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Bistronomie

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¿De verdad necesitamos más proteína? Así la industria convirtió un nutriente en moda

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El crecimiento no responde a una carencia generalizada, sino a una estrategia comercial que transformó la percepción de salud y también la oferta gastronómica.

Diego López

En 2015, la proteína era un atributo vinculado principalmente al deporte, a la suplementación especializada y a ciertos productos lácteos. Una década después, en 2026, el término aparece en panes, galletas, cafés, yogures, pastas, helados y hasta en botanas indulgentes. No fue un cambio biológico: fue un cambio de narrativa.

Datos de la base global de lanzamientos de productos Mintel muestran que los alimentos comercializados como “altos en proteína” se multiplicaron más de cuatro veces entre 2015 y 2025, pasando de menos de 300 productos registrados a más de 1,200. Es decir, la oferta creció aceleradamente antes incluso de que existiera evidencia de una deficiencia poblacional generalizada.

El mercado acompañó esa expansión. Consultoras internacionales estiman que el mercado global de alimentos y bebidas enriquecidos con proteína superó los 60,000 millones de dólares en 2024 y mantiene tasas de crecimiento anual cercanas al 6% rumbo a 2030. No es una tendencia marginal: es una categoría consolidada. ¿Más consumo o más percepción?

¿Más consumo o más percepción?

El International Food Information Council (IFIC) reportó que la proporción de consumidores que dicen “intentar consumir más proteína” pasó de 59% en 2022 a 71% en 2024 en Estados Unidos. Es un salto significativo en intención declarada, no necesariamente en necesidad clínica.

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Proteína líquidaFreepik

La realidad nutricional es más matizada. Organismos internacionales como la FAO y la OMS establecen que un adulto promedio requiere aproximadamente 0.8 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal al día. En la mayoría de los países industrializados y en amplios sectores urbanos de América Latina, ese requerimiento suele cubrirse sin necesidad de productos fortificados.

Lo que cambió no fue el requerimiento fisiológico, sino la percepción colectiva de que “más proteína, es igual a más salud”. La ecuación simplificada funciona en marketing: es fácil de comunicar, es cuantificable y suena técnica. El precio de la palabra “proteína”

El precio de la palabra “proteína”

El fenómeno también tiene implicaciones económicas claras. Estudios de mercado citados por CoBank y firmas de análisis como Circana indican que los productos con reclamos “high protein” pueden venderse con sobreprecios de hasta 10% o 12% respecto a versiones convencionales.

En bebidas listas para consumir, como los shakes lácteos y suplementos listos para beber, las ventas crecieron más de 70% en cuatro años recientes en Estados Unidos. La proteína no solo se consume: se monetiza.

En México, aunque no existe una medición pública específica del crecimiento de la categoría fortificada, el comportamiento del retail y la expansión de marcas funcionales muestran una tendencia similar: anaqueles dedicados, reformulaciones, extensiones de línea y campañas digitales centradas en el músculo, la energía y el control de peso. La proteína entra a la cocina

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La proteína no es solo músculo: es energía estable, saciedad y reparación. Cuando falta, el cuerpo lo avisa en silencio.Freepik

La proteína entra a la cocina

Restaurantes casuales y cadenas rápidas han incorporado bowls hiperproteicos, panes enriquecidos y postres con proteína añadida. Cafeterías venden bebidas con proteína vegetal. Incluso la panadería artesanal experimenta con harinas enriquecidas y mezclas funcionales.

La conversación culinaria se desplaza: ya no solo importa el sabor o la técnica, sino el contenido nutricional destacado en carta. El comensal pregunta cuántos gramos tiene un platillo. La proteína se volvió argumento comercial también en la hospitalidad.

Sin embargo, chefs y nutriólogos coinciden en que la calidad importa más que la cantidad. No es lo mismo proteína de alta biodisponibilidad proveniente de alimentos frescos, que proteína aislada añadida a productos ultraprocesados. ¿Necesidad real o construcción aspiracional?

Entre 2015 y 2026, la industria alimentaria logró algo notable: transformar un macronutriente esencial en tendencia aspiracional. La proteína dejó de ser parte natural de una dieta equilibrada para convertirse en un sello que comunica control, disciplina y bienestar.

Pero el debate de fondo permanece: si la mayoría de la población ya cubre sus requerimientos diarios, ¿El auge responde a salud pública o a estrategia comercial?

La década de la proteína revela más sobre el poder del marketing nutricional que sobre una crisis de consumo. Y mientras el término siga siendo rentable, seguirá apareciendo en etiquetas, menús y campañas.

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