¿Dónde estaba cuando se perpetró el golpe de Estado?

—En Valencia, donde jugaba. Tardé mucho tiempo para entender lo que había pasado

¿Por qué?

—Cuando vives en otro país siempre te enteras de las noticias. Pero en los 70 eran otros tiempos, con menos tecnologías y menos inmediatez. Ese día no llegó ninguna información, ni el día siguiente, ni el siguiente... Cuando llegó el Mundial del 78 sólo nos enfocamos en el torneo. Pero cuatro años después, en el de España 82, nos dimos cuenta de lo que había pasado.

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A las 0:55 horas del 24 de marzo de 1976, la presidenta argentina María Estela Martínez de Perón hace una llamada. “¿Hay golpe?”, pregunta. Al otro lado de la bocina, el jefe del Estado Mayor del Ejército, Jorge Rafael Videla, le da una negativa. “Duerma tranquila”, responde.

No lo hace. En su lugar, decide tomar un helicóptero que la traslade a la residencia presidencial ubicada en Los Olivos, Buenos Aires, pero en el trayecto se reporta una supuesta avería que obliga a desviar la aeronave a otra pista cercana. Cuando desciende, tres elementos de las Fuerzas Armadas ya la esperan. Le notifican la noticia: hay Golpe de Estado.

A las 3:30 de la tarde, Videla asume la Presidencia.

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En el verano del 78 se disputa el Mundial. El seleccionado argentino que dirige César Luis Menotti se concentra en Buenos Aires. La figura es Mario Alberto Kempes (Bell Ville, Córdoba, Argentina; 1954), centro delantero que juega en el Valencia.

No tiene una buena primera fase al no conseguir ningún gol. En la segunda ronda goza de un cambio radical: marca cuatro goles, incluido un doblete en la victoria 6-0 frente a Perú, del que se sospechó que fue arreglado por el gobierno de Videla para que la albiceleste avanzara a la final.

Kempes niega las acusaciones.

En la final contra Holanda marca dos tantos más. El primero, el que abre el marcador, y el segundo, que le da ventaja a Argentina y que eventualmente le permite levantar el título por primera vez en la historia. Los seis tantos lo convierten en goleador del certamen.

“Sin ellos no estaría donde estoy ahora”, diría después.

La gente sale a festejar a las calles, al tiempo que la dictadura de Videla empieza a mostrar su lado más oscuro, cuando sus hombres empiezan a secuestrar a sus contrincantes políticos.

Sacerdotes, estudiantes, sindicalistas, activistas y madres de desaparecidos fueron arrojados vivos al mar en los llamados Vuelos de la Muerte. Tiempo después, el gobierno aceptará que hubo 8,000 desaparecidos, pero las organizaciones que defienden los derechos humanos calculan que fueron 30,000.

Kempes y la Selección tratan de refrendar su título en la Copa del Mundo en España 82. Esa misma primavera, Videla declararía la Guerra de Las Malvinas a Inglaterra en un intento por tapar las atrocidades de su régimen.

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—¿Cómo se entera de los estragos de la dictadura?

—Por los medios españoles. Cuando llegamos a España nos damos cuenta de todas las atrocidades de la dictadura, porque la Guerra de Las Malvinas destapa todas las cosas sucias.

Cuando estábamos en Argentina el gobierno nos dice que ibamos ganando la guerra 100 a uno, pero cuando llegamos a territorio español nos damos cuenta que estamos perdiendo 1,000 a uno.

—¿Tuvo algún familiar perjudicado?

—No, pero el primo de Osvaldo Ardiles —mediocampista que jugó los mundiales del 78 y 82— falleció en Las Malvinas. Eso sí nos perjudicó y fue muy doloroso.

—Son eliminados en la segunda fase, ¿les afectó las consecuencias de la dictadura o la Guerra en su rendimiento?

—No tuvo nada que ver. Nosotros nos equivocamos en la cancha y por eso nos eliminaron. No podíamos hacer algo para cambiar las cosas. Sólo éramos futbolistas. Era imposible que hiciéramos algo a menos de que decidiéramos no jugar, pero no sabíamos el alcance de la situación... pero ya no hay que hablar de política, porque no me gusta.

A 40 años de distancia, Argentina fue luz en las canchas y sombra fuera de él.