Solo tres mujeres en la historia de México han podido ganar más de una medalla en unos Juegos Olímpicos: la taekwondoína María del Rosario Espinoza (oro en 2008, bronce en 2012 y plata en 2016) y las clavadistas Paola Espinosa (bronce en 2008 y plata en 2012) y Alejandra Orozco (plata en 2012 y bronce en 2021).

Alejandra Orozco Loza, nacida en Guadalajara, Jalisco, el 19 de abril de 1997, acaba de lograr su segunda presea en Tokio, un bronce junto a su compañera, Gabriela Agúndez, en los clavados sincronizados de 10 metros. Su primera medalla fue junto a Paola Espinosa en la misma categoría.

“Si algo me dejó de aprendizaje la pandemia es que hay que vivir al día, claro que hay que luchar por el futuro, pero también valorar tu presente y pasado. Ahorita me siento muy estable, feliz y completa en muchos ámbitos y creo que la vida me guiando hacia lo demás. Por supuesto tengo más retos deportivos pero también personales, como terminar mi carrera y formar una familia; tengo muchos sueños todavía”, contó Orozco a El Economista, cargada de entusiasmo previo a su participación en Tokio.

Junto a Gaby Agúndez, consiguió 299.70 puntos totales para lograr el bronce, superadas por los 310.80 de Estados Unidos y los 363.78 de China. Su logro significa la medalla número 15 de México en clavados, la disciplina que más victorias le ha dado al país en Juegos Olímpicos.

Pero Alejandra Orozco posee unos récords más: al haber ganado la plata en Londres, se convirtió en la medallista mexicana más joven de la historia, con 15 años. En esa misma edición, también entró en la lista histórica como la tercera edad más baja en representar a México en la máxima justa (solo la superan cinco atletas de 14 años y dos más de 13).

Ser quinceañera, competir en unas Olimpiadas y ganar una medalla fue una transformación total con la que tuvo que lidiar rápidamente. Por eso ahora, en Tokio 2020, nada le espanta; su madurez le ha permitido consagrarse de nuevo un podio y ser, con apenas 24 años, una veterana y referente de los clavados en México.

“Es curioso. No me siento como la niña de 15 años, pero sí como si viviera mis primeros Olímpicos. La niña no dimensionaba dónde estaba y aún así dio su máximo.

“A lo mejor en medio (Río 2016) fue donde lo perdí un poco y dudaba de mí. Ahora me siento como esa niña pero ya más consciente, madura, enfocada y feliz; veo la foto de Ale de 15 años y me dan ganas de recuperar cosas que en el camino a veces perdemos, como la inocencia y la esencia. Ahora lo siento al revés: que estoy rescatando las cosas de esa niña, sumando lo aprendido”.

Su madurez llegó no solo en la fosa de clavados. Alejandra está a la mitad de su licenciatura en Negocios Internacionales, una carrera a la que describe con pasión y de la que, está segura, podrá obtener lo mejor para combinarlo con su experiencia deportiva y generar proyectos en beneficio de más atletas. Estudiar no le es algo ajeno, pues fue su primera opción antes del deporte.

“Vengo de una historia rara, el deporte no era algo habitual en mi familia. Siempre he dicho que si no hubiera hecho un deporte me habría guiado mucho por el estudio. Negocios me gusta por las oportunidades que te da. Como deportistas aprendemos muchos valores, estrategias y herramientas y mi carrera me da el conocimiento; creo que si puedo juntar las dos puedo hacer un buen futuro y crear algo más grande”.

Retomará sus estudios al término de Tokio 2020, ya que pausó el último semestre de clases por su preparación deportiva. Asegura que aún no el retiro cerca pero sí visualiza algunos proyectos de su carrera: “Me encantaría poner algo relacionado con el deporte, como una escuela de distintas actividades. También siempre he soñado con trabajar con una marca deportiva, así como me han respaldado, quiero hacerlo con otros atletas”.

¿Qué te ha dejado y qué te ha exigido tu preparación en Negocios Internacionales?

“Me ha dejado ver cosas desde distintos ángulos, a veces como deportistas nos enfocamos mucho en lo que vivimos, en entrenar-competir y no en todos los procesos que hay detrás. Me ha dado otra visión de lo que estoy haciendo, que en algún momento me va a tocar estar del otro lado”.

Con tu experiencia deportiva y académica, ¿qué consideras que falta en México para que los atletas puedan explotar mejor su carrera en cuanto a marcas y patrocinios?

“Hace falta compaginar que haya facilidades; afortunadamente, ya lo están haciendo más universidades. Creo que las dos áreas (deportiva y académica) te dan muchas herramientas para la vida. Falta apoyo desde el seguimiento del proceso del atleta, no solo cuando ya logró algo, sino acompañarlo para que logre algo. Falta tener visión, expectativa, confianza y seguimiento en los atletas desde antes para poder ir de la mano en el crecimiento de marcas, estudios y que, cuando llegue su mejor momento en Juegos Olímpicos o un Mundial, ya sea una persona completa, no solo un atleta”.

Las mujeres empezaron a ser medallistas olímpicas por México en clavados a partir de 2008, cuando Tatiana Ortiz y Paola Espinosa ganaron un bronce; después llegaron Alejandra Orozco y Laura Sánchez en 2012. Contando a los hombres, el país no ha dejado de ganar preseas en este deporte en cinco de los últimos seis Juegos.

Alejandra ganó primero una medalla olímpica que una de Juegos de la Juventud, ya que en 2014 logró un oro y un bronce en Nanjing, además de un bronce en los Juegos Panamericanos de Lima 2019, tras haber comenzado en los clavados una década antes.

En Tokio 2020, es parte de la delegación más grande de mujeres mexicanas (más de 60; en Atenas 2004 habían sido 50), un argumento que le da más motivación: “Me llena de orgullo saber que somos muchas de diferentes edades y deportes que estamos haciendo historia. Tengo la filosofía de que no hay límites de sexo, edad, sueño y si somos más mujeres en Juegos Olímpicos, por qué no hacerlo en otras áreas, tenemos capacidad y conocimiento. Me da gusto que esto pueda abrir camino en otros ámbitos, como el laboral, que se abra esta confianza a las mujeres tanto de nosotras hacia el mundo como del mundo hacia nosotras”.

Orozco Loza volverá a competir el miércoles 4 de agosto desde los 10 metros pero ahora en rama individual, en busca de ser la primera mexicana que gane dos medallas en las mismas Olimpiadas, una hazaña que también está en el radar de la arquera Alejandra Valencia. Pero aunque no lo logre en esta edición, su nombre ya está en la historia y aún le quedan más intentos, pues su veteranía es relativa con apenas 24 años de edad y experiencia en tres Juegos.

fredi.figueroa@eleconomista.mx