No estaba invitado a la fiesta grande, pero Uruguay se metió de todas maneras y no quiere dejarla.

El único sobreviviente sudamericano en la Copa Mundial se prepara con un entusiasmo pegajoso para su primera semifinal en 40 años, cuando el martes se enfrente con Holanda en Ciudad del Cabo.

Y los jugadores de la Celeste van por más.

Como dicen en mi pueblo, con orgullo: ya que estamos en el baile, hay que seguir bailando'', manifestó el delantero Sebastián Abreu, quien con su tiro picado al ejecutar un penal selló la dramática victoria uruguaya en la tanda desde los 12 pasos frente a Ghana el viernes en los cuartos de final.

No estábamos invitados, pero llegamos'', agregó.

La actitud del ``Loco'' Abreu refleja quizás el sentimiento actual del resto del equipo en Sudáfrica, a pesar que muy pocos lo tenían en la lista para llegar a estas alturas del Mundial.

Se suponía que en el mejor momento de la fiesta debían estar Brasil, Argentina u otras selecciones de la aristocracia europea. Además, Uruguay fue el representante de Sudamérica que debió ir a un repechaje con Costa Rica para amarrar el pasaje a Sudáfrica.

No creían que íbamos a clasificar'', dijo a su paso el delantero Diego Forlán a un enjambre de periodistas que esperaba el ingreso del equipo a su hotel en Johannesburgo tras un entrenamiento.

Uruguay, que tiene dos copas del mundo en su haber, no se entreveraba entre las cuatro mejores de México 1970.