“Gracias a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, a la que he venido ya tantas veces y la he visto crecer, a lo largo de los años, hasta convertirse en una de las ferias del libro más grandes del mundo”, reconoció el Premio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa, para iniciar la conversación de presentación de su más reciente novela, “Tiempos recios”, en el último compromiso de su agenda pública en este encuentro editorial y en el país.

El también ganador del Premio Cervantes 2014 compartió, como fue una costumbre durante sus intervenciones en la FIL, ante un auditorio completamente lleno, los pormenores de esta novela que ya está disponible en tiendas desde el pasado 8 de octubre.

En 50 minutos, el también autor de la novela “La fiesta del Chivo” (2000), con la que su reciente trabajo tiene cruces narrativos, dio santo y seña de la historia política de Guatemala entre los años 1940 y 1959, una serie de hechos repletos de paranoias y, a partir de ellas, conspiraciones internacionales para evitar que el país centroamericano se convirtiera en un país comunista en manos del presidente Juan Jacobo Árbenz, quien, en realidad, deseaba convertir su país en uno en el que imperara la democracia y la justicia laboral. Sin embargo, la visión democrática de Árbenz no convenía a una de las empresas más redituables de la época: United Fruit, a partir de cuyos intereses se desató una controversia internacional que terminó por descomponer el rumbo político no solo de Guatemala, sino de toda la región.

“Me entusiasman muchísimo las historias que nacen de la realidad y que parecen ficciones por lo disparatadas, por lo absurdas, lo poco realistas que parecen; y creo que lo ocurrido en Guatemala en el año 1954 es una de estas historias. Créanme que yo no he exagerado nada. Esta fantasía de que Guatemala era el Caballo de Troya de la unión soviética es un disparate que no tiene pies ni cabeza”, opinó.

Vargas Llosa explicó que, en esa época, donde abundaban los dictadores en toda América Latina, los jóvenes de su generación seguían con interés lo que sucedía en Guatemala, donde era latente la novedad de que surgiera una democracia genuina de la que podrán derivar reformas que se discutían. Finalmente, reflexionó que el golpe de estado que terminó con ese proyecto provocó un enorme desencanto en la generación de latinoamericanos a la que él pertenecía.

“Es una novela escrita con indignación, sobre todo con la convicción de que no debían ser los comunistas los que defendieron a Árbenz después de muerto, porque Árbenz no era comunista ni trató de crear una sociedad comunista en su país. Quienes debíamos defenderlo éramos los demócratas, los liberales latinoamericanos, los que queremos que América Latina sea distinta de lo que es, a través de la democracia, de reformas que sean absolutamente justificadas y, dentro de un clima de controversia y libertad”, pugnó.

[email protected]