Sumergido en el tercer asiento de la banca local, Guillermo Vázquez fue un espectador más del sufrimiento que los Pumas experimentaron para acceder a la final del Apertura 2015. El técnico que hizo por última vez campeón a los felinos es un tipo inexpresivo en la cancha, que pasó gran parte del partido sentado, observando el juego y charlando con José Luis Salgado, su auxiliar, tratando de entender cómo una ventaja de tres goles se esfuma sin oposición de sus jugadores.

América venció 3-1 a Pumas en el partido de vuelta de las semifinales, marcador global de 4-3, insuficiente para eliminar a los líderes del torneo, aquel equipo que desde que empezó la liguilla no sabe qué es avanzar a la siguiente ronda sin sufrimiento.

No es que los Universitarios hayan sido un líder arrollador, indiscutible y poderoso durante la fase regular. El equipo de Memo Vázquez fue el más goleador del torneo, la segunda mejor defensa, pero sin duda su cualidad más importante es la efectividad de goles en relación con el número de oportunidades que crea.

Apenas a los nueve minutos, Carlos Darwin Quintero ya descontaba el primer gol, al empujar un centro de Darío Benedetto. El mismo colombiano aumentaba la ventaja antes de que el partido llegara a media hora, en una jugada individual que desnudó los temores de los felinos, sin querer hacer falta, sin el tesón de impedir que el rival llegara a la portería rival.

Fueron los mejores momentos de Águilas, el poderoso plantel que hizo sufrir a los 46,731 espectadores que asistieron al Estadio Olímpico Universitario. Incluso, el equipo azulcrema se repuso a la lesión de Javier Güémez, que salió con fractura de tibia.

El desconcertado técnico auriazul se parecía más al individuo con la mirada perdida y al que se le escapó un título en el último minuto, ante el mismo rival amarillo, que al estratega frío, calculador y metódico que ya le dio un campeonato a los Pumas, hace nueve torneos.

Es verdad, América superó en cinco veces en disparos a gol a los Pumas, mientras que los americanistas intentaron 25 disparos, de los cuales 10 llevaron dirección de portería; los felinos tiraron cinco veces a la meta de Moisés Muñoz, de los cuales uno fue a portería, el del gol de Javier Cortés.

Tal vez por eso, al finalizar el encuentro, enfurecido, Guillermo Vázquez defendió su pase a la final. Así se juegan las liguillas; si no gustan, está bien. Yo sigo pensando en que el equipo hizo lo que tenía que hacer para lograr el resultado , dijo el estratega.

Y es que, si bien América no fue víctima, la indisciplina de Paolo Goltz y Rubens Sambueza, expulsados en el segundo tiempo, quitó heroísmo a la remontada, aquella que estuvo cerca de llegar con el gol de Andrés Andrade, con un disparo al ángulo superior, en los minutos finales del partido.

Pumas aprovechó que sus rivales jugaron en inferioridad numérica casi una hora de los 180 minutos de la eliminatoria, circunstancia que capitalizaron con los goles que le dieron el pase a la final, nueve torneos después, con el mismo técnico, y respetando un estilo efectivo, que casi los deja sin final, pero que comprobó que nuevamente es ganador.

Darwin acusa racismo de Verón

Además de las dos expulsiones que recibió América y que el encuentro tuvo episodios de confrontación, los momentos más delicados del partido se vivieron cuando, colérico, Carlos Darwin Quintero reclamó y empujó a Darío Verón. Al enfrentamiento se le sumaron Oribe Peralta y Michael Arroyo, a lo que los futbolistas universitarios respondieron alejando a su capitán de la confrontación.

Al terminar el partido, Moisés Muñoz expresó que su compañero recibió insultos racistas de Verón.

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