Río de Janeiro. Tú, Bolt, Gatlin, Phelps, Simone, yo, todos, estamos construidos de información. ¿No te gustan los números, las cifras? Lo lamento, eso eres. Una ecuación de más de 30,000 genes. La combinación nos da lo que somos: el cabello de león que tanto odias, la nariz aguileña, las caderas anchas, los ojos aceitunados, los labios apetecibles, las manos estéticas, tu blancura de leche, tu negrura de chocolate, la sonrisa de siempre, las cejas que conquistan.

Información que nos construye como seres humanos, como raza. Por ejemplo, algunos son tan altos que la temperatura que tú sientes no es la misma que ellos perciben. Para ellos es un poco más frío que para ti, centímetros que hacen la diferencia. También, como dice Justin Gatlin, por más que lo intentes, difícilmente lo lograrás: Bolt siempre será más rápido que tú. Bueno, en realidad será el más rápido de todos los tiempos. La construcción de nuestras características se ha formado a través de la historia y el mestizaje.

Pero no es raro que empecemos a catalogar cómo juega tal o cual deportista por su raza: los africanos son rápidos , los japoneses no se rinden , los coreanos son veloces , los europeos son muy fuertes , en Medio Oriente son unos guerreros , en América Latina se destaca porque se sufre .

Estereotipos que se han construido, pero que como dice David Epstein, autor del libro The Sports Gene, no tienen muchas veces que ver con la realidad .

¿Es verdad que los negros siempre van a ganar las competencias de velocidad gracias a su genética?

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Vayamos a nuestro universo. Al cromosoma 11 (tenemos 23); allí, entre uno de los 1,700 genes, está el ACTN3. Los expertos lo llaman el gen de la velocidad .

Yannis Pitsiladis, científico de la Universidad de Glasgow, se ha encargado de estudiar el tema. Su obsesión por conocer qué hace diferentes a los jamaiquinos del resto del mundo y su capacidad para ganar las pruebas lo ha llevado a tener modos poco elegantes para comprobarlo. Como el día que durante una reunión social obligó a una estrella del equipo (de quien guarda su identidad) a escupirle a una copa de vino previamente esterilizada en el baño. Analizar su ADN se ha vuelto una obsesión.

Todos tenemos el ACTN3... pero una ‘variación’ (como lo cataloga la ciencia) permite que se desarrollen ciertas fibras musculares sólo en algunos: las de la resistencia y la velocidad. Luego, aparecen los sprinters.

Errol Morrisson y Pitsiladis realizaron un estudio donde hallaron que esa misma variación del gen la encontraban en personas negras de diferentes partes del mundo: Jamaica, Trinidad y Tobago, Togo, Ghana, Benin, Camerún. La explicación que hallaron fue que desde la época de la colonización de los territorios africanos y su posterior migración a otros territorios, con el mestizaje, fue inevitable el intercambio de información genética. Los esclavos de África viajaban a América para hacer trabajos forzados. Así fue como nacieron los Marrons, una tribu de jamaiquinos que huyeron de la conquista española y se internaron en una de las zonas boscosas de la isla, luego llegaron los negros como esclavos y los más fuertes huyeron al mismo sitio.

Cuando se divulgaron entre los científicos las cualidades de la variación del ACTN3, algunas de las naciones y empresas empezaron a realizar pruebas a sus velocistas para determinar si eran propensos o no para ser campeones. Por ejemplo, Genetic Technologies cobraba 93 dólares para que conocieras las condiciones específicas de ese gen.

Pero lo único que te sirve de tener esa información , dice David Epstein, es para que descartes a 7,000 millones de personas, pero te quedan 1,000 millones con esas condiciones . Es una pieza del inmenso rompecabezas, lo que no quiere decir que todos sean potenciales campeones de la velocidad.

Los que defienden la teoría de la raza tienen argumentos en cifras. Desde los Juegos Olímpicos de 1932, sólo cinco corredores que no han tenido descendencia africana o negra ganaron la prueba reina del atletismo: los 100 metros. Para ser más precisos, desde 1980 que un corredor blanco no gana el hectómetro. Aquella vez el británico, bajo la bandera olímpica, Allan Walles se llevó la presea dorada, pero muchas naciones como Estados Unidos no asistieron a la justa por el boicot a los juegos de Moscú, con lo que tampoco fueron los deportistas que le habrían dado competencia al atleta que resultó campeón.

El color de la piel no es requisito indispensable para ser número uno en la pista de atletismo , asegura Pitsiladis. Pero si contabilizamos todos los medallistas (oro, plata y bronce) de Múnich 1972 a la fecha en pruebas de velocidad, la cantidad es 36, de los cuales sólo cuatro no son negros.

No creo que tenga que ver con si es genético o no, es con el trabajo, el esfuerzo, la dedicación, eso es lo que importa más , reflexiona después de competir en uno de los heats eliminatorios uno de los soldados menores de los 100 metros, el corredor de Tuvalu, Etimoni Timuani.

Tiene que ver más bien con un tema cultural, las carreras son parte de su idiosincrasia . Pitsaladis ha pasado años investigando el tema y eso concluye.

David Epstein dice que en varios estudios científicos ha quedado comprobado que el talento es importante, pero hay algo que pesa más, la experiencia, eso te ayuda aunque enfrente tengas a un portento .

Hoy Allan Walles tiene 64 años y hay algo que le molesta demasiado: su triunfo en el 100 metros de Moscú 1980, para muchos, fue una mentira. La BBC de Londres documentó en el 2015 que aquel año para mejorar su rendimiento le suministraron un esteroide llamado Stromba. Ese día que ganó lo hizo sufriendo demasiado, en exceso, ante rivales negros. Para la era actual, un 10.25 es una mala broma para un velocista de élite. En la final del domingo pasado no hubiera pintado para nada.

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Los datos destruyen un mito: los africanos y los caribeños siempre ganan estas pruebas. Seguramente usted lo ha dicho o es de los que dice son negros, corren rápido . Y tiene razón, son veloces, la variación en el ACTN3 los hace diferentes y sus fibras ?musculares funcionan como dos pistones, como un Ferrari, pues. Pero en algo no tiene razón: no siempre ganan ellos.

Si consideramos las naciones de todos los medallistas olímpicos femeniles y varoniles en los 100, 200 y 400 metros, tenemos que Europa es la región donde más han conseguido podios. En total, 16 países. Y si tomamos en cuenta las zonas del mundo donde más primeros lugares han obtenido, también son europeos (nueve naciones) y les ganan a los africanos (1), caribeños (5) y los de América del Norte (2).

Pero si la genética no importara... ¿por qué Kim Collins a sus 40 años sigue siendo uno de los hombres más rápidos del mundo? ¿Por qué Collins fue campeón del mundo de los 100 metros en el 2003 cuando decía que había días que no entrenaba y lo hacía cuando le daba la gana ?

El domingo pasado pasó desapercibido, pero llegó hasta semifinales. Ahora entreno más , y luego suelta una frase lapidaria para la ciencia: El cuerpo recuerda todo .

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El debate sigue abierto.