Lionel Messi abandonó la cancha del Camp Nou con la mirada clavada en el césped, totalmente consciente de que Barcelona no llegó a la final de Múnich por su culpa; por haberle fallado al club, a millones de seguidores -por tercera ocasión en el año futbolístico- desde el manchón penal. Aunque el de ayer fue el más doloroso, el más importante, el que terminó con el sueño de revalidar la corona europea.

Lio tuvo el triunfo, la gloria, en sus botines, pero su disparo se estrelló en el travesaño, uniéndose a otros cuatro contactos con la madera durante los 180 minutos de semifinal y a la nula contundencia de sus compañeros, que igualaron 2-2 (2-3 global) en casa y vieron cómo Chelsea avanzó al duelo por la corona.

Si bien Messi es el mayor responsable, hay que señalar a todo el equipo como causante de la eliminación porque, entre los dos partidos, los catalanes mandaron 46 disparos(19 de ellos, a portería) sin mostrar la puntería de otras tardes gloriosas; inclusive, ambos fueron marca del equipo en esta temporada de tiros a portería. Pero no fue suficiente.

La derrota sigue calando en Barcelona porque a su rival le bastó tener sólo 30% del tiempo la pelota para liquidarlo, convirtiendo en gol en tres de 12 intentos. Y, por si eso no fuera suficiente, los de Guardiola ayer fueron incapaces de aprovechar la superioridad numérica, luego de la expulsión de John Terry.

Busquets e Iniesta hicieron soñar a su afición

Sergio Busquets, al empujar una pelota con la puerta abierta, y Andrés Iniesta, con disparo cruzado tras recibir un servicio de Messi, habían puesto momentáneamente en la final a Barsa pero, en el último segundo del primer tiempo y ya con un jugador menos, Chelsea se las ingenió para encaminarse a la eliminatoria.

Y es que Ramírez Santos hizo una obra de arte al quedar solo ante Víctor Valdés, bombeando la pelota que, al final, chocó con las redes.

Pero Messi tuvo la gloria, ésa que casi siempre lo acompaña. Entonces, tomó la pelota, la colocó en el manchón penal y terminó disparando al travesaño. Esa pena máxima fue la tercera errada del año futbolístico, ya que había perdonado a Valencia y a Sevilla en la Liga.

Al final, cuando todo era un drama, Fernando Torres, quien acababa de ingresar de cambio, protagonizó un letal contraataque que concluyó quitándose al arquero para mandar la pelota al fondo.

Con el silbatazo, vinieron los brincos de los blues, las lágrimas de los catalanes. Sin duda, las que salieron con más dolor fueron las de Lionel Messi, argentino que intentó vestirse de héroe y terminó entregando a su equipo y se llevó a casa la mayor amargura de su carrera, el fracaso más grande, mismo que dejó a Barsa con la posibilidad de ganar un solo título: la Copa del Rey. (Con información de Carlos Herrera)