Poeta y sacerdote revolucionario, exministro de Cultura de su país, el nicaragüense Ernesto Cardenal constituye un caso singular dentro del ámbito de la literatura latinoamericana. Es su obra un encuentro místico entre fe, ciencia y poesía.

En Cántico Cósmico, su obra cimera, y posteriormente en sus apostillas reunidas en Versos del pluriverso, propone conciliar la poesía con la visión que la ciencia tiene en la actualidad acerca del universo. Es Miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, y también autor de Hora Cero, El telescopio en la noche oscura, El Libro de los Salmos, Oración por Marilyn Monroe y otros cuentos, El celular y otros poemas, Somos polvo de estrellas, y Canto a México, que presentó apenas en diciembre del 2019.

“Mi Cántico es una profesión de fe, una profesión de esperanza, pero sobre todo de amor”, decía Ernesto Cardenal (Granada, 20 enero de 1925), el poeta de Solentiname, poeta de la revolución nicaragüense, exministro de Cultura del gobierno sandinista entre 1979 y 1987.

Sólo el sonido del claxon de los coches que transitan por la avenida Insurgentes Sur, en la Ciudad de México, logra filtrarse a la habitación del quinto piso del Hotel Diplomático –donde se encontraban el jesuita y periodista Enrique Maza y quien escribe— y quedarse en la grabadora que retiene las palabras de Ernesto Cardenal. Ninguna otra voz. La voz de Cardenal se imprime serena, reflexiva; a cada momento nos transmite las distintas facetas de su vida: poeta y cura revolucionario, poeta de la ciencia, no poeta científico, tampoco científico poeta. Ministro gubernamental y sacerdote silenciado.

Todavía estruja la imagen del poeta arrodillado frente a Juan Pablo II aquel 1983 en el aeropuerto de Managua, mirando el dedo admonitor del pontífice que lo acusa de “propagar ideas apóstatas” y de su activismo en el Frente Sandinista de Liberación Nacional. Un año más tarde, vendría la sanción eclesial que suspendía el sacerdocio del nuevo ministro de Cultura nicaragüense.

Con su melena y barba blancas, viste con una camisa blanca suelta y pantalón de mezclilla azul y un paliacate rojo en el bolsillo trasero que apenas asoma. Ernesto Cardenal habla de su vida, de su familia; nos cuenta su paso por la UNAM y por un monasterio benedictino cercano a Cuernavaca, polémico en los años sesenta del siglo XX porque se practicaba el psicoanálisis; opina sobre la caída del socialismo europeo, sobre la participación del clero en política, cita su experiencia en el sandinismo, narra su relación con El Vaticano, recrea su Cántico Cósmico, obra poética que entrega a sus 66 años y que asegura que es una obra de 30 años de su vida. “La culminación de mi poesía”, ha dicho en repetidas ocasiones.

Cántico Cósmico fue cedido por el autor al ITESO, universidad jesuita de Guadalajara, para su edición y publicación en México; y ha sido presentado en el propio ITESO, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, de donde es egresado el poeta nicaragüense.

“Cántico Cósmico (1992, Trotta) es un último libro que acabo de publicar y considero que es la culminación de mi poesía; es un trabajo de 30 años de mi vida, y en el que trato ahí de todo el cosmos. Del macrocosmos, del microcosmos y la humanidad en medio”.

“Especialmente el poema está, casi todo él, en un marco científico de las ciencias actuales, de la cosmología, cosmogonía, astrofísica, ciencias biológicas y también la etnología, incluyendo los mitos de muchos pueblos primitivos y, sobre todo, es un intento de hacer poesía de las ciencias actuales, que creo que son una fuente de poesía y de reconciliar, de esa manera, poesía y ciencia, como poesía y mística, mística y revolución, y ciencia y revolución.”

P. ¿Cántico Cósmico es una profesión de fe, de Ernesto Cardenal?

EC.- Necesariamente tiene que serlo, puesto que yo tengo fe y esa fe está en el poema, pero no es principalmente la motivación del poema. Tal vez podríamos decir más exactamente que es una profesión de esperanza, y más aún, una profesión de amor.

