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The Martian: ?no es sólo para nerds
Entre el nerd thriller y el reality show, la nueva cinta de Ridley Scott es la más optimista de su cinematografía.
Recuerdo que hace unos meses Manuel Lino y yo plati-cábamos de ciencia ficción, un tema en el que él es muy ducho y yo no tanto. Manuel me decía que prefería la ciencia ficción en la que la ciencia es correcta, apegada a una verdad que ya de por sí, sin necesidad de los afeites de la ficción, es fascinante.
Yo aprendí de ciencia gracias a la ciencia ficción , me decía Manuel, mientras quemaba una pila de libros de sci-fi que no cumplían sus elevados estándares. No, miento: Manuel nunca ha quemado un libro en su vida, sabe que quien quema un libro está quemándolos todos.
No puede evitar recordar esa conversación mientras veía Misión rescate (o en inglés The Martian, título que usaré de ahora en adelante porque el español es de lo más ano-?dino), de Ridley Scott. Como dice John Schwartz, crítico de cine del New York Times, The Martian marca el advenimiento de un nuevo género: el nerd thriller. En el nerd thriller la emoción llega por lo preciso de sus datos, por lo cercano que se es a los hechos científicos.
Y así es The Martian, una historia de lo más emocionante en la que la ciencia tiene el papel protagónico. Sí, no crea que por ser nerd es aburrida, nada de eso. Parece una película dirigida por Ron Howard o Robert Zemeckis, maestros del entretenimiento familiar, no por Ridley Soctt, quien más bien tiende siempre a la oscuridad y la claustrofobia.
La película está basada en una novela que fue sensación en Internet hace unos años. Escrita por Andrew Weir, fue un regreso a la novela por entregas pues la fue publicando poco a poco en su sitio web. Yo no la he leído, pero dice Manuel que parece una serie de notas para hacer una versión fílmica. Nada perdido el autor, ¿eh? Hizo una novela primero para la red y luego para convertirla en película.
The Martian es la historia de un nuevo Robison Crusoe. Eso no es nada de nuevo. Pero, hey, el tipo se queda abandonado en Marte, prácticamente sin comida, sin oxígeno a una distancia de 4 años de la ayuda más cercana. Esa sí es una prueba de supervivencia, ¿me oíste, Robinson?
Mark Watney (un Matt Damon que va de la comedia a la determinación) se queda abandonado en Marte cuando sus compañeros lo dan por muerto luego de que fuera golpeado por un proyectil en una tormenta.
Resulta, para que haya drama, que Watney está vivo y lo único que le queda para sobrevivir son las provisiones que sus compañeros dejaron en una pequeña cabina en la que vivían, un hábitat donde hay oxígeno, medicinas y comida suficiente para 400 días. Suena bien a excepción de que no tiene cómo comunicarse con la NASA y la misión de rescate más próxima llegará en 4 años.
Reducido a sus propios recursos, Mark pronto demostrará que la ciencia y la supervivencia son hermanas gemelas. De verdad, uno sale de la sala lamentando no haberle hecho caso a sus profesores de química y de biología. ¿De qué me sirve saber de literatura si no sé sembrar patatas en Marte?
Con un reparto estelar (Jessica Chastain, Chiwetel Ejiofor, Sean Bean, Jeff Daniels, Michael Peña, Kate Mara y Donald Glover), el show le pertenece a Damon. Su vida marciana se convierte en una especie de reality show, un Survivor extremo. Para no perder la cordura, el astronauta se graba a sí mismo en la bitácora de la misión; ahí le habla a sus colegas, a su familia y a sí mismo armando sus planes de escape.
La película es emocionante hasta el final y sinceramente opino que no deben perdérsela. Vuelvan a confiar en Ridley Scott, aunque no les haya gustado Prometheus o Éxodo (a mí sí me gustaron, but Im just saying).
Adiós, jefe
Hace unos días se despidió de El Economista uno que fuera durante dos décadas una presencia infaltable de esta redacción. Manuel Lino, editor de Arte, Ideas y Gente, dijo adiós a estas páginas para incorporarse a un nuevo proyecto de divulgación científica. Manuel deja una escuela en El Economista, una manera peculiar de ver la cultura y de acercarse a la ciencia sin miedo y sí con mucha curiosidad.
Adiós, jefe, te vamos a extrañar. Ojalá cuando de casualidad veas esta sección de cultura reconozcas el trabajo que tú iniciaste.