La infidelidad, la paz, la felicidad, la muerte, la violencia, son lugares tan comunes para todos y sin embargo tan difíciles de abordar. De estas historias Luis Muñoz Oliveira toma la materia prima para crear su más reciente novela, El mismo polvo, de editorial Dharma Books.

“Yo desde el principio tenía la idea de hacer un libro que mostrara los sentimientos, los dilemas morales, las culpas, los deseos, los placeres de las personas; para lograrlo acudí a la estructura de la revelación y de este personaje que es capaz de meterse hasta lo más íntimo, porque lo común es que un narrador nos describa los hechos, incluso hasta los pensamientos, pero cuando hablamos de sentimientos, este es un rincón muy privado”, platica Oliveira en entrevista.

La idea era buscar una prosa clara, que llegara a los lectores, pero que eso no implicara que lo que se tocaba fuera superficial, ese equilibrio es el que se explora en esta obra y para mostrar estas fragilidades había que buscar a los personajes idóneos.

Un secreto que el autor comparte es que a pesar de que todos podemos reflejarnos de alguna manera en cada una de las historias, en esta novela la única historia que pasó de verdad es la primera. “El personaje que entra a una iglesia y tiene una revelación soy yo. Ahí fue donde yo vi y descubrí la estructura de este libro. Quería estos relatos que están todos unidos por el mismo narrador y que terminan siendo una novela o un libro de cuentos. Mi inconsciente terminó de hilar cabos ahí”. Se podría decir que El Mismo Polvo fue concebido en una iglesia, “ese fue el parteaguas para escribir historias a diestra y siniestra”.

El proceso creativo del autor fue entonces como una revelación. “Nunca me pasa, pero con esta obra me pasó, de pronto lo tuve todo claro. Aunque esto facilita mucho la escritura, se tienen dificultades. Tener la mirada puesta en un objetivo generaba a la vez que el trabajo serio y arduo durara cinco años, que las cosas se redondearan como yo quería que fueran, porque los libros necesitan ese primer impulso, escribir, pero luego viene la parte difícil que es dejar el libro pulido. Esto fue lo más difícil, que las historias fueran verosímiles y que hicieran sentir cosas a los lectores”.

Otras particularidades que comparte Oliveira es que en esta experiencia incluso algunos cuentos están planeados con base en un final ya establecido, por ejemplo, en el cuento de un profesor japonés que va a la selva: “gracias a que yo quería ese final construí todo lo demás, tenía que llegar a ese final dramático y tan complicado”. También algunas de las pasiones del autor se reflejan. “A mí me gusta mucho el futbol y siempre había querido escribir sobre esto, pero me costaba trabajo, no entendía cómo agarrar por los cuernos una historia de futbol, este libro me vino perfecto porque entonces me metí a la cabeza de Romualdo y pude desmenuzar sus dificultades frente a la posibilidad de ser el mejor de la historia, pero sacrificando su juventud y deseos de fiesta y ligue”.

Esta obra en algún sentido también está inspirada en la letra de Borges, porque se propone mirar a todos los espacios y todos los tiempos, que son universales e infinitos. “Para que esta obra diera esa impresión decidí escoger muchos lugares en el mundo, inspirados en ese Aleph (el de Borges), que es mostrar el cosmos absoluto”. Por eso hay espacios que muestran escenas de Egipto, el Amazonas, Querétaro del siglo XVII o el futbolista de los años 80. “Esto es parte de la gracia de este instrumento narrativo que sería verlo todo, sin pretender abarcarlo todo”

Una publicación en pandemia

Oliveira comparte que fue una absoluta casualidad que este libro pudiera salir en un momento de pandemia, pues este ya se había terminado como relato antes de la misma, pero la corrección sí se dio en este periodo y eso le dio un plus al ritmo y la prosa de la obra. “Gracias al encierro hubo manera de imaginar mucho más, de llevar al personaje a espacios más lejanos”. Esto, asegura, la convierte en una lectura buena para el encierro “porque es un viaje que te lleva a muchos lugares y muchos tiempos, pero a la vez es un espacio al interior que mueve los sentimientos, que nos lleva a experiencias místicas, que se supone son el contacto con la divinidad, pero también al interior de las personas”.

Para el autor este es un paso adelante en su obra porque hay una maduración en el proceso. “Pasa el tiempo y uno escribe y escribe, hasta que se nota el cambio en lo afilado de la prosa y la forma en cómo te detienes y escribes. Estoy muy contento con el resultado porque es algo que no hubiera podido hacer antes. Esta obra carga con los años de experiencia”.

nelly.toche@eleconomista.mx