Lectura 5:00 min
Fugas de orina en la menopausia, una condición tratable y prevenible
Hasta el 50 % de las mujeres experimentará incontinencia urinaria en algún momento de su vida. No es un síntoma inevitable del envejecimiento, aunque el declive de estrógenos en la menopausia, sumado a la pérdida de colágeno, partos previos y malos hábitos, exacerba su aparición.

Las mujeres pueden pasar años sin un diagnostico certero sobre la menopausia, y eso implica gastos de bolsillo.
A pesar de que hasta el 50 % de las mujeres experimentará algún tipo de incontinencia urinaria a lo largo de su vida, la condición continúa rodeada de estigmas, silencio y la falsa creencia de que se trata de una consecuencia inevitable del envejecimiento.
Durante la transición al climaterio y la menopausia, la disminución drástica de estrógenos acelera la pérdida de tono en las estructuras de soporte del piso pélvico, exacerbando las pérdidas involuntarias de orina. Sin embargo, especialistas destacan que hasta un 90 % de los casos es tratable o controlable mediante intervenciones no quirúrgicas y prevención oportuna.
En entrevista, la doctora Edna Cortés Fuentes, médica uroginecóloga, fundadora de esta subespecialidad en el país y cofundadora de la asociación Mujeres y Salud en Equilibrio, analizó las causas clínicas, las barreras socioeconómicas y los avances en la atención de esta problemática de salud pública.
El papel de las hormonas y los factores acumulativos
La pérdida de estrógenos durante la perimenopausia, menopausia y posmenopausia representa un punto de quiebre para la salud pélvica femenina, al sumarse al deterioro natural del colágeno y a diversos factores de riesgo acumulados a lo largo de la vida. Por un lado, la reducción hormonal debilita directamente los tejidos de sostén y la vascularización de la uretra y la vejiga. Por otro lado, elementos como los embarazos, los partos, el estreñimiento crónico, la falta de ejercicio específico y los malos hábitos de micción debilitan gradualmente toda la estructura pélvica.
Respecto a la tipología de esta condición, la especialista diferenció la incontinencia de esfuerzo, producida al toser, reír o cargar peso, de la incontinencia de urgencia, caracterizada por un deseo repentino e incontrolable de orinar. Ambos tipos difieren sustancialmente del prolapso o "vejiga caída" y requieren diagnósticos, pruebas y abordajes terapéuticos completamente distintos.
"Hasta la mitad de las mujeres vamos a llegar a tener algún tipo de incontinencia alguna vez en nuestra vida. El declive de los estrógenos es el punto crucial que la marca en el climaterio, pero no es una condición exclusiva de esta etapa. Es completamente prevenible si aprendemos a cuidar nuestro piso pélvico desde edades tempranas", dijo la Dra. Cortés.
Opciones terapéuticas
Frente al mito de que la incontinencia requiere inevitablemente una intervención quirúrgica, Cortés precisó que entre la mitad y tres cuartas partes de los casos pueden gestionarse exitosamente mediante alternativas conservadoras y multidisciplinarias.
Entre los tratamientos principales destaca la reeducación y fisioterapia de piso pélvico mediante entrenamiento guiado por especialistas para fortalecer la musculatura, así como el reentrenamiento vesical para modificar hábitos hídricos y rutinas de micción. De igual manera, se emplean terapias farmacológicas y hormonales con estrógenos locales a nivel vaginal para restaurar la mucosa y la elasticidad de los tejidos, además de tecnologías no invasivas de última generación como la aplicación de láser intrauretral.
Impacto socioemocional y barreras de acceso
El impacto de la incontinencia urinaria trasciende lo físico. La condición altera la salud mental, la vida sexual, las dinámicas de pareja y el desempeño laboral, obligando a muchas mujeres a aislarse o limitar de forma severa sus actividades cotidianas.
En México, la atención oportuna enfrenta tres barreras principales. La primera es la falta de información generalizada que lleva a normalizar los síntomas como algo propio de la edad. La segunda radica en la escasez de especialistas, pues aunque actualmente se forman cerca de ocho uroginecólogos al año por institución, persisten entidades federativas que no cuentan con cobertura.
Finalmente, existe una marcada limitación económica, dado que gran parte de los tratamientos especializados de piso pélvico se concentran en el sector privado.
Para contrarrestar esta brecha, organizaciones civiles y colectivos médicos impulsan espacios de educación y atención comunitaria. En ese marco, se llevó a cabo el summit "Habitando mi menopausia", donde más de 20 especialistas ofrecieron talleres sobre salud emocional, nutrición, ejercicios de piso pélvico y bienestar integral, el ejercicio pretende tener continuidad.
Mapeo de la atención de la incontinencia urinaria en México
En términos de prevalencia, hasta el 50 % de la población femenina presenta alguna pérdida involuntaria de orina a lo largo de su vida. Aunque se trata de una condición progresiva, su avance suele ser lento, lo que brinda a las pacientes un margen amplio para la prevención, la modificación de hábitos y la reeducación vesical.
Para fortalecer el diagnóstico oportuno, existen esfuerzos continuos a través de las Guías de Práctica Clínica de CENETEC y el Colegio Mexicano de Urología Ginecológica para capacitar a médicos generales y ginecólogos de primer contacto. Asimismo, la especialista enfatiza la necesidad de integrar el cuidado del piso pélvico y los hábitos urinarios correctos desde la educación sexual básica en etapas escolares para evitar llegar a edades adultas con complicaciones severas.




