“¿Le ha llamado Donald Trump después de que Estados Unidos, junto a Canadá y México, obtuvieron la sede del mundial del 2026?”, le preguntó un periodista a Gianni Infantino en la conferencia de prensa después del Congreso de la FIFA, celebrado el año pasado en Rusia.

“Déjame ver ahora mismo. Tengo ocho llamadas registradas, pero no sé si alguna de ellas es de Trump”, respondió el presidente de la FIFA.

Aquella tarde en Moscú, previo a la inauguración del Mundial de futbol de Rusia 2018, Infantino avisó por primera vez que buscaría la reelección como presidente de la FIFA para un nuevo periodo de cuatro años. Él orquestó la reforma del organismo que desterró la corrupción de sus antecesores y cuyo objetivo de campaña era incrementar los ingresos económicos para un mayor y mejor reparto de los mismos con las federaciones.

“Me gustaría quedarme al frente de la FIFA cuatro años más, porque creo que puedo hacer cosas a favor del futbol, creo en la gente que ha trabajado conmigo en los últimos años y creo en la mirada de esos chicos de Tahití, Santo Tomé, Myanmar, que cuando les regalas un balón se les ilumina el rostro”, indicó Infantino en la comparecencia.

El abogado de profesión fue un técnico-estudioso del futbol —implementó el sistema de licencias de clubes que regula el nivel de endeudamiento de los mismos e impulsó el Fair Play Financiero—, y después de tres años en el cargo ahora mismo es el jefe supremo del futbol mundial.

Infantino, el gran economista

El éxito financiero ha sido la base de su proyecto. Por eso el último reporte de finanzas de la FIFA indica que las cuentas bancarias reúnen 2,740 millones de dólares dentro del cuatrienio 2015-2018, una recuperación que significó 66% más que los 1,650 millones del ciclo mundialista anterior, 2011-2014.

“La nueva política de la FIFA apoya y da muchos recursos para que el futbol juvenil se desarrolle. Antes se daba 1 millón de dólares cada cuatro años, ahora la cifra subió a 6 millones de dólares, y eso ayuda mucho al crecimiento de infraestructura de los países”, expresa Víctor Hugo Alfaro, vicepresidente de la Federación de Futbol de Costa Rica.

Además de que Infantino recibió a un organismo con una pérdida de 350 millones de dólares durante el 2017, debido a que varios patrocinadores decidieron romper los contratos por el escándalo de corrupción del organismo, que llevó a 11 dirigentes ante una corte federal de Estados Unidos, y a la destitución de Josep Blatter como presidente, el incremento de las ganancias por los torneos, principalmente el Mundial de futbol, el nuevo paradigma de la FIFA indica un mayor reparto entre las federaciones.

“Gianni Infantino ha calado profundamente en todas las confederaciones”, añadió Víctor Hugo Alfaro.

El éxito económico de Gianni Infantino todavía registra pendientes, como la aprobación de la ampliación de un Mundial de clubes de 24 equipos con periodicidad cada cuatro años, que estaría patrocinado por una empresa asiática que pondría 25,000 millones de dólares por la propiedad y comercialización del mismo.

Por eso mismo, durante la celebración de los congresos de las seis confederaciones que integran la FIFA, el presidente de la FIFA asistió para dar un breve mensaje, un día antes de que se oficialice su nuevo periodo al frente del organismo.

“Los números son importantes. A nivel de Concacaf son los mejores números financieros que hemos tenido y nos llena de satisfacción. Vamos a seguir apoyando el proyecto de Víctor Montagliani y de Gianni Infantino. La gente está muy satisfecha de que después del gran descalabro de años atrás, hoy en día son entidades muy fuertes, tanto económicamente como en su credibilidad”, añadió el directivo.

Sin embargo, aunque a nivel financiero la gestión de Infantino ha tenido éxito, el manejo político del organismo ha despertado críticas en sectores que ven un control total del presidente de la FIFA sobre comisiones y órganos que nacieron con un carácter independiente y de revisión sobre las decisiones del organismo.

El control político del presidente

El semanario Der Spiegel documentó, a través de correos electrónicos filtrados por la plataforma Football Leaks, que Gianni Infantino viajó en avión privado en seis ocasiones a países de Medio Oriente, con un costo total de 105,000 dólares.

Al presidente de la FIFA se le acusa de reformar el Código de Ética de la FIFA, donde la corrupción no aparece en el documento, y ha colocado a personal subcalificado en puestos de relevancia para el organismo, como a la secretaria general de la FIFA, Fatma Samoura, o Maria Claudia Rojas, jefa del Comité de Ética del organismo, y quien en teoría es la encargada de vigilar la gestión de Infantino.

En algo más delicado, a Gianni Infantino se le acusa de beneficiar a los países árabes dueños de equipos europeos y patrocinadores principales en mundiales de futbol.

Una de esas investigaciones indica que una corte suiza abrió un expediente sobre el rol que jugó el entonces secretario de la UEFA en la reducción de multas para Manchester City y Paris Saint-Germain por violar las reglas del Fair Play Financiero.

“Si tuviéramos la capacidad para unir a Oriente Medio, haríamos todo lo que estuviera en mis manos, claro que sí, porque se lo merecen ellos y se lo merece el mundo. Si el futbol puede ayudar de alguna manera, sería fantástico”, indicó Infantino.