P. Usted habla de un dios cósmico, ¿es una sugerencia a la Iglesia católica?

EC.- A la iglesia yo propiamente no la trato en el poema. A Dios si lo trato en todo el poema, pero en una forma no muy directa, como autor de la evolución, pero...un autor de la creación que lo ha hecho indirectamente a través de causas, de manera que como digo en el poema, los científicos pueden estudiar el universo sin encontrar una traza de Dios en él, y por lo tanto puede ser racional, ser ateo.

P. ¿Cuál fue su experiencia, como hijo de una familia muy conocida en Nicaragua, cuando se decide a ser poeta?

EC.- No sé qué decirte. Mi familia, en cuanto al apellido paterno, era una familia de comerciantes, ahora ya no, necesariamente; porque ha crecido mucho y hay todo tipo de ocupaciones, de profesiones, entre los Cardenales de mi familia. En aquel tiempo eran principalmente comerciantes, bastante ricos; sobre todo mi abuelo y algunos tíos míos que también tenían bastante. En el caso de mi papá era un comerciante menos rico. Yo simplemente crecí odiando el comercio y todo lo que fuera práctico en la vida; y con la vocación de poeta, y me realicé como poeta.

P. Usted comenzó a hacer sus primeros poemas a los siete años, ¿no?

EC.- Posiblemente antes. Yo creo que antes de saber a escribir, porque yo recuerdo que los primeros versos infantiles míos los decía y no los había escrito. No recuerdo que edad tenía, pueden haber sido seis años.

P. ¿Su familia no significó un obstáculo en su vocación de poeta?

EC.- De joven sí, claro. Hijo de un padre comerciante y de ideas prácticas, y le sale un hijo poeta...Él no quería que yo eligiera esa carrera, pero yo insistí y por último él tuvo que ceder, convencido de que no había otro remedio. Entonces él pago mis estudios universitarios, que fueron aquí en México, en la Universidad Nacional, donde hice la carrera de Filosofía y Letras, y después pagó mis estudios en la Universidad de Columbia de Nueva York, donde yo deseaba estudiar la poesía norteamericana, que ha sido la que más me ha influido después en mi vida.

P. Usted ha dicho que en 1956 tuvo una conversión religiosa. ¿La poesía lo impulsó hacia ella?

EC.- No. La poesía no tuvo nada que ver con eso. Dios era el que me impulsaba hacia él. Toda la vida yo había tenido una inquietud religiosa y una insatisfacción por no estar entregado completamente a él; yo rehuía a esa entrega porque me aterrorizaba el tener que renunciar a todo, que era lo que significaba una entrega a Dios, y, por último, tardíamente resolví probar lo que significaba la entrega completa a Dios, y desde entonces me he sentido lleno de Dios. Desde entonces he tenido una unión íntima con él, lo que se llama la unión mística.

P. ¿Qué le dejó su paso por el monasterio benedictino de Cuernavaca?, donde se celebraban aquellos talleres de psicoanálisis entre los monjes, que fueron motivo de escándalo internacional.

EC.- Yo no participé en nada. Yo estuve como huésped en el monasterio, nada más. Yo tuve que salir por motivos de salud del monasterio trapense de Nuestra Señora de Getsemaní, en Kentucky, donde era novicio de Thomas Merton. Él había estado teniendo correspondencia con Gregorio Lemercier; lo apreciaba mucho por su experimento novedoso que estaba haciendo en la vida religiosa benedictina de México, cuando se resolvió que yo debía cambiar de monasterio y tener una vida religiosa de menos tensión que la que producía la vida trapense, demasiado rigurosa, demasiado estricta, casi como una academia militar. En esos días, Lemercier estaba visitando a Merton, y Merton le pidió que me recibiera en Cuernavaca; incluso el mismo Merton deseaba salir del monasterio trapense y llevar una vida eremítica en las vecindades del monasterio de Cuernavaca. Estaba en esos momentos gestionando el permiso de Roma para hacerlo. Entonces yo vine a México –a Cuernavaca— temporalmente, en espera de la llegada de Merton; porque él pensaba en una comunidad en la que íbamos a estar juntos...Pero eso ya no se realizó...Le dieron el permiso en Roma, pero luego se lo revocaron, y ya no pudo venir él a Cuernavaca; entonces me quedé yo en el monasterio en calidad de huésped, haciendo los primeros estudios de filosofía para el sacerdocio. Esos fueron mis dos años en Cuernavaca (1959-1960). Continué los estudios de teología en Colombia, hasta la ordenación sacerdotal (1965).

