Sólo ocho de 18 equipos cuentan con presidente deportivo previo al arranque del Apertura 2018. Este puesto ha sido clave para que los equipos ganen campeonatos, coinciden Jorge Witker —periodista e historiador del futbol mexicano— y Joaquín Beltrán —expresidente deportivo del Querétaro—.

Los clubes que cuentan con este puesto son: América, Pachuca, Monterrey, Santos Laguna, Tijuana, Cruz Azul y Lobos BUAP.

Mientras que Morelia, Atlas, Pumas, Tigres y Toluca sólo cuentan con presidente —que se encarga tanto de temas administrativos como deportivos—. Y, por otro lado, los propietarios de Chivas, León, Necaxa, Puebla y Veracruz se encargan ellos mismos, un subalterno o algún familiar, de la presidencia administrativa y deportiva de sus equipos.

“La existencia de un presidente o director deportivo habla de la buena o mala estructura de un club. Este directivo se encarga solamente de asuntos deportivos y facilita las funciones del dueño, presidente y del entrenador, porque los libera de responsabilidades”, sostiene Witker.

El ejemplo perfecto de la importancia de este directivo, explica el historiador, fue el papel que tuvo Ricardo Peláez con en el América. Permaneció en el cargo desde el 2011 hasta el 2017 y rompió la sequía de siete años sin levantar campeonatos de las Águilas cuando se coronó dos veces en la Liga y dos más en Concachampions.

Beltrán señala que el presidente deportivo no sólo es fundamental para el éxito del primer equipo, también para la estructura del club, porque tiene funciones específicas. Cuenta que cuando llegó a Gallos Blancos (2014) tuvo que reorganizar la estructura de fuerzas básicas, planificar la infraestructura con la que contaba la institución, además de organizar los cuerpos técnicos de las Sub-17 y Sub-20 y analizar los refuerzos para el equipo mayor.

“Lo ideal es que la estructura del club empiece desde arriba. Es decir, dueño, presidente, presidente deportivo, entrenador y, cuando se tengan ocupados esos puestos, entonces se proceda a la contratación de futbolistas. Lo anterior no garantiza el éxito del proyecto, pero al menos te acerca al objetivo de ganar títulos y que el equipo sea regular en los siguientes torneos”, menciona.

Coincidente, los equipos que no cuentan en su organigrama con un presidente deportivo, no calificaron a la liguilla del torneo pasado. Y, en el caso específico de Puebla y Veracruz, son dos de los candidatos para descender al final del siguiente año futbolístico.

De los ocho clubes que calificaron a la liguilla, sólo cuatro contaban con presidente; mientras que los otros cuatro, incluido el campeón Santos, sí tenían presidente o director deportivo. Y de los ocho equipos que han disputado las últimas cinco finales de Liga, cuatro contaron con director deportivo.

“El objetivo del presidente deportivo es que tenga el peso para que maneje la parte de futbol de la institución sin la injerencia constante del propietario. En el caso de Santos tiene una directiva estructurada, pero parece que Alejandro Irarragorri —propietario del club— es el único que toma las decisiones”, agrega Witker.

Las Chivas en la era de Jorge Vergara, opina el historiador, al no tener director deportivo es un espejo de que el club carece de un proyecto, que ha perdido o carecido de identidad y que su constante han sido las elecciones contradictorias.

“Vergara y otros directivos son capaces de despedir entrenadores porque no les gusta su estilo de juego o porque tienen dos malos resultados. Pero al poco tiempo, pueden volver a contratarlos. Es por eso que no obtienen los resultados que ellos quieren”, sostiene.

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