Acapulco, Gro. Era un hecho que al mirar a Dominic Thiem a los 17 años jugar al tenis, el joven austriaco ya mostraba su talento. La conexión entre el chiquillo y una raqueta parecía innata. Incluso, su capacidad llamó la atención de Ivan Lendl, quien lo recomendó a Adidas para que lo patrocinara.

Pero, según su entrenador de toda la vida Gunter Bresnik, a Thiem le faltaba para convertirse de buen tenista en prodigio.

Físicamente, Dominic no parecía una amenaza: se veía frágil, a menudo se sentía cansado y, en la cancha, parecía faltarle carácter para ser un competidor. Siempre parecía que quería disculparse con sus rivales en lugar de quererles ganar , habría dicho Bresnik en una entrevista.

La idea surgió entonces. Si Thiem quería llegar más alto, figurar entre los tenistas de élite, necesitaba un preparador físico... y había que encontrarlo.

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Ese día de marzo del 2012 fue el que le cambió la carrera a Dominic Thiem.

Gunter Bresnik llevó al joven Dominic, de apenas 19 años, a las orillas del canal de Wiener Neustadt, el cual rodea aquella pequeña ciudad de apenas 42,000 habitantes.

Ahí estaba Sepp Resnik, un extravagante exatleta que practicó gimnasia, futbol, ??judo, atletismo, y además fue pentatleta militar.

Para entonces se había distinguido también por hacer Ironmans, ultratriatlones, dar la vuelta al mundo en bicicleta y cruzar nadando el estrecho de Gibaltrar.

Él fue una persona muy importante en mi entrenamiento , asegura Dominic, quien el sábado se consagró campeón del Abierto Mexicano de Tenis.

La primera prueba se da enseguida. Resnik le pide a Thiem que crucen el canal, porque se le ha ocurrido que el bosque que está del otro lado es un buen lugar para comenzar a trabajar.

Claro, ¿dónde está el puente? , dice Dominic.

¿Puente? No lo necesitamos, comienza a nadar , responde Resnik.

El agua gélida parece paralizar las extremidades a Thiem, pero nada. Nada, inquieto, casi paralizado por el frío. Nada hasta alcanzar el límite de su cuerpo, ése que su nuevo preparador buscará constantemente que el tenista alcance.

Metas extraordinarias requieren medidas extraordinarias , era el lema de Sepp.

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A Sepp Resnik le bastaron 10 minutos para diagnosticar a Dominic Thiem en la cancha de tenis.

Gunter , dice Resnik al entrenador del joven tenista, le he visto por 10 minutos y ya lo vi todo. El chico puede hacer lo que sea de cintura para arriba pero nada de la cadera hacia abajo .

Es ahí cuando Sepp se convence de trabajar con él. La única condición era que entrenador y tenista debían aceptar los excéntricos métodos del exatleta para entrenar a Thiem. Y entonces, prometió, pronto, muy pronto, lo haría escalar en el ranking.

Los tres estuvieron de acuerdo. Y ahí empezó todo.

Thiem tuvo que adaptarse a una disciplina casi militar que no imaginó. Primero, correr por el bosque a medianoche.

Lo llevé a correr de noche para que no nos distrajeran. La primera vez, Thiem me preguntó dónde estaba el vestuario, le dije que el vestuario era el bosque. Me dijo que estaba muy oscuro y le respondí que qué esperaba, era de madrugada. Le comenté que había corrido 60,000 kilómetros en este parque y que lo conocía de memoria , explica Resnik, en un artículo publicado por el portal Tennisfrontier.

En la primera carrera de 15 kilómetros, Thiem tuvo que detenerse en 16 ocasiones para tomar aire. Dos semanas después, apenas se detuvo un par de veces.

Thiem no entendía, pero aceptaba los métodos: a veces levantar troncos, otras cruzar ríos a pie por agua casi congelada, muchas otras nadar con la ropa mojada y ya afuera, a hacer ejercicio.

Le hacía andar por un sendero durante dos horas. Cada cinco minutos le ponía sobre los hombros un tronco de 25 kilos y nos lo intercambiábamos cada 5 minutos. También le hacía hacer sentadillas durante 45 minutos con una silla en el pecho. Cuando me gritaba que no podía más, que le dolía, me miraba a mí, un hombre de 60 años haciendo lo mismo que él y le decía que no quería volver a escucharle decir eso otra vez, ya que si yo con 60 años podía hacerlo, él con 20, podía hacer lo mismo tres veces , explica Resnik.

Nunca hubo un gimnasio. Sólo la cancha de tenis y el bosque.

Entonces, los resultados comenzaron a llegar: de estar ubicado en el lugar 620 del ranking mundial en marzo del 2012, al terminar ese año logró llegar al 309 y 12 meses después, a finales del 2014, ascendió hasta el 115. Hoy, es el número 14 de la clasificación mundial y muchos expertos aseguran que pronto entrará, sin dudas, al top 10.

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Recuerda Dominic Thiem a su preparador. Estuve con él tres años, fueron unos años grandiosos. Él logró hacerme desarrollar mi físico, mi forma física y estoy muy agradecido con él por eso , asegura mientras desliza sus dedos por el guaje de plata, trofeo que le es entregado a los ganadores del Abierto Mexicano de Tenis.

Sepp ya no es más su preparador. Se retiró en el 2015. Pero sin duda, lo que ha dejado en Thiem parece haber sido más que una experiencia física, una lección de vida.

Antes de dejarlo, Resnik todavía le obsequió un par de libros: uno sobre budismo zen, para que aprendiera a respirar bien y uno más sobre anatomía, para que aprendiera a conocer y a saber lo que tenía que hacer con su cuerpo.

Ya no hay más entrenamientos nocturnos en el bosque, ni natación en el agua gélida, ni extenuantes sesiones de entrenamiento.

Sólo queda ese chico que, con el de Acapulco, ya suma el quinto título de su carrera -todos conseguidos entre el 2015 y el 2016- y su segundo trofeo de este año, después del de Buenos Aires.

Aquel jovencito, que hasta hace unos años lucía débil, sin carácter y que hoy es una promesa, encontró en la naturaleza la mejor herramienta para desarrollar lo que mejor sabe hacer: jugar al tenis.

Stephens reina ?en las mujeres

De Rodillas y con la cara al cielo, la estadounidense Sloane Stephens saboreó la gloria, ésa que le costó tanto trabajo para adjudicarse el Abierto Mexicano de Tenis por primera vez tras vencer el sábado por 6-4, 4-6 y 7-6(5) a la eslovaca Dominika Cibulkova en uno de los encuentros más emocionantes de la edición 2016 del certamen.

Stephens, quien se ubica en el puesto 26 del ranking mundial, hizo un gran esfuerzo para contrarrestar la potencia de la eslovaca, quien le vendió cara la derrota, pues la llevó a jugar por más de tres horas en donde el set definitivo se decidió por tie break.

Tras conseguir el último punto, Stephens dejó caer su humanidad a la pista de la cancha central del complejo de Acapulco y rompió en llanto luego de que Cibulkova le hiciera una mala devolución de la pelota, punto que le dio el triunfo.

Este partido es el mejor de mi carrera. Agradezco a Dominika por haberme forzado a jugar mi mejor tenis , dijo la campeona.