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Arte e Ideas

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“Todos los días sufro y río a lo cabrón”

El actor César Bono comentó sobre las dificultades y emociones del trabajo donde ha pasado la sexta parte de su vida.

No hay equivocación si al escuchar el nombre César Bono pensamos en humor, talento, gracia y desparpajo. Más de 3,000 representaciones del monólogo Defendiendo al cavernícola lo han consolidado como actor con todas sus letras en el celoso mundo de la farándula, que suele considerar el trabajo de los comediantes como una modalidad secundaria.

Para César, lo cómico es un estado de vida, tal vez el que le sienta más cómodo, natural, el más primario y salvaje: su propio habitar cavernícola.

El monólogo es el principio del teatro. Para un actor o actriz, no hay cosa más cabrona que enfrentarse a interpretar un monólogo. Es el principio. Hace 2,500 años, un cabrón griego se paraba en una ciudad y tomen, decía: Esto, esto y esto . Y las multitudes se juntaban alrededor de él y decían: ¡Ay!, hijo de la chingada, mira cómo dice las cosas este cabrón. Y era ¡uno!, cabrón: uno. Ya luego, agarraba sus chingaderas y se iba al siguiente pueblo y ¡órale! , dice el actor, quien el viernes pasado develó la placa número 35 de este espectáculo en México que enmarca las 3,100 representaciones (no todas las ha dado él, pero casi).

Pero, ¿cuál es la fórmula del éxito de esta puesta en escena? En resumidas cuentas, el talento y entrega de Bono, el poder del texto escrito por el cómico estadounidense Rob Becker y la magia. Sí, la magia:

Esta obra es una chingonería, han pasado cosas increíbles. En este montaje se han comprometido 13 parejas y quiero creer que a partir de ella, como mínimo, se han dado 10 reconciliaciones entre padres e hijos. Dudo mucho que esto pase en otras obras en México o en el mundo. Ya hasta creamos una formulita para cuando alguien le quiere entregar el anillo de compromiso a su novia , comenta.

La sexta parte de su vida

Se dice fácil pero es la sexta parte de mi vida. Llevo casi 10 años con este monólogo , comentó el actor en exclusiva al interior de su camerino, en el Teatro Renacimiento del Centro Teatral Manolo Fábregas. En este reducido espacio, descansa en un gancho de ropa la camisa que viste en cada función y que se asemeja a una piel de tigre.

César Bono intercala risas con vocablos altisonantes tan contundentes como graciosos. Carraspea constantemente: tiene la voz cansada. Si se pone serio, mira hacia arriba; si quiere llamar la atención, infla los ojos. En el tocador, descansa un pequeño pizarrón blanco sobre el espejo enmarcado con foquitos. En ese pizarrón lleva su contabilidad personal. La función que ofreció el viernes es la número 3,005 en que representa al cavernícola.

Mirando esa cifra, se sincera y dice: Soy un actor que ha trabajado mucho. Nunca aprendí a cobrar bien, entonces siempre he estado en teatro, alternando con televisión, cine, cabaret, doblaje, radio, y pues ahí seguimos .

En julio del 2010, debido a la carga de trabajo, tuvo un problema cardiaco que lo llevó al hospital. Antes de eso, presentaba seis funciones de Defendiendo al Cavernícola a la semana. Tuvo que cambiar su régimen y presentar cinco.

La cagué porque abusé de mi organismo. Acaba mi primera función el domingo y cuando ponía un pie en el camerino decía el traspunte: ‘primera llamada’, de la segunda función. Y eso está muy cabrón. Es muy desgastante lo que te exige un monólogo , expone Bono.

Cuando Morris (Gilbert) me ofreció el monólogo yo dije: ‘A güevo que sí’, pos si ya me chingué una obra de dos personajes (con Sergio Jiménez, en 1975), hacer una de uno solo es namás lo doble de difícil. Y ahí es donde yo me vi bien pendejo, porque no es lo doble. Por ponerlo en números, es 10 veces más difícil, o 100, o 1,000 o no tiene nada que ver. Un pinche monólogo está en chino , afirma el cómico.

Pero el desgaste no sólo es físico. Emocionalmente exige demasiado. Todos los días hablo de mi esposa Patricia, de mis padres, mis hijos. Todos los días sufro y río, pero a lo cabrón .

Una obra excepcional

César Bono cuenta orgulloso que este es el monólogo más importante de la actualidad en el mundo entero. Es la obra no musical más representada en Nueva York. Cuando se estrenó en México, en Nueva York ya tenía 11 años de interpretarse. En Alemania, se cuentan 10 montajes de la obra a lo largo de su territorio, algo que en algún momento se pensó emular en México. Cuenta, además, que el autor de la obra, Rob Becker, solicita videos para aprobar el montaje.

Le gustó mucho la dirección de Héctor Bonilla. Una vez que lo fui a ver a Nueva York nos hizo pasar al camerino y me dijo maravillas de Héctor , platica. Recordó todavía algo más de aquel encuentro con Becker: Yo le dije que no lo quería molestar porque sabía que ese día él daba dos funciones. Y me dijo: ‘Yo no me canso con esta obra, ¿que, tú sí?’, y ya disimulé y le dije que no , añade.

César Bono es categórico sobre el impacto que tiene esta obra: La mujer aprende más, porque Rob Becker nos descubre un lado muy sensible y humano del hombre. La mayoría de los recados que me deja la gente luego de ver la obra los dejan mujeres, que me cuentan que ahora ven las cosas distintas; una de ellas, me decía que jamás había entendido a su esposo hasta ahora que acudió a una función. La obra dice: ‘¡Hey, abusadas, él también está sintiendo cosas!"

Actualmente, Bono ofrece una función diaria, de miércoles a domingo. El miércoles, en el Teatro Banamex en Santa Fe, y los demás días en el Teatro Renacimiento. También ofrece funciones el actor Fernando Lozano.

aflores@eleconomista.com.mx

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