Vicente Rojo es como una estrella fugaz, se aparece donde menos se le espera y sólo por breves segundos que le son suficientes para encantar a su público con sus finas palabras.

Con una personalidad sencilla y echada hacia atrás para poder mirar su obra; un vitral que se adecua en el marco del techo. 

El español -y mexicano por decisión- inauguró su más reciente obra que proyecta sensibilidad y cuidado.

En siete décadas de trayectoria como artista, Vicente Rojo no había hecho un vitral y cuando el Monte de Piedad lo invitó a hacer el plafón del patio principal del histórico edificio sede de la institución, lo motivó la posibilidad de atraer la atención del público que se congrega ahí mientras espera.

“Las personas que venía a empeñar, yo siempre pensé que estaban un poco apuradas, otras venían tal vez con otros planes y vi curiosamente venían con familias, con niños, con jóvenes y que después de hacer los tramites, venían y se sentaban aquí, esperaban a las ventanillas, se sentaban y esperaban”, expresó el artista sus motivaciones.

“Mi idea fue darles a las personas que venían con algún problema, que estuvieran en este lugar y pudieran sentirse acompañados de una luz, de una vida, algo que fuera algo sensible y que fuera grato para las cosas que tenían que hacer aquí”, dijo el artista en la presentación de su más reciente obra.

Versión Celeste 

Versión Celeste es una bóveda luminosa que crea el espectro de movimiento al utilizar luces de varios colores y que forman distintas formas geométricas.

“Las figuras geométricas son las que nos sostienen” es decir, “sin la geometría no existiría una mesa, no existiría un edificio, no existiría una rueda”, habría expresado el artista durante la realización del techo iluminado a raíz de las obras de restauración en el edificio que iniciaron en el año 2012.

 “No es tanto una idea artística, si no algo más sensible, que pudiera ayudar a las personas en sus trámites y que pudieran sentirse un poco más acompañadas. La luz cambia los ambientes y podría darles una tranquilidad, seguridad, tener una zona en la que pudieran estar bien acompañados o, bien iluminados”, comentó Rojo sobre su obra.

Mientras que el Presidente del Patronato del Monte de Piedad, Pedro Romero de Terreros dijo tener una experiencia particular con el desarrollo de la restauración y de la instalación de un vitral que rompe la tradición de lo clásico en los edificios del Centro Histórico de la Ciudad de México, en donde además este edificio ha sido un lugar emblemático.

“Durante más de dos años, el tiempo que se logró transformar los bocetos del maestro Rojo en una estructura antisísmica, antiincendios, con ventilación, programada con tecnología de punta, de la que yo veía de vez en cuando muestras de cubos y círculos de distintos tamaños y colores”, describió Pedro Romero de Terreros.

“El día que nos mostraron la pieza completa, noté que los trabajadores de la obra dejaban sus herramientas y dirigían también sus miradas al cielo de Rojo.

”Aqui, tenemos que cambiar las rutas de acceso al edificio para poder recibir a todas las personas que vendrán a ver el vitral”, le dijo el Presidente del Patronato  al arquitecto principal Armando Chávez y junto con el experto en iluminación Gustavo Avilés.

Restauración ligada a la historia

Además de inaugurar la obra de Vicente Rojo, también se destacó el trabajo de conservación y restauración de este inmueble que fue un sitio de representatividad, incluso antes de la conquista según lo expresó el arquitecto Francisco Pérez Salazar en la presentación del libro "500 años, narrado desde el palacio de Moctezuma".

Pérez Salazar destacó la importancia que tuvo un espacio público de la magnitud de la Plaza Mayor de la Ciudad de México, y también del patio principal del recinto del Monte de Piedad que es ahora lo que en 1836 fueron las casas marcadas con el 7 y 8 de la calle Empedradillo en donde fue la casa de Hernán Cortés.

Esta casona frente al zócalo y un costado de la Catedral Metropolitana, antes de la conquista ahí mismo se encontraba el Palacio de Moctezuma, según lo evidencia una placa en la entrada del recinto.