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Arte e Ideas

Lectura 4:00 min

Sorry, Melvin, ?no entendí nada

Nadie quiere leer una reseña tibia, pero yo estoy convencida de que también se puede hacer una reseña desde la extrañeza.

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Cuando los críticos no entendemos algo, describimos. Es una cosa de miedo: miedo a no entender, pues, pero, sobre todo, a decir una idiotez. ¿Y si éste es el próximo revolucionario del arte? Y uno aquí diciendo que no entiende su obra.

Mal, mal: es el camino al olvido y al escarnio. Un crítico nunca quiere quedar como un ignorante y menos, Dios nos salve, como un tonto. ¿Han visto esas reseñas en las que algún pobre diablo circa 1963 dijo que los Beatles no tenían futuro? Pobre tipo, nadie quiere estar en su lugar. Y menos un crítico de arte. Por eso nadie entiende bien un gran porcentaje de las reseñas de exposiciones y de obras de arte: hay un tremendo temor a decir: OK, no entiendo lo que estoy viendo, no sé a qué tradición pertenece, no sé qué pensar, no sé qué sentir. Auxilio .

Hay críticos que recurren al insulto cada vez que se topan con obras incomprensibles. Eso, muchas veces, es otra máscara del temor. Nadie quiere leer una reseña tibia, pero yo estoy convencida de que también se puede hacer una reseña desde la extrañeza. El arte no se trata de entenderlo todo. El arte puede ser una pregunta.

Así que voy a ser revolucionaria y diré que no entendí nada de Mucho gusto, la exposición del artista puertorriqueño Melvin Martínez en la Casa Maauad (Ignacio M. Altamirano 20, colonia San Rafael).

Voy a describir. Aventuraré por ahí alguna opinión porque para eso me pagan. Melvin Martínez nació en 1976. Es un artista joven que ya ha cosechado reconocimientos internacionales. En México se le conoce poco y no tiene galería. Mucho gusto es una colección de sus trabajos realizados en nuestro país mientras hacía una residencia precisamente en la Casa Maauad, un centro de acogida y de proyectos artísticos.

Las obras de Martínez están hechas con un material de construcción llamado pasta elastomérica que se usa, según me informa Google, para tapar grietas en las paredes. Martínez la usa como pintura y como material moldeable para hacer esculturas y objetos.

¿Cómo son los cuadros de Melvin Martínez? Son tablones de madera a los que parece que alguien les hubiera aventado merengue o espuma de afeitar y encima se hubiera dejado caer de manera errática varios botes de pintura Vinci (las tinturas que usan los niños de primaria) y 2 kilos de brillantina. Algo así como piezas salidas de una papelería.

Pero no son obras desagradables. Se antoja tocarlas. Se ven infantiles y producen reflejos infantiles en el espectador. Cuadros de boligoma y esculturas de elastano. Algunas llevan otros procesos: acabado en cromo que les da una cualidad visual metálica post-punk, o pintura negra con dibujos en forma de telaraña encima. Procesos con los que, me imagino, el artista buscó dotar a su obra de un toque ¿misterioso?, ¿glamouroso?, ¿minimalista?, ¿más adulto? No sé. No me impresiona.

Dice el texto de sala que el artista se inspiró en sus paseos por barrios populares del DF como San Rafael, la Roma y el Centro, así como sus visitas al mercado de La Lagunilla. Bueno. Perdóname, Melvin, I don’t see it. Veo que en algunas piezas trataste de recrear encajes con la pasta elastomérica y que incluso hiciste una especie de textil con hilos hechos a partir de la pasta. Me divierte que te hayas tomado el trabajo de hacer los hilos y de tejerlos, me habría encantado ayudarte, debe hacer sido divertido, pero no veo la influencia mexicana ni creo que el resultado sea muy interesante.

Creo que ese es mi problema con Mucho gusto: no la entendí pero tampoco despierta mi curiosidad. Y arte sin misterio… meh.

concepcion.moreno@eleconomista.mx

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