La mentalidad de los 17 años no se parece en nada a la de los 27. Al menos no en el caso de Emma McKeon, quien acaba de entrar a los libros de historia al convertirse en la primera nadadora con siete medallas en unos mismos Juegos Olímpicos con cuatro oros y tres en bronces en Tokio 2020. Nada de esto habría sido posible si le hubiera hecho caso a su rebeldía adolescente, cuando por un enojo estuvo a punto de abandonar el deporte.

McKeon era una desconocida en el mundo a los 17 años, pero en su natal Australia cargaba con el legado de su hermano, sus padres y uno de sus tíos, todos nadadores de calidad. La adolescente no decepcionaba pese a su edad y estaba compitiendo al máximo por una plaza para Londres 2012, pero los resultados no fueron los esperados.

Emma terminó en séptimo lugar y no dio la marca para el equipo australiano de 4x100 estilo libre que viajaría a Londres, mientras que su hermano, David, quedó tercero y sí fue parte de la delegación. La furia se apoderó de ella.

“Estaba realmente molesta cuando me perdí la participación, porque mi hermano lo logró y nuestro otro compañero de entrenamiento, Jarrod Poort, también lo hizo en 1,500 metros. Me enojé mucho, dejé de nadar. Sabía que quería ir a unos Olímpicos, pero no quería esperar otros cuatro años, así que pensé: simplemente pararé”.

Pero fue justo su hermano quien le borró eso de la mente ya en Londres. Al verlo en acción, la joven Emma entendió que la disciplina es clave para llegar a ser uno de los mejores del mundo: “Supongo que sabía que tienes que ir a entrenar todos los días y hacer todo correctamente para poder rendir al nivel en el que quería hacerlo”.

No duró ni un año separada de la natación. Después de todo, había pasado toda su vida junto a piscinas y playas debido a que sus padres, Ron (nadador olímpico en 1980 y 1984) y Susie (nadadora en los Juegos de Commonwealth en 1982), tenían una escuela de natación en Wollongong, Nueva Gales del Sur.

Incluso, Ron había sido el primer entrenador tanto de Emma como de David, hasta que él mismo les dijo que debían conocer “a otro entrenador que no sea su padre” y los hermanos dieron el salto a Queensland: “Fue difícil porque era justo a lo que estaba tan acostumbrada, pero también fue bueno para mí crecer y trabajar más duro”, recuerda ella.

Tras no hacerle caso a su rebeldía adolescente y trabajar con constancia, Emma se ha convertido en una leyenda de la natación. La chica de 19 años que empezó con dos platas en un Mundial de FINA en 2013 es hoy la única nadadora que ha logrado siete preseas en unos mimos Juegos Olímpicos.

En Tokio 2020, la australiana ganó cuatro oros: 100 y 50 metros estilo libre (individuales) además de los 4x100 combinados y 4x100 libres (por equipo); también sumó tres bronces: 100 metros mariposa (individual), así como en relevos 4x100, combinados mixtos y 4x200 libres (por equipo).

Por si fuera poco, se fue de la justa japonesa con dos récords. En los 50 metros libres impuso una nueva marca olímpica de 23.81 y en los 4x100 combinados ayudó a Australia a conseguir un récord olímpico de 3:51.60, apenas 13 décimas menos que Estados Unidos.

Solamente otra mujer había logrado siete medallas en unos mismos Juegos Olímpicos, pero no en la natación. Se trata de la soviética Maria Gorokhovskaya, quien en la edición de Helsinki 1952 sumó dos oros y cinco platas en gimnasia artística.

En la historia de la natación de su país, McKeon suma 11 preseas olímpicas tras las cuatro logradas en Río 2016. En total tiene cinco oros, dos platas y cuatro bronces, con los que ya superó a Leslie Jones e Ian Thorpe. A nivel internacional, ahora solo se encuentra detrás de las 12 medallas que consiguió la estadounidense Jenny Thompson entre Barcelona 1992 y Atenas 2004 (en rama femenil, ya que en varonil, Michael Phelps ganó 28 medallas).

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