“En aquel entonces, Lemercier comenzaba a tener sus experimentos monásticos en psicoanálisis, y Merton, en una carta recién publicada ahora, escribe que no está de acuerdo en la forma tan radical como los está llevando Lemercier, en el sentido de que a todos los monjes obligaba al psicoanálisis. Expresa Merton que psicoanálisis y vida contemplativa pueden combinarse muy bien pero no aprueba que sea obligatorio para todos; fue lo que Lemercier hizo y lo que lo llevó a ser excomulgado. Pero eso fue ya después de mi estadía en Cuernavaca, y como yo no era monje, no participé en eso.

P.- Hay dos obras suyas que llaman mi atención: Los Salmos y Oración por Marilyn Monroe, ¿podría hablar de ellas?

EC.- Son dos cosas distintas. Yo he tenido diversas fases de poesía. Una de ellas fue el Libro de los salmos, que son recreaciones, traducciones a la época actual de los salmos de la Biblia, manteniendo en parte el tono bíblico y al mismo tiempo un tono contemporáneo; digamos contemporizando los salmos. El poema de Marilyn Monroe fue meramente de creación personal. Simplemente la impresión que me produjo la noticia de la muerte de la artista, considerando que era una víctima del sistema, víctima de Hollywood, del capitalismo, del consumismo...sobre todo es un poema de denuncia contra eso.

P.- ¿No se llegan a juntar estos poemas en algún momento? Conceptualmente...Ideológicamente...

(Cardenal reflexiona un poco y responde)

EC.- Ideológicamente puede ser, sí. Ideológicamente tienen mucho en común, pero son estilos literarios diferentes.

(...)

Nominado al Premio Nobel de Literatura en 2005, y ganador del Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, en 2009, y el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, en 2012, Cardenal fundé en su poesía la voz popular con la reflexión filosófica, la evocación mística y la denuncia social.

Que la solución de todos los problemas sociales de China

era el amor

fue descubierto 5 siglos antes de nuestra era.

La ayuda del hombre al hombre

que para Plinio es Dios.

La encarnación de Dios en nuestra biología.

En nuestra condición todavía de mamíferos.

Jesús: con los cromosomas de Adán...

A sólo 1 millón de años del Pithecanthropus erectus.

El gobierno enraizado en el cielo que decía Confucio.

No los dólares del cielo.

Hemos dejado excremento en bolsas plásticas en la luna.

Ya antes conocieron el mes lunar los mayas

errando sólo 34 segundos.

34 segundos

en un tiempo para ellos infinito, sin principio ni fin.

•••

Yo quisiera morir como vos hermano Laureano

y mandar a decir desde lo que llamamos cielo

«Me valió verga la muerte».

Ernesto Cardenal, el poeta místico, un “verdadero mester de clerecía”, como lo calificó Raúl H. Mora Lomelí, un erudito jesuita que lo conoció profundamente a él y a su obra; que no conoce medias tintas, que ha dicho ‘hay corrupción en mi Iglesia y no dejo a mi Iglesia por ello’; que ha hablado del verdadero ecumenismo que “consiste –dice- en que se unan los creyentes y los no creyentes.

