Érica, Alejandra y Araceli todos los días escuchan la palabra mamá . Ayudan a sus hijos con las labores escolares. Reciben abrazos y amor de sus hijos. Lo hacen desde el penal de Santa Martha Acatitla.

A pesar de que las tres habían experimentado ser madres en libertad con sus primeros hijos, coinciden en que vivir su maternidad en prisión les ha permitido dedicarle más tiempo al cuidado y necesidades de sus pequeños, a pesar del entorno adverso en el que se encuentran.

Cuando tienes a tu hijo no existen las barreras, no existe el otro lado y este lado , afirma Alejandra, quien purga una condena de 50 años por secuestro y trabaja en el reclusorio como asesora de repostería y fondant de otras internas para cubrir los gastos de su nena de 3 años.

Además del cuidado de sus pequeños, sus días pasan entre trabajo y talleres. Araceli decidió retomar sus estudios porque su sentencia está próxima a terminar y anhela el momento de salir de la mano con su hija Sury.

El penal de Santa Martha Acatitla cuenta con poco más de 1,800 internas, de las cuales 75 son madres de 78 niños; de éstos, 55 menores asisten de manera regular al Centro de Desarrollo Infantil (Cendi) Amalia Solórzano Cárdenas, que forma parte de las instalaciones del penal.

Responsabilidades compartidas

Los niños y niñas que permanecen en el penal con sus madres lo hacen a partir de los 45 días de nacidos y hasta los 5 años con 11 meses. En este tiempo, a solicitud de la madre, los menores pueden estar con ellas siempre o sólo por algunos días. Cuando es el caso de que los niños salen, lo hacen con familiares, regularmente los fines de semana.

La educación de los niños es un trabajo conjunto entre las madres, los trabajadores y psicólogos con los que cuenta el Cendi del penal, que brinda un servicio de lunes a viernes de 8:30 a 17:30 horas.

Jéssica Mayde Salazar Sosa, directora del Centro de Desarrollo Infantil, asegura que en su mayoría son mamás comprometidas, mamás disciplinadas que cuidan mucho a sus hijos . A través del Cendi de Santa Martha, dice, se busca igualar lo que cualquier otro centro de afuera hace por los niños, brindarles estructura y valores.

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Entre dos mundos

Muchas de las internas, por la corta edad de sus hijos, deciden no contarles por qué viven entre celdas; la mayoría les dicen que están en una escuela y otras les cuentan que están ahí por portarse mal.

Érica y Alejandra están conscientes de que sus hijos se irán antes de que ellas terminen sus condenas. Érica ya empezó a hablarle a Yosafat, de 4 años, del tema, y aunque él expresa su deseo de quedarse con su madre, ella confía en que con apoyo de los psicólogos podrá convencerlo de que salir es lo mejor.

Alejandra sabe que tiene más tiempo para hacerlo. Sin embargo, su hija ya se empezó a cuestionar el porqué nunca sale su mamá. La niña celebró su fiesta de tres años afuera, en casa de su familia. Y Alejandra le dijo que no pudo asistir, porque tuvo que quedarse a trabajar.

zulleyka.hg@gmail.com