Cuando concluyó el partido de la fecha 17 del Clausura 2007, Salvador Reyes agachó la mirada y estuvo cerca de derramar algunas lágrimas. Ese día Querétaro —equipo al que dirigía— perdió con el Atlas y, combinado con la victoria de Santos Laguna ante Cruz Azul, enfrentó el descenso.

Reyes se fue del club con la sensación de haber hecho un buen trabajo. Meses más tarde tuvo un paso fugaz en la dirección técnica del Necaxa y luego tuvo que esperar 11 años para volver a dirigir un equipo del máximo circuito: Santos, el mismo que lo hizo descender.

“Fue difícil que volviera a tener esta oportunidad. A veces los clubes les dan prioridad a entrenadores extranjeros o a mexicanos experimentados que a los que no contamos con tanta experiencia. No sólo pasa en la Primera División, también sucede en el Ascenso MX. Pese a ello, ese tiempo lo aproveché para acumular experiencia con otros entrenadores”, relata en entrevista con El Economista.

Dos años estuvo lejos de la dirección técnica de los equipos profesionales, hasta que en el 2010 se convirtió en el auxiliar de Luis Fernando Tena, quien tenía la encomienda de dirigir la selección mexicana sub 23, que finalmente ganó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Una vez terminada la hazaña, se integró al cuerpo técnico de José Manuel Chepo de la Torre, cuando le correspondió dirigir la selección mayor.

Ellos, recuerda, le explicaron la importancia de un buen manejo de un grupo de futbolistas experimentados y jóvenes. Además, dice, compartieron sus conocimientos de táctica y visión del futbol con él.

“No sólo ellos fueron mis maestros, también tuve a (Ignacio) Nacho Trelles y Manuel Lapuente, quienes me entrenaron en mi época de jugador y, por supuesto, a mi padre (Salvador Chava Reyes Monteón, el legendario delantero del campeonísimo Guadalajara), quien me inculcó la disciplina y el amor al futbol casi antes de que pudiera caminar. Él es quien me inspira todos los días a seguir en esta profesión”.

Cuando el Tri perdió 2-1 ante Honduras en el Estadio Azteca en el hexagonal final de la Concacaf en septiembre del 2013, de la Torre fue cesado de su puesto y, con él, el mismo Reyes.

Estuvo seis meses desempleado, hasta que en el 2014 Tena lo incluyó en el cuerpo técnico del Cruz Azul; posteriormente, en el de León. A ninguno de los dos les fue bien en esos equipos y se volvieron a separar. A Reyes le llegó una nueva oportunidad en el banquillo, cuando le ofrecieron la dirección técnica del Atlético de San Luis, la cual aceptó.

La aventura fue fugaz. Sólo permaneció siete meses en el puesto y después fue cesado porque no consiguió los resultados que la directiva quería. Poco después, Alejandro Irarragorri —presidente de Santos Laguna— le ofreció la dirección de fuerzas básicas del club albiverde, que había dejado vacante Robert Dante Siboldi, quien había sido ratificado como entrenador del primer equipo para el Clausura 2018.

“Conocía a Irarragorri y la institución de tiempo atrás y no dudé en aceptar el cargo. La experiencia previa en la selección olímpica me dio algunas bases para trabajar en Santos. Fueron meses en los que me sentí muy cómodo. Cuando pocos lo esperaban se desató la situación de Siboldi (una diferencia entre el uruguayo, su auxiliar Facundo Erpen y el defensa Gerardo Alcoba, que les costó el puesto a los dos primeros).

“Fue inesperado, nos dejó en shock. Y para colmo, me ofrecieron la dirección técnica. Todo sucedió muy rápido”.

Reyes aceptó ser el entrenador del equipo. Dice que trató de darle la continuidad al equipo titular que tenía Siboldi y que la victoria ante Chivas, en su debut, fue clave para calmar el ambiente que se tenía en el equipo.

La fórmula, al menos en la liga, funcionó: Santos se encuentra en quinto lugar de la tabla general con 14 puntos, cinco por debajo del líder Cruz Azul.

Con el cese de actividades de la fecha FIFA dice que tuvo más tiempo para trabajar en el equipo y reconoce que puede hacer algunos cambios en el esquema táctico. Además, explica que la idea es que el equipo sea corto; es decir, que no haya muchos metros de distancia entre sus defensores, mediocampistas y delanteros para que jueguen con triangulaciones.

“Santos es el mayor reto de mi carrera. Cuenta con el material humano y con los recursos materiales para que el equipo defienda correctamente el campeonato, algo que no tuve en otros clubes en los que trabajé. Deseo que al final del torneo pueda dedicarle un buen trabajo a mi padre, que sé que nunca deja de verme”.