Afina su propuesta: “Mejor dicho, que se unan los creyentes en Dios y los creyentes en la materia. Que se unan en una sola religión, la religión de un Dios materialista que es autor de la materia y la religión de la materia creada por Dios”.

Cardenal nos da su opinión acerca de la participación del clero en la política, partiendo de su experiencia en Nicaragua, (unido a la revolución sandinista, a cuyo triunfo se convirtió en ministro de Cultura).

E.C. “En la formación religiosa que yo recibí de Thomas Merton, como novicio trapense, estaba la idea de que el contemplativo debía estar también involucrado en los problemas sociales y políticos, que no debía desinteresarse de cosas sociales, mucho menos en América Latina, donde había dictaduras militares en tantas partes. Que el contemplativo debía involucrarse en los problemas de su pueblo. De manera que cuando yo fundé la pequeña comunidad de Solentiname en una isla del Lago de Nicaragua, lo hice con esa orientación de Merton; y nuestra comunidad siempre estuvo involucrada y comprometida con los problemas sociales y políticos. Sobre todo, porque estábamos en un archipiélago de población campesina muy pobre y en contacto con los problemas de ellos, y al mismo tiempo también estaba surgiendo un movimiento revolucionario en Nicaragua y nos fuimos incorporando nosotros a ese movimiento. Influyó mucho en eso mi primera visita a Cuba; y también la aparición, por esos mismos días, de la Teología de la liberación, que debería llamarse más bien Teología de la revolución. Al mismo tiempo, también otros sacerdotes de Nicaragua estaban teniendo esa misma evolución, hacia la revolución, junto con la mayoría del pueblo de Nicaragua.

P.- ¿Sigue siendo su postura la de un clero, una Iglesia, que acompañe al pueblo en los problemas de su vida cotidiana?

EC.- Esa es la obligación del sacerdote, que no era compartida por los obispos. Porque los obispos de la Iglesia católica en ningún lugar se han conocido como revolucionarios –ríe-; esa es una verdad que ha sucedido en Nicaragua, en América latina y en el mundo, con algunas pocas, excelentes y extraordinarias excepciones; como en el caso de México, con monseñor Méndez Arceo; o en Brasil, con monseñor Casaldáliga, unos cuantos obispos que han sido excepciones brillantes en la Iglesia.

P. ¿Cómo ve usted el caso de México? ¿Qué postura debería tomar la Iglesia ante los problemas que nos afectan?

EC.- Creo que la postura de la Iglesia en México, y en todas partes, es ser revolucionaria. Es ser fiel a Jesucristo. El no ser apóstata, que hay dos iglesias: una iglesia que está con los pobres y una iglesia que está con los pobres; una iglesia que está con los explotadores y una iglesia que está con los explotados. Y la Iglesia de Jesucristo sólo es una: la de los pobres.

P.- Por esa profesión de fe viva que mantiene en todo lo que hace ¿cómo es su relación con el Vaticano?

EC.- Actualmente tengo una sanción del Vaticano que se llama suspensión A divinis, que un teólogo italiano me decía que debía llamarse suspensión Ad humanis; significa la prohibición de administrar los sacramentos. Mis relaciones con el Vaticano están bien, simplemente yo he cumplido con la sanción que se me ha impuesto, sin rebelarme. He obedecido. Considero que es injusta la sanción, pero la cumplo.

P. ¿No teme a la excomunión?

EC.- Santo Tomás de Aquino decía que la instancia superior para el cristiano es la conciencia. Y que ante todo uno debe de obedecer su conciencia aun a riesgo de excomunión.

P. En el Cántico Cósmico yo encuentro un llamado a la renovación de la Iglesia, a que asuma una posición que dé respuesta a los problemas de la gente, que no sólo la exorcice... ¿acierto?

EC.- Ahí trato de toda clase de temas. Uno de ellos es la obligación del cristiano, y más aún del sacerdote, de ser profeta, que quiere decir denuncia de las injusticias y anuncio de un reino nuevo. Entre los ejemplos que pongo está el de Camilo Torres.

