El planeta Venus hizo algo que sólo había hecho en siete ocasiones desde la invención del telescopio: cruzó por enfrente del Sol (visto desde la Tierra, claro). Es un ciclo extraño ya que ocurre dos veces con ocho años de diferencia y después tarda 105 o 121 años en volver a suceder.

Históricamente, lo más interesante han sido los momentos en que Venus entra en el arco solar (ingreso) y cuando sale (egreso). Las diferencias en este tránsito, visto desde diferentes puntos de la superficie terrestre, sirvieron para calcular la distancia de la Tierra al Sol y las distancias entre los planetas.

Ahora la NASA, por ejemplo, las usará para calibrar los instrumentos del Observatorio Solar Dinámico (los dos telescopios que orbitan el Sol desde hace algunos meses). Y hay otras cosas que ver.

EL MISTERIOSO ARCO DE VENUS

Durante el tránsito del 2004, los astrónomos se encontraron con una sorpresa: el arco de Venus. El fenómeno es una especie de anillo incandescente que rodea al planeta, algo que nadie se esperaba.

Ahora se sabe que este efecto fue causado por la refracción de la luz solar al pasar por la mesófera (la parte media de la atmósfera venusina).

Este año, una vez que se analicen los datos obtenidos ayer, se espera que la observación del arco de Venus ayude a saber por qué es tan diferente a la Tierra si no es tanto más cercano al Sol, es casi del mismo tamaño y está hecho con los mismos materiales.

La atmósfera de Venus, por cierto, es 100 veces más densa que la de la Tierra y está formada mayoritariamente por dióxido de carbono, un Gas de Efecto Invernadero que calienta la superficie de Venus hasta unos 482 grados centígrados. Además, hay columnas de ácido sulfúrico circulando alrededor del planeta a 354 kilómetros, ocasionando regularmente lluvia ácida.

Uno de los más extraños fenómenos venusinos es su super rotación. La atmósfera completa circula al planeta en apenas cuatro días terrestres una fracción muy pequeña del año venusino de 243 días. Se supone que la mesósfera es clave en la física de la super rotación.

En el 2004, el arco de Venus tomó a los astrónomos por sorpresa, ayer fue el fenómeno más estudiado.

LA ATMÓSFERA, ?INDICADOR DE VIDA

Medir la densa atmósfera de Venus no sólo servirá para conocer al propio planeta.

En los últimos años, los astrónomos han encontrado lo que ya es una multitud de exoplanetas, es decir, planetas que orbitan estrellas distintas al Sol (curiosamente esto se hizo con el telescopio Kepler, nombrado en honor del primer astrónomo que, entre otras cosas, predijo el tránsito de Venus).

Una vez encontrados la pregunta siguiente es ¿están habitados? Y la respuesta puede estar en sus atmósferas. Un astrónomo alienígena, a miles de años luz de distancia, podría saber que en la Tierra hay vida por la cantidad de oxígeno en su atmósfera, la cual no se puede mantener únicamente por procesos químicos (este elemento es tan reactivo que desaparecería por completo en unos cuantos años).

En el caso de Venus, el planeta se vio más grande en el ultravioleta cercano que en el lejano. La diferencia depende de qué tanto oxígeno haya en la atmósfera.

POR QUÉ EL SOL ?NO ES COMO LO PINTAN

El Sol no es redondo, no del todo. Durante los últimos 10 años, el satélite RHESSI (por su sigla en inglés para Visualizador Espectroscópico Ramaty de Alta Energía Solar) ha medido los poderosos rayos X y gamma que emite el Sol y ha estimado qué tan oblonga es nuestra estrella.

Con el tránsito de Venus, el equipo del RHESSI espera precisar su conocimiento de la forma del Sol, más que nada porque el foco que se pueda obtener del disco de Venus cuando cruce el Sol ayudará a calibrar el telescopio. Para conseguir esto se ha aumentado la resolución de pixeles con que se observa el arco solar con este telescopio en 16 veces.

Los científicos esperan encontrar diferencias con las mediciones del tamaño del Sol que hicieron durante el tránsito de Venus del 2004, cuando la estrella iba hacia un mínimo de actividad, con las nuevas, cuando se acerca al máximo predicho para el 2013.

(Con información de nasa.gov)

manuel.lino@eleconomista.mx