Cuando el torneo regular concluye y se cuentan las horas para iniciar participación en la Liguilla, los futbolistas “cambian el chip inmediatamente”: cábalas, más tiempo de trabajo, rutinas, todo se modifica para la etapa que determina al campeón del futbol mexicano.

“Más descanso y mejor alimento”, recuerda Jehu Chiapas, jugador mexicano quien ahora está en España y quien disputó ocho fases finales en la Liga MX.

“Estamos más concentrados y sabemos lo que nos jugábamos”.

Jehu, quien con Veracruz y Pumas acumuló experiencia en este tipo de instancias, dijo que los técnicos que lo dirigieron no empleaban más tiempo que el de una jornada normal para analizar al rival mediante videos. Pero hay otros métodos más extremistas, como sucedió con Guadalajara en el juego de vuelta de los cuartos de final del Apertura 2016, compromiso para el cual decidieron “convertir en un búnker” su hotel de concentración. Los dirigidos por Matías Almeyda no pudieron salir y apenas caminaron por los pasillos de las instalaciones.

“Únicamente han podido ingresar los huéspedes, así como familiares y amigos cercanos del plantel”, reportó ESPN Digital, que agregó que cinco elementos de seguridad fueron colocados en la entrada para evitar “filtraciones” de aficionados.

Al igual que Chiapas, Fernando López, exfutbolista que militó en equipos como América, Necaxa y Atlante, club con el que fue campeón en el Apertura 2007, señaló a este diario que en cuanto un club se sabe calificado “te mentalizas para llegar a la final”.

Además, el ex zaguero central reveló que en las concentraciones los técnicos tocan en repetidas ocasiones el tema de “mantener la concentración y estar más alertas que nunca”.

Incluso, recordó, los árbitros también son tema en esos días que los jugadores pasan encerrados en el hotel.

“Al árbitro hay que presionarlo para que saque tarjetas”, era la indicación que López recibía en sus épocas de jugador activo.

Las cábalas, tema importante para los protagonistas

A la hora de disputar una fase de vida o muerte, los jugadores echan mano de cualquier arma. Hay quienes creen que no rasurarse puede terminar siendo un acto que los llene de fortuna.

“Yo formé parte de los jugadores de Pumas que no se rasuraron y nos funcionó para ganar dos títulos”, recordó Jehu, quien junto a Joaquín Beltrán apostó por esa cábala.

Canciones que suenan en repetidas ocasiones en los trayectos del hotel al estadio en los viajes en camión fue otra de las supersticiones de aquellos Pumas.

Fernando López fue quien recordó otras apuestas más extravagantes.

“Me tocó ver que el portero no lavara su uniforme cuando ganábamos”, explicó el exjugador, quien también fue testigo de ver cómo sus excompañeros buscaban los botines con los que “tuvieron buenas tardes para encarar la Liguilla”.

En la historia de los torneos cortos, hay cábalas que pocos se imaginarían, como lo fue la del Verano 97, donde Antonio Mohamed le besara el trasero al utilero Marcelino Rivero antes de salir a la cancha en el torneo en el que Toros Neza llegó a la final, según publicó soyreferee.com.

En épocas más recientes, llamó la atención ver a Gustavo Matosas esparcir azúcar en la cancha del Hidalgo previo al juego en el que terminó coronándose al frente de León. El entrenador uruguayo argumentó que dicha cábala fue “para atraer” a sus ángeles.

carlos.herrera@eleconomista.mx