“¡No Trainspotting! No es aceptable”, exclama Irvine Welsh cuando comenzó su encuentro con el público de la Fenal. Aquí en León, como en todas partes, el público está ansioso de escucharlo hablar de su famosísima primera novela, que se convirtió en una película que dejó una cicatriz en el cine de los 90.

Pero quizá Welsh está cansado de revisitar ese mundo... o no. Después de todo, en su nueva novela Dead man’s Trousers, vuelve a ese universo de Renton, Begbie, Sick boy y Spud, los protagonistas de Trainspotting.

“Los personajes son como herramientas”, explica, “el autor los usa como quiere. Son dominantes y pasivos a la vez. No es fácil sacárselos de encima. Vas con cierto impulso y resulta que lo que estás escribiendo es una secuela”.

El autor escocés —que se ha hecho legendario por sus inquietudes: literatura, cine, videos musicales y mucha, mucha música— accede a hablar al fin del proceso que fue convertir su novela en una película. “Tuve fortuna, muchos directores querían hacer la adaptación, pero su trabajo no me convencía. No le veía ritmo y yo no quería un documental o un filme social. Quería emociones, una relación profunda entre los actores y el público”.

Y entonces en escena apareció un joven director. Su nombre: Danny Boyle. Y su talento, según Welsh, es que su trabajo tenía un ritmo, una respiración que le insuflaba vida a su relato. Por eso lo escogió.

Habló también sobre su rutina de trabajo. Cada libro es diferente. “A veces me pongo un horario de escritura como de una oficina, de 9 a 5, a veces escribo en cafés. A veces tomó muchas notas, hago listas de personajes, hago un playlist... es diferente cada vez”.

Welsh dice que sabe que lo escribe va bien cuando piensa: “¡Esto lo va a leer mi mamá, me voy a morir de vergüenza! No mames, mi mejor amigo me va a matar. Entonces sé que voy bien”.

Pero lo interesante de la charla sucedió después, post-Trainspotting, cuando Welsh se puso a hablar “del mundo poscultural”.

“Un escritor, o cualquier artista, depende de las cosas que le pasaron de niño y hasta los 20 años. Ése es su material, su cultura, por eso el punk en mis libros, por eso los pubs... pero ahora vivimos en un mundo de medios, yo lo llamaría un mundo poscultural en el que todo está sucediendo al mismo tiempo y eso que sucede ya es intangible. Las redes sociales son el trabajo intelectual de hoy. Pronto ya no necesitaremos cuerpos para comunicarnos, todo será telepático.

“Parece ciencia ficción de Philip K. Dick, pero es que la ciencia ficción ya no es tan ficticia. No mames, hace 10 años una serie como Black Mirror no habría tenido sentido, pero nos parece totalmente lógica”, expresó.

Por cierto, dice que ve televisión y que le gustan las series que van de personajes, no de plots ni de clichés de género. Recibió un gran aplauso cuando habló de David Bowie, al que considera su gran influencia.

“Todos los punks estábamos obsesionados con Bowie. Creo que él también alcanzó a ver este mundo poscultural de hoy”, afirmó.

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