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¿Cómo sobrevivir a las fiestas decembrinas? (y contarlo en enero)
Aprende a disfrutar las fiestas decembrinas sin excesos ni remordimientos con consejos prácticos y estrategias nutricionales que equilibran el placer de comer con hábitos saludables.

Fiestas decembrinas
Diciembre: ese glorioso maratón de reuniones, brindis y banquetes interminables que desafían el cierre del pantalón y la paz mental. Las luces parpadean, las posadas invitan, y los buñuelos, pasteles y dulces parecen susurrar "solo uno más". Pero antes de que te rindas al desenfreno absoluto, aquí va una guía para atravesar este campo minado con la dignidad (y el metabolismo) más o menos intactos, cortesía de un nutriólogo que sabe que hasta el pavo necesita marinarse con moderación.
Si diciembre es una guerra de comida, tú debes ser el estratega. Haz espacio en tu calendario (y estómago) para lo inevitable. La clave: balancear el exceso con el control. ¿Cena de oficina el jueves? Entonces, come verduras y proteína magra el miércoles y corre como si te persiguiera el Grinch, haz un poco de actividad física. El punto es llegar a la fiesta con hambre de socializar, no con el hambre de un pavo al horno entero.
Visualiza tu plato como un reloj:
- Mitad del plato: Verduras frescas, al vapor o asadas. ¡Ponles color con zanahorias, espárragos o coliflor!
- Un cuarto: Proteínas magras, como pavo sin piel, pescado o carnes magras.
- Un cuarto: Carbohidratos complejos, como camote, arroz integral. Evita acumular carbohidratos de varias fuentes (tamales, pan y postre, por ejemplo).
Tip de experto: Hidrátate. Las bebidas azucaradas y el alcohol deshidratan, y no quieres confundir sed con hambre… o peor, con ganas de otro trago.
La economía del platillo perfecto
¿Hay muchos compromisos? Sí. ¿Tienes que comerte todo lo que sirvan en ellos? Absolutamente no. Selecciona con precisión: prueba, saborea y avanza. La abundancia es muy común en estas fechas, pero no por ello hay que declararle la guerra y terminar con todo.

Fiestas decembrinas.
No llegues con hambre descontrolada. Comer algo ligero antes de una cena festiva es una jugada maestra. Una ensalada con aguacate, una manzana con un puñado de almendras, o un yogurt natural con semillas te evitarán devorar todo el pan de la mesa antes de que sirvan la cena. Llegar con hambre moderada te da control sobre las porciones.
El hambre y la saciedad tienen un desfase de 20 minutos. Comer despacio te permite disfrutar cada bocado y darle tiempo a tu cuerpo de avisarte que ya está lleno. Además, saborear la comida hace que comas menos y disfrutes más.
Regla de oro: Sirve primero lo que es único, lo que no comerás de nuevo hasta diciembre de 2025. ¿Ese pavo sabe igual al de tu abuela? Déjalo pasar. En cambio, ve por los romeritos inigualables con receta ancestral de tu mejor amigo.
El brindis responsable
El brindis es inevitable, y está bien: la vida y la Navidad merece celebrarse. Pero no te conviertas en el protagonista de la historia de las fiestas (que todos recuerdan con pena ajena). Si hay cocteles, elige uno y hazlo tu compañero durante gran parte de la noche. Mezclar bebidas durante una cena: un desastre garantizado.
Por cada copa de vino, sidra o ponche, toma un vaso de agua. También puedes optar por tés herbales o infusiones, que ayudan a la digestión y mantienen a raya la hinchazón.

Brindis
Ejercicio en tiempos de posadas
Antes de que tires la toalla (literal y metafóricamente), recuerda: moverte no es una sugerencia, es una necesidad. Camina al mercado o al súper a comprar los ingredientes del ponche, baila en las posadas y ahora que hay más tiempo, date tiempo para dar paseos. Cada paso cuenta.
Fuera el remordimiento del 26 de diciembre
La verdad incómoda: puede que comas más de lo planeado. No hay problema. Enero no es un mes de penitencia, sino de reencuentro con el equilibrio. La clave está en disfrutar sin caer en el remordimiento culinario. Al final, lo importante no es evitar cada caloría, sino asegurarte de que cada bocado valió la pena.