La pasada primavera, Paul y Shirley Attryde manejaron desde Durham, Carolina del Norte, a ­Washington para grabar en vivo The West Wing Weekly, un podcast sobre la famosa serie de televisión con el mismo nombre que terminó hace 12 años.

Antes de que iniciaran la grabación, ambos se pararon en la escalera del Lincoln Theater para platicar con el público que estaba haciendo cola para entrar al evento conducido por Hrishikesh Hirway y Josh Malina. El programa dura una hora y se emite cada semana.

Con 40 años sobre sus espaldas, la pareja Attryde, se revela como apolítica; sin embargo, volver a representar un espectáculo en el que interpretan a un par de expertos idealistas que trabajan para un presidente economista ganador del Premio Nobel es “una pequeña rebanada de cielo”, dijo Paul, vistiendo una camiseta gris de The West Wing. “Es el presidente que todos queremos, pero no tenemos”.

“Cuando ves tanta grilla, rabia y odio hacia la política en este momento”, agrega Shirley, “es refrescante recordar que tal vez haya personas detrás de escena que realmente están haciendo todo lo posible para trabajar por el bien común”.

En el podcast, Hirway conjunta dos elementos determinantes en todo espectáculo de esta naturaleza: la pasión de un fanático y el rigor de un crítico, mientras que Malina, quien interpretó al subdirector de comunicaciones, Will Bailey, en The West Wing, es el alivio cómico del programa.

En el Lincoln Theater, Malina intercambia insultos con su excompañero de elenco (e invitado frecuente) Bradley Whitford, mientras que el agente demócrata de larga trayectoria, Ron Klain, responde en este entorno con una perspectiva del mundo real.

“Esto es lo más cercano de la auténtica ala oeste que llegaré hasta el 2021”, dijo Klain frente a una gran ovación de la de la audiencia.

Entre los invitados de The West Wing Weekly destacan la senadora demócrata Tammy Duckworth y el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, y los boletos de su gira por cinco ciudades se agotaron rápidamente, desde Boston a Dublin.

La popularidad del podcast se traduce en 1.3 millones de descargas al mes y recobra el éxito que tuvo la serie de televisión en especial para la demografía de izquierda.

Richard Schiff, quien interpretó en la serie al director de comunicaciones, Toby Ziegler, dijo que desde el 2016, ha visto “un incremento masivo” en la cantidad de personas que hablan sobre el programa.

El éxito de la serie no tiene fin

“En Twitter, todos los días hay una referencia a algún episodio de West Wing y mucha gente se lamenta de que la administración del presidente Bartlet no pueda estar hoy en la Casa Blanca”, agrega. “El 70% de mis tuits (que me envían a mí) todavía están relacionados con West Wing a pesar de que en la actualidad estoy en un gran programa” (The Good Doctor, ABC).

Revisar la serie a través Netflix significa revisar la moderación, los consensos y los principios básicos de la política. Compare al virtuoso director de comunicaciones Ziegler con los frenéticos 10 días que Anthony Scaramucci estuvo en ese puesto. Los personajes olvidan sus propias imperfecciones, pero se ayudan mutuamente para superarlas (dejando de lado algunas políticas de género cuestionables). Recordemos la forma en la que Ziegler le comenta al presidente Jed Bartlet: “en una batalla entre los demonios de un presidente contra sus mejores ángeles, por primera vez en mucho tiempo, creo que podríamos tener una pelea justa”.

The West Wing se realizó entre 1999 y el 2006, precediendo la moda de la TV hacia los antihéroes como, por ejemplo, los personajes maquiavélicos de House of Cards y Scandal y los bramidos infantiles en Veep.

Soñemos, pidamos lo imposible

Sí, hoy parece imposible, pero en uno de los capítulos de la serie, el presidente designa a dos jueces de la Corte Suprema con diferente ideología, uno liberal y uno conservador, con el objetivo de provocar un debate animado. Algo más, un candidato presidencial republicano aboga por el libre comercio y el demócrata ganador quiere hacerlo secretario de estado.

“La gente nos dice que ven nuevamente la serie The West Wing a manera de medicina”, dijo Hirway.

Dan Pfeiffer, director de comunicaciones del presidente Barack Obama, vio las cinco primeras cinco temporadas junto con su esposa después de las elecciones del 2016. En el podcast de activistas liberales Pod Save America, dijo que después de un discurso de Trump en Phoenix , “nosotros recordamos con nostalgia, mientras veíamos la serie en Netflix, que hubo un tiempo en el que existió un presidente bueno y sensato, al menos, en nuestra historia ficticia”.

Alyssa Mastromonaco, subjefa de personal de Obama, escribió un ensayo en octubre que decía: “Ahora me encuentro uniéndome a todos esos liberales escapistas a los que les gusta recordar buenos momentos a través de la serie The west wing”. Y Chris Lu, secretario del gabinete de Obama, dijo en una entrevista que el espectáculo del podcast “me recuerda haber trabajado para un presidente que estaba 100% comprometido con el servicio público, trabajando con el personal de la Casa Blanca, mis colegas, que estaban allí para promover el interés público en lugar de enriquecerse a sí mismos”.

Aaron Sorkin, creador de la serie, se siente halagado de que su obra sea todavía un tema de conversación. “Siempre fue una aspiración, pero era tan fantástica que no parecía que fuera posible”, comentó.

Él reconoce que la brecha entre la ficción de la serie y la no ficción de hoy es bastante amplia. “Si miraras West Wing en la era de Trump, podrías ver una simple conferencia de prensa de CJ Cregg sobre nada (...) y creo que siento una sensación que me lleva a la siguiente pregunta: ‘¿No es así como deberían verse y escucharse las conferencias de prensa en lugar de ver a una mujer que, ya sabes, siempre está mintiendo?” (En referencia a Sarah Huckabee).

La vida real siempre traducida a la realidad

Los eventos de la vida real siempre complicaron la forma en que se hacía la serie. Por ejemplo, el escándalo de Monica Lewinsky llegó cuando Sorkin había terminado de escribir el piloto de la serie, por lo que ésta fue una de las razones por las que su estreno se retrasó por un año: “Era difícil mirar hacia la Casa Blanca y no pensar en lo que estaba ocurriendo”, dijo Sorkin.

Eli Attie, escritor de discursos de Al Gore quien terminó por convertirse en escritor de la serie, dijo que cuando se estrenó, en 1999, “había algunas personas que pensaban que era un antídoto contra la Casa Blanca de Clinton”.

Teniendo en cuenta los acontecimientos actuales y la nostalgia de Hollywood, Sorkin ha dicho que la cadena NBC le ofreció relanzar la serie y sugirió que la estrella Sterling K. Brown, interprete al nuevo presidente. Malina predice que no sucederá. Al volver a ver cada episodio, descubro que “el espectáculo no parece una pieza de museo o algo que se ha conservado en vidrio porque todos los problemas siguen siendo relevantes hoy, porque no se han resuelto”.

La Casa Blanca de The West Wing parece normal. La de hoy parece más extraña que la ficción.