Ambientada en la década de los 70, The Deuce narra la historia de un par de gemelos, los hermanos Martino. Uno de ellos es interpretado por James Franco, y ambos son los dueños de un prostíbulo. A la par de las aventuras de estos dos muy diferentes personajes italoamericanos, Maggie Gyllenhaal da vida a Candy una prostituta que comienza su carrera como directora de películas porno pero sin dejar de lado la actuación en ellas, para así poner fin a su dinámica vida en las calles neoyorquinas.

La acción se traslada a 1977, época en la que la música disco resuena en las discotecas neoyorquinas; el porno es casi una institución que organiza premios para el propio sector; y, por supuesto, diversos grupos sociales salen a las calles a manifestar su existencia.

En medio de la algarabía, la policía se afana por limpiar las calles. No quieren prostitutas, camellos y chulos en Times Square. El mandato que reciben es darle aires nuevos a la zona, convertir a la ciudad en el germen de lo que es hoy en día.

Aunque puede dar la impresión de que nada se mueve en The Deuce, de que todo pasa lentamente, en realidad hay mucho bajo esa capa de lo cotidiano en la vida de sus personajes. Pequeños avances personales y sociales que hacen que todo vaya encajando y moviéndose en un mismo sentido, por ejemplo, un mayor protagonismo de las mujeres.

Ellas son el centro gravitatorio de la nueva temporada con nueve episodios. Son mujeres, poderosas, luchadoras y retadoras. Algunas de ellas, se sublevan y se apoderan de un universo mayoritariamente masculino.

Se les abre una oportunidad de ganar independencia, cierta liberación personal, de construirse una identidad alejadas de la presencia constante de los hombres. En la tensión entre las que intentan conseguir todo eso y los que se resisten a ceder parte de sus privilegios, es donde está el quid de la temporada.