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Bistronomie

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¿Para la lonchera? Jugos para niños tendrían más azúcar que una Coca-Cola, denuncian ante Cofepris

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Un análisis de 31 productos dirigidos a niñas, niños y adolescentes detectó jugos, néctares, leches saborizadas, yogures y gelatinas sin sellos de advertencia, pese a su contenido de azúcar o al uso de aditivos.

Diego López

La lonchera escolar volvió a quedar en el centro de la discusión pública. No por el sándwich, la fruta o la botella de agua, sino por una nueva generación de productos que se promocionan como opciones prácticas, saludables o “ideales” para niñas y niños, pero que, de acuerdo con organizaciones civiles, podrían contener tanta o más azúcar que un refresco.

Un análisis de El Poder del Consumidor, presentado junto con la Alianza por la Salud Alimentaria, revisó 31 productos comercializados para el entorno escolar, entre ellos jugos, néctares, leches saborizadas, yogures, bebidas endulzadas y gelatinas. El resultado encendió las alertas: algunos jugos dirigidos a menores tendrían más azúcar que una Coca-Cola de 500 mililitros y, aun así, se venden sin sellos de advertencia.

De acuerdo con el estudio, un jugo Del Valle Junior sabor manzana contiene 13 cucharaditas de azúcar en 500 mililitros, frente a 10 cucharaditas en la misma cantidad de Coca-Cola Original. En otros casos revisados por las organizaciones, se identificaron productos con hasta 12, 13 o más cucharaditas de azúcar por envase equivalente, pese a que sus empaques utilizan mensajes asociados con la lonchera, el regreso a clases o el consumo cotidiano.

El punto central de la denuncia no es sólo nutricional, sino regulatorio. Las organizaciones señalaron que estos productos estarían aprovechando una interpretación de las normas oficiales mexicanas para evitar los sellos de advertencia y mantener estrategias de publicidad dirigidas a niñas, niños y adolescentes.

La disputa por los azúcares libres

El análisis se concentra en dos normas: la NOM-051, relacionada con el etiquetado frontal de advertencia, y la NOM-173, que regula productos como jugos, néctares y bebidas de fruta. Para El Poder del Consumidor, el problema está en que algunos productos declaran ingredientes como pulpa, jugo concentrado o jugo reconstituido de fruta como parte de sus azúcares totales, pero no como azúcares añadidos o libres.

La diferencia es clave. De acuerdo con la NOM-051, los azúcares provenientes de jugos de fruta deben considerarse azúcares libres cuando se utilizan para endulzar un producto. Por ello, las organizaciones sostienen que estos productos deberían portar sellos de “exceso de azúcares” y “exceso de calorías”.

Liliana Bahena, coordinadora de la campaña Mi Escuela Saludable en El Poder del Consumidor, explicó que la industria está usando nuevas formulaciones e ingredientes para evadir los sellos de advertencia y colocar estos productos como opciones escolares. El problema, señaló, es que se presentan como bebidas saludables o aptas para el consumo diario, cuando en realidad mantienen altos niveles de azúcar.

El caso resulta especialmente sensible porque muchos de estos empaques están diseñados para llamar la atención de menores: personajes animados, caricaturas, colores llamativos, códigos QR, juegos, frases de lonchera y mensajes que los colocan como una alternativa práctica para madres y padres en el regreso a clases.

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Conferencia de prensa Alianza por la Salud AlimentariaCortesía

El marketing también entra por la lonchera

En el entorno escolar, la competencia entre una fruta y un jugo saborizado no ocurre en igualdad de condiciones. Alejandra Contreras, investigadora del Instituto Nacional de Salud Pública, advirtió que niñas y niños no eligen sus alimentos en un vacío: lo hacen dentro de un ambiente que promueve sabores intensamente dulces, empaques llamativos y personajes asociados con entretenimiento.

El riesgo, según la especialista, es que estos productos contribuyan a la habituación temprana al dulzor, al exceso de adiposidad y a un mayor riesgo de enfermedades crónicas. También señaló que el problema impacta más allá de la salud individual: puede tener efectos en el rendimiento escolar, la productividad futura, el gasto en salud y la necesidad de tratamientos médicos desde edades tempranas.

