, diría que el estrés sería lo fundamental y después el nerviosismo al ser novatos”.

¿Qué fortalezas a nivel psicológico encuentras en los jugadores extranjeros?

“La más importante que creo que tienen los mejores jugadores del mundo es la resiliencia a los momentos difíciles. No pierden nunca la cabeza, así la partida esté muy inclinada hacia un lado o si ya se siente prácticamente perdida ellos siguen en el mismo estado mental, siguen pensando cuál es la siguiente su jugada y creo que eso es lo que más define y lo que más nos hace falta en esta categoría aquí en México”.

fernanda.vazquez@eleconomista.mx