P. ¿Cómo podría cristalizar una revolución de esa naturaleza en la Iglesia católica?

EC.- La revolución, considero que debe darse en la humanidad entera, incluida la Iglesia.

P. ¿Bajo qué principios?

El poeta reflexiona y responde:

EC.- Lo que predicó Jesucristo, que fue la venida del reino del Dios a la Tierra. O sea, la creación de una sociedad justa, fraterna, igualitaria. Una sociedad de amor. Por lo tanto, una sociedad socialista. Puesto que el socialismo es la fraternidad humana mientras que el capitalismo es el egoísmo.

P. Con el derrumbe de los regímenes socialistas de Europa del Este y los movimientos de unipolarización que se están dando en el mundo, ¿cree usted que el socialismo tenga cabida en el planeta?

EC.- Yo creo que el único fracaso que ha habido es el de un modelo de socialismo: el estalinista. Y que la prensa ignora el fracaso del capitalismo, que ha sido mayor que el de ese modelo de socialismo. Porque el capitalismo ha fracasado con el 80 por ciento de la humanidad. Ha sido bueno para un 20 o 10 por ciento de la humanidad; pero para los países del Tercer Mundo, el capitalismo ha sido catastrófico y no puede ser una alternativa para los pobres. La única alternativa es un socialismo democrático y humanista, es decir, respetuoso de los derechos humanos, y también un socialismo con los cristianos, no como el que se ha derrumbado, que en muchas ocasiones estuvo contra los cristianos.

Me parece que un ejemplo de futuras revoluciones es la revolución de Nicaragua, que ha sido una revolución democrática, con pluralismo político, con partidos de oposición y no partido único, con economía mixta, con elecciones libres, justas y honestas. Y tan libres, justas y honestas, que incluso las perdió (el sandinismo); demostrando que una revolución puede ser democrática, no precisamente estando en el poder, sino pasando a ser oposición y seguir siendo revolución. Es el caso de Nicaragua.

P. Ahí está muy ligada la participación de un sector progresista de la Iglesia...

EC.- Sí, por eso creo yo que es una revolución a la que no le ha pasado lo que le pasó a los modelos socialistas de Europa, ha sido muy diferente; tan diferente, que Nicaragua es uno de los pocos países donde el Partido Comunista está en el gobierno, porque el Partido Comunista es uno de los integrantes de la coalición de partidos en el gobierno, junto con otros partidos, de derecha, de ultraderecha, partidos somocistas y aun nazis, y entre ellos el Partido Comunista. De modo que el derrumbe de los regímenes comunistas en Europa, para el Frente Sandinista, no significó nada, puesto que el Frente Sandinista nunca estuvo identificado con el Partido Comunista de Nicaragua.

P. ¿Considera usted que la Iglesia debe ser socialista?

EC.- Comunista, debe ser. Como lo fue en los primeros tiempos, como fueron las comunidades de primeros cristianos descritas en los Hechos de los Apóstoles; como una comunidad en donde no había ricos ni pobres y en la que cada uno recibía según sus necesidades; que es la definición de Marx da del comunismo, como son también las órdenes religiosas cuando cumplen las reglas de sus fundadores, que son órdenes comunistas en las que cada uno da según su capacidad y recibe según sus necesidades.

P. Nicanor Parra dijo hace unos días (diciembre de 1991) en Guadalajara que lo más importante en este momento es la salvación del planeta: “Yo no le hago asco a un posible ecosocialismo”, dijo, y agregó: “Yo me he cambiado la camiseta roja por la verde”. ¿Usted no se ha cambiado de camiseta?

EC.- No, yo no me he cambiado ninguna camiseta, pero sí estoy de acuerdo con lo que propone Nicanor; creo que la ecología ahora debe ser parte de la religión del planeta y de la mística de los hombres, también.”

* Una versión original de esta entrevista se publicó en la revista La Jornada Semanal N° 136 que dirigía Roger Bartra, el 19 de enero de 1992.

francisco.deanda@eleconomista.mx