El Corvette es el súper deportivo de América, el mejor exponente de este continente para enfrentar a los poderosos deportivos europeos y asiáticos. Esto ya te lo había contado cuando te platiqué de su presentación oficial a medios. Hoy quiero platicarte de una semana inigualable al mando del primer “Vette” de motor central de la historia y con el que conviví en México.

Interior

A pesar de que el habitáculo está configurado para dos personas y que el espacio, cómo es de esperarse, es muy reducido, es fácil encontrar la posición idónea: el espacio longitudinal para acomodar las piernas, la altura con relación al techo, el ángulo variable que permite el respaldo, así como su anchura, son perfectos.

El tablero resalta por el atractivo que le confieren las dos pantallas digitales (clúster y central de la consola), así como por la forma achatada del volante y la consola ubicada entre los asientos, que, por su altura, es perfecta para acceder a los botones de la transmisión (uno para cada marcha), o de los modos de manejo. Un poco de dificultad experimentará el conductor para la franja de botones que corren a lo largo del reposa brazos, sobre todo los que están en la parte más baja ya que es necesario girarse para poder presionarlos.

Esta versión cuenta con el paquete Z51 Performance Package que hace aún más exquisito el interior con detalles como asientos con un diseño más deportivo con piel y alcántara, así como inserciones en fibra de carbono; la alcántara se extiende al volante y recubrimientos de las puertas. Si a ello le sumas los cinturones en color rojo el resultado es un habitáculo emocionante.

A fondo

Al volante, el Corvette Stingray confirma que se trata de un vehículo para disfrutarse todos los días y con la personalidad necesaria para plantarse en un circuito de competición. El primero de los factores responsables es el sistema de suspensión Magnetic Ride Control 4.0, que varía la rigidez de los amortiguadores con lo que se puede convertir en un manso familiar o en un agresivo devorador de kilómetros. El segundo, y el hará que esta generación tenga un espacio reservado en la historia, es la configuración de motor central, el primero de su tipo. De esta forma el vehículo tiene menos resistencia a los cambios repentinos de trayectoria a lo que se suma que las sensaciones que experimenta el conductor son únicas pues el habitáculo está en el centro de la estructura, junto al motor, y, por lo tanto, sobre el centro de gravedad.

Esto lo pude comprobar no solo en Spring Mountain Motorsports Ranch durante el lanzamiento mundial, sino también en el Kartódromo Internacional de Cuautla, Morelos, en donde realizamos la sesión fotográfica.

El desarrollo del V8 le permite generar 495 hp y un par de 470 lb–pie; está conectado a una transmisión Tremec de doble clutch con 8 relaciones. Entre las características de esta fuente de poder están una mayor capacidad de entrada de aire a la cámara de combustión y de la salida de gases así cómo un nuevo árbol de levas y un mejorado sistema de lubricación. El paquete lo completa un diferencial de deslizamiento electrónico.

Conclusión

El Corvette Stingray es el siguiente paso en la evolución de la zaga del Vette. A la arquitectura con motor delantero no había más qué hacer por lo que el motor central no solo mejora sus aptitudes, sino que lo coloca al mismo nivel de exóticos europeos, pero con un precio dos o tres veces más barato.

Ficha técnica

• Motor: V8, 6.2 l

• Potencia: 495 hp

• Torque: 470 lb – pie

• Transmisión: Doble embrague, 8 cambios

marcos.martinez@eleconomista.mx