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Ortega se despide a hombros del toreo

En una tarde en la que los toros no lucieron, Ortega logró convencer al público y se llevó un nostálgico triunfo al retirarse de los ruedos.

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Ferruco fue el toro más potable del soso, deslucido y reservón encierro de Los Cués. La corrida no pintaba para algo importante y Rafael Ortega lo había recibido con una larga de rodillas y dos tafalleras cerrado en tablas.

Al espectacular recibimiento le siguió un quite por chicuelinas, el remate con una revolera y la colocación de banderillas con dos pares al sesgo y uno al violín que le valieron fanfarrias en las alturas y una fuerte ovación.

Tras brindar la muerte a su esposa e hijos, la faena de muleta inició con muletazos por bajo intercalados con trincherazos y una tanda por el lado derecho que le fue muy coreada, luego una cerrada ovación que aumentó al repetir por ese lado y subió de intensidad al rematar con un cambiado por delante.

La lidia fue poderosa, con maestría y conocimiento al tiempo en que sonaban las notas de las golondrinas, mismas que se perdían entre los gritos de ¡torero, torero! y no por el adiós, sino por la faena llena de poder que realizaba y que tuvo sus momentos finales con pases por alto a una mano para una nueva diana.

La ejecución de la suerte suprema la llevó a cabo con entrega y volcándose en el morrillo de su enemigo que salió muerto del encuentro. La petición era mayoritaria y le fueron concedidas dos orejas, pero al seguir la gente ondeando los pañuelos el juez Jesús Morales concedió el rabo y el tlaxcalteca al escuchar leves protestas, dejó el apéndice en manos del alguacil y dio la vuelta al ruedo con mucha fuerza.

Así, su despedida fue ante el toro Ferruco, marcado con el número 90 y con 484 kilogramos de peso que le valió los dos apéndices y la salida en hombros.

A su primero, un astado parado y reservón, del que brindó la muerte a su madre, le realizó un toreo de aliño (por la cara), y escuchó palmas al término de su labor.

Por otra parte, Juan José Padilla se presentó con su acostumbrada entrega, ante un burel soso, parado y deslucido, hilvanó tres naturales muy templados y una serie de detalles, seguidos por desplantes que, tras un estoconazo fulminante, le valieron una oreja.

En el quinto, otro ejemplar sin condiciones para el lucimiento y que se escupió de la suerte de varas hasta en cinco ocasiones, realizó una faena intermitente, por el lado derecho y que tuvo su final con una serie de ajustadas manoletinas y otra gran estocada, ligeramente baja, que le valió otro apéndice y la salida en volandas junto a Rafael Ortega.

LÓPEZ RECIBE PALMAS ?TRAS UN AVISO Y OVACIÓN

El benjamín del cartel, Salvador López, tuvo una digna actuación ante un lote que no se prestó para el lucimiento. El toro de su confirmación se llamó Secreto, marcado con el número 87 y 517 kilos de peso; el balance de su actuación fue palmas tras un aviso y ovación.

Él próximo domingo, se lidiarán ejemplares de Rancho Seco para Israel Téllez, Eduardo Gallo y Angelino de Arriaga.

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