Lectura 7:00 min
“La migración no es un problema, el verdadero problema es el racismo”: María Emilia Tijoux
De visita en México para participar en foros académicos sobre movilidad humana, la socióloga chilena analiza cómo las extremas derechas en América Latina han instrumentalizado la figura del migrante como un "enemigo" electoral, al tiempo que el mercado capitalista aprovecha la irregularidad para sostener esquemas de superexplotación laboral.

María Emilia Tijoux, sociologa chilena.
A su llegada a México, la socióloga chilena María Emilia Tijoux, referente latinoamericana en el estudio de las corporalidades, el racismo y las migraciones, notó de inmediato destellos de una cotidianeidad que contrasta con la realidad de su país de origen. La imagen de un académico portando un atuendo tradicional de un pueblo originario en pleno entorno universitario, la diversidad de rostros y la amabilidad en los saludos cotidianos fueron sus primeras impresiones al pisar suelo mexicano.
Para la doctora en sociología por la Universidad de París y académica de la Universidad de Chile, este escenario inicial evidencia historias vivas e incorporadas, en un continente atravesado por profundas tensiones políticas y desplazamientos humanos.
Te puede interesar
La especialista se encuentra en territorio mexicano para cumplir con una destacada agenda académica. Este martes 8 de septiembre dictará la conferencia magistral “Migraciones, corporalidades, justicia social y paz ¿para quién?” en la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx). Posteriormente, los días 10 y 11 de septiembre, participará en el Congreso Internacional Violencias en las Migraciones, que tendrá como sede el estado de Michoacán.
En una extensa conversación, la investigadora nos dejó ver las complejas aristas que rodean a la movilidad humana en la región, desarmando los discursos que criminalizan la migración y señalando cómo el racismo cotidiano y la violencia de Estado se articulan con el avance de las extremas derechas en América Latina.
La fabricación del "peligro migrante"
Al examinar el escenario político regional, Tijoux enfatizó que el avance de la extrema derecha debe analizarse con rigor crítico, lo que exige también una revisión seria sobre los desencuentros de las izquierdas y las razones estructurales que han acelerado este ascenso ideológico. Señaló que en países como Chile, la retórica antiinmigrante no es reciente, sino que comenzó a gestarse desde los primeros flujos migratorios contemporáneos, cuando las personas desplazadas comenzaron a ser percibidas y señaladas como una amenaza.
La socióloga subrayó la urgente necesidad de precisar los términos del debate. Afirmó con contundencia que la migración en sí misma no representa un problema, sino que constituye un fenómeno social inherente a la historia humana.
El verdadero problema estructural, aseveró, radica en el racismo. Sin embargo, los discursos hegemónicos han instalado la narrativa de la "crisis migratoria", utilizando vocablos como "oleadas" o "flujos" que despojan a las personas en tránsito de su condición humana, invisibilizando a hombres, mujeres, jóvenes y niñeces que se desplazan principalmente para sobrevivir y buscar empleo dentro del propio Sur Global.
Esta categoría del migrante como problema es aprovechada políticamente, de manera muy acusada durante los periodos preelectorales. De acuerdo con Tijoux, las derechas han construido en la figura del migrante a un "nuevo enemigo", al cual responsabilizan de la precarización, la falta de servicios sociales o la pérdida de empleo de la población local. Esta estrategia de búsqueda de un chivo expiatorio busca posicionar a dichos sectores políticos como los supuestos "salvadores de lo nacional", replicando modelos vistos en Estados Unidos o Europa.
Capitalismo y superexplotación
Profundizando en las causas macroeconómicas, la investigadora explicó que las personas no abandonan sus países por decisión arbitraria, sino empujadas por las crisis del capitalismo global y las condiciones estructurales de sus lugares de origen. En este marco, las políticas migratorias de los Estados no atraviesan una falla técnica, sino una verdadera crisis de voluntad de protección hacia los derechos humanos.
Uno de los hallazgos más reveladores de las investigaciones que encabeza Tijoux es cómo la figura del "migrante irregular" resulta sumamente funcional y provechosa para el capital y los sectores empleadores. Mantener a un trabajador en la irregularidad documental permite despojarlo de la capacidad de exigir tratos dignos, salarios justos o condiciones de seguridad laboral. Si un trabajador sin papeles enferma o sufre un accidente, es fácilmente reemplazable por otro en situación de extrema necesidad.
Esta vulnerabilidad, sumada al temor constante a la deportación o a perder el sustento, inhibe la denuncia y la organización sindical. Esto genera un círculo vicioso que alimenta delitos gravísimos como la trata laboral y el tráfico de personas, al tiempo que consolida un esquema de superexplotación en sectores clave de la economía como la construcción, la agricultura, los servicios, la gastronomía y el ámbito de la salud.
Del fenotipo a la desvalorización cultural
Al abordar las manifestaciones del racismo en la vida cotidiana, Tijoux diferenció dos niveles de agresión entrelazados. Por un lado se encuentra un racismo primario o fenotípico, apoyado en la percepción inmediata de los rasgos corporales y el color de piel. Por otro lado opera un racismo culturalista, que inferioriza los saberes, las costumbres, las lenguas y las acentuaciones de las poblaciones migrantes.
"Este racismo de carácter cultural descalifica desde las formas de sanación tradicionales hasta el habla". En el caso particular de la comunidad haitiana, la socióloga denunció cómo su lengua llega a ser estigmatizada peyorativamente como un simple "ruido" o "dialecto", negando su riqueza lingüística. Del mismo modo, la jerarquización social atribuye etiquetas despectivas a nacionales de países hermanos como Perú, Bolivia o Venezuela, naturalizando tratos humillantes que se justifican bajo preceptos prejuiciosos instalados en el sentido común.
Te puede interesar
Tijoux recordó que estas lógicas tienen un anclaje histórico insoslayable en la época colonial y la esclavitud. Trajo a la memoria expresiones populares arraigadas en el lenguaje cotidiano como "trabajar como negro" o "trabajar como chino", las cuales remiten a un pasado de servidumbre, sometimiento y ganancias extractivas logradas a costa del sufrimiento y la muerte de poblaciones esclavizadas, cuyos impactos resonando aún en la manera en que se percibe y trata a los cuerpos racializados.
La dimensión de género añade capas adicionales de violencia en los procesos migratorios. Las mujeres en movilidad sufren una intersección entre racismo, precarización laboral y dinámicas patriarcales. Con frecuencia, a pesar de poseer títulos técnicos o profesionales, son confinadas de forma automática a nichos laborales sexualizados e inferiorizados como los servicios de limpieza o las labores de cuidado no remuneradas.
El imperativo de pensar desde el Sur
Finalmente, la socióloga reflexionó de manera crítica sobre el estado actual de la producción científica y el sistema universitario. Lamentó que la investigación social enfrente recortes constantes de recursos y sufra una creciente lógica empresarial, donde los incentivos se orientan hacia un productivismo que exige publicar en inglés y en revistas de alto impacto anglosajonas o europeas.
Este modelo, advirtió Tijoux, desconecta el conocimiento científico de las necesidades reales de los pueblos latinoamericanos y margina las producciones en lenguas locales o escritas por autores de la región. Ante esta coyuntura, apeló a la urgencia de sostener un pensamiento crítico de resistencia —lo que algunos historiadores denominan "escribir desde abajo"— valorando y nutrir las revistas académicas latinoamericanas y rescatando las voces que, desde la investigación de campo y la cercanía con la calle, siguen documentando las injusticias para transformarlas.