La denuncia ocurre en un país donde 12.7 millones de niñas, niños y adolescentes de 5 a 19 años viven con sobrepeso u obesidad, según datos citados por las organizaciones con base en la Ensanut Continua 2020-2022. Además, más de 60% de la población de 5 a 19 años consume más azúcares añadidos de los recomendados.

Reformulación: menos sellos, no necesariamente más salud

La segunda categoría revisada por el estudio incluye leches saborizadas, yogures, bebidas endulzadas y gelatinas. En estos productos, las organizaciones identificaron una estrategia distinta: el uso de ingredientes como alulosa, inulina, lactasa, colorantes y saborizantes para conservar el dulzor o mejorar la apariencia sin necesariamente activar sellos de advertencia.

El análisis señala que 70% de las leches y yogures revisados contienen lactasa, mientras que todas las bebidas y postres analizados contienen alulosa o inulina. También se identificaron colorantes como amarillo 5 y 6, rojo 40, azul 1 y caramelo IV.

Para las organizaciones, el problema es que algunos de estos ingredientes no cuentan con evidencia suficiente sobre su consumo seguro a largo plazo en niñas y niños. Por ello pidieron aplicar el principio precautorio y evitar que estos productos entren a las escuelas, incluso si formalmente no portan sellos.

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Jugos y bebidas infantiles, bajo la lupa por su contenido de azúcar.Freepik

La denuncia ante Cofepris

Gabriela Guzmán, de la coordinación jurídica de El Poder del Consumidor, explicó que la denuncia presentada ante Cofepris busca que la autoridad sanitaria ejerza sus facultades de verificación y vigilancia para revisar si estos productos cumplen con la NOM-051.

La acción legal pide que se investigue la correcta declaración de azúcares añadidos y libres, que se coloquen los sellos correspondientes cuando sea necesario y que se sancione a las empresas que incumplan la regulación. También solicita que se revise la publicidad en empaques y redes sociales, especialmente cuando incluye personajes, deportistas, caricaturas o supuestos expertos que recomiendan el consumo de estos productos.

Además, las organizaciones pidieron que Cofepris elabore y publique un listado de productos o ingredientes no recomendables para el consumo habitual de estudiantes, conforme a los lineamientos escolares vigentes. Esta medida permitiría excluir del entorno escolar productos que, aunque no tengan sellos, puedan representar un riesgo por sus ingredientes, aditivos o características.

Las escuelas como mercado

El debate también tiene un fondo económico. En México, más de 34 millones de estudiantes regresan cada año a las aulas, y las escuelas siguen siendo un espacio de alto interés comercial para la industria de alimentos y bebidas.

El comunicado recuerda que, desde 2010, se han impulsado medidas para regular el ambiente alimentario escolar. Sin embargo, ante esas restricciones, la industria ha desarrollado estrategias como la llamada “mini chatarra”, la reformulación de productos y la narrativa de la moderación del consumo, que traslada la responsabilidad a las decisiones individuales.

En 2010, se estimó que el mercado de las escuelas representaba ventas por alrededor de 20,000 millones de pesos. Hoy, con nuevos lineamientos obligatorios y sancionables desde marzo de 2025, la disputa vuelve a concentrarse en qué productos pueden venderse dentro de los planteles y cuáles deben quedar fuera.

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Kids eating lunch at elementary schoolrawpixel.com

Los lineamientos vigentes prohíben la venta de productos con sellos y leyendas de advertencia por exceso de azúcares, calorías, sodio, grasas saturadas o grasas trans. Pero las organizaciones señalan que también deben restringirse aquellos productos que la autoridad sanitaria considere no recomendables para niñas, niños y adolescentes.

La discusión, al final, rebasa al juguito de la lonchera. Lo que está en juego es si la escuela puede ser un espacio de educación alimentaria o si continuará siendo una extensión del anaquel, donde productos con apariencia saludable compiten contra frutas, agua simple y alimentos frescos.

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