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Arte e Ideas

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Elaine Bearer disuelve la frontera entre música y ciencia, en El Aleph

La neurocientífica y compositora inauguró El Aleph. Festival de Arte y Ciencia, organizado por la UNAM, con una conferencia-concierto en la que defendió que comprender el cerebro, la creatividad y las emociones exige unir disciplinas tradicionalmente separadas.

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La doctora en medicina y filosofía, neurocientífica, patóloga y compositora Elaine BearerFoto: Cortesía

Ricardo Quiroga

"La música y la matemática van juntas", afirmó la doctora en medicina y filosofía, neurocientífica, patóloga y compositora Elaine Bearer al presentar este viernes una conferencia y concierto a cuatro cuerdas de título "La música del universo y la danza de las neuronas", como acto inaugural de la décima edición de El Aleph. Festival de Arte y Ciencia, organizado por Cultura UNAM.

Pero lo que sucedió en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario (CCU) de Ciudad Universitaria fue mucho más que una afirmación teórica: se trató de una experiencia híbrida, a medio camino entre la clase magistral, el recital y el experimento colectivo, donde la investigadora defendió que la ciencia y el arte no son territorios separados, sino distintas maneras de acercarse a la complejidad humana.

La sesión alternó explicaciones sobre neurobiología, física y percepción auditiva con interpretaciones musicales en vivo a cargo de integrantes del cuarteto de cuerdas del Instituto Kwapisz, con piezas compuestas por la propia Bearer. La dinámica terminó por confirmar una de las ideas centrales de su exposición: que el conocimiento científico y la experiencia estética comparten mecanismos de intuición, emoción y descubrimiento.

Presentada como una figura capaz de habitar simultáneamente el laboratorio y la composición musical, Bearer fue descrita por José Gordon, curador de contenidos científicos del festival, como una "matemúsica", retomando un concepto mencionado por el escritor Amos Oz para imaginar una disciplina donde las matemáticas y la música penetran "la armonía subyacente de la naturaleza".

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Décima edición de El Aleph. Festival de Arte y Ciencia, organizado por Cultura UNAM.Foto: Cortesía

Ciencia y música. Genealogía compartida

Desde el comienzo, la conferencia tomó distancia de las fronteras rígidas entre disciplinas. Bearer utilizó como ejemplo el penacho atribuido a Moctezuma para explicar cómo una obra artística reúne conocimiento técnico, simbolismo político, percepción estética y construcción cultural. "Todo lo presente en este penacho es un ejemplo de la manera en que pensamos acerca de la música y también del arte", explicó.

A partir de ahí, la especialista trazó una larga genealogía de las relaciones entre música, ciencia y cosmología. Evocó el quadrivium medieval —es decir, la mención de cuatro disciplinas fundamentales: música, astronomía, geometría y matemáticas— y se remontó a Platón y Aristóteles para hablar de la llamada "música de las esferas": la idea de que los movimientos del universo responden a proporciones armónicas similares a las de la música.

La exposición avanzó entonces hacia el terreno de la neurociencia. La investigadora explicó cómo el oído transforma vibraciones en impulsos nerviosos y describió el funcionamiento de la cóclea y de las células auditivas responsables de distinguir tonos y frecuencias. Buena parte de sus investigaciones, dijo, han buscado entender justamente los mecanismos moleculares que permiten esa percepción.

Sin embargo, para la científica el verdadero misterio no reside únicamente en la mecánica del sonido, sino en la forma en que el cerebro convierte esas señales en emoción. "Sabemos cómo escuchamos, pero todavía no entendemos completamente cómo sentimos la música", señaló.

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"Sabemos cómo escuchamos, pero todavía no entendemos completamente cómo sentimos la música", señaló.Foto: Cortesía

A lo largo de la conferencia fue enlazando ejemplos científicos con referencias culturales y musicales. Habló del compositor Arnold Schoenberg y sus influencias para la utilización de la atonalidad como una emoción dentro del cine, para provocar ansiedad en el espectador, tal como opera la banda sonora de la cinta "Psicosis", de Hitchcock, cuya banda sonora fue compuesta por Bernard Herrmann.

También citó investigaciones sobre la dopamina y la respuesta cerebral al placer musical, comparando incluso ciertos efectos bioquímicos de la música con los mecanismos de las adicciones.

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