El nuevo libro del periodista Roberto Saviano (el reconocido autor de Gomorra, sobre el funcionamiento de las mafias italianas) se llama CeroCeroCero y lleva el subtítulo Cómo la cocaína gobierna el mundo.

Saviano documenta cómo el origen de ese gobierno subterráneo, que llega a prácticamente todos los países del mundo, de su increíble poder político y económico (no es una forma de hablar, es cierto, es tanto que muchos no lo pueden o quieren creer), está en México , igual que aquí está su principal organización, la del recién apresado Joaquín El Chapo Guzmán (ver páginas 4, 5, 36 y 37 de este diario).

TRES MEXICANOS

Al menos 13 millones de europeos han aspirado cocaína una vez en su vida. El consumo de cocaína en el Reino Unido se ha multiplicado por cuatro en los últimos 10 años. El otrora llamado continente negro ya está prácticamente blanqueado por el polvo estimulante. Con su fragilidad institucional, África es a México lo que un inmenso supermercado al mayorista de alimentos . Esas y muchas otras cosas nos cuenta Saviano sobre el poder de los traficantes de cocaína.

Pero su libro no empieza por ahí, sino por las historias de tres mexicanos: un joven traficante minorista e informante de la policía que al comentar sobre un delincuente italiano mete a Saviano en el tema; don Arturo, un viejo comerciante de opio que se incorpora con gran éxito al de la nueva sustancia y que se sale tras ser testigo de algo verdaderamente atroz; y Miguel Ángel Félix Gallardo, el hombre que le comió el mandado al colombiano Pablo Escobar, que inauguró la noción del cártel de la droga en México y que repartió el país entre los principales delincuentes. No en balde le apodaban El Padrino.

Félix Gallardo fue también el autor de la atrocidad que hizo a don Arturo salirse del negocio y velar porque nadie que le fuera querido entrara al mismo. El secuestro e inenarrable tortura del agente de la DEA Enrique Camarena significó el inicio de la temible escalada de violencia que ha caracterizado al narco mexicano, misma que se potencializó con la captura de Gallardo y el resquebrajamiento de la estructura de poder que había impuesto, y de la que El Chapo Guzmán sería el principal beneficiario.

Roberto Saviano tiene muchos datos. Pero además nos cuenta todo esto (lo que aquí consigno es apenas el inicio de la historia) con una escritura estremecedora y cautivante al mismo tiempo. No trata sólo de informarnos, sino de hacernos partícipes de una historia aterradora. ¿Por qué? Quizá porque, como nos advierte desde el inicio, todos conocemos a alguien que aspira cocaína y que, por lo tanto, forma parte y tiene una responsabilidad, aun si no la puede o no quiere ver, en esta trama.

Las mafias no temen a los escritores; temen a los lectores , dice Saviano en sus agradecimientos. Ojalá sea cierto. Por lo pronto, baste decir que CeroCeroCero es un libro que vale mucho la pena leer.

AMBIENTE PROPICIO

Por cierto, al final, cuando Roberto Saviano agradece a sus principales fuentes, nombra cuerpos policiacos de todo el mundo, empezando por los italianos que lo protegen y sus principales fuentes: los Arma dei Carabinieri, la Guardia di Finanza, las policías de ciudades como Roma, Nápoles o Milán; agradece a agencias estadounidenses como el FBI y la DEA; de España, a las Guardias Civiles; de Gran Bretaña, a Scotland Yard; pero de México (y Colombia) no agradece a un cuerpo, sino a algunos miembros de la Policía Federal.

Esto nos recuerda que no es tanto que los mexicanos tengan un talento especial para el crimen, la violencia o el negocio del tráfico de cocaína, sino que gracias a autoridades corruptas se encontraron en el ambiente ideal para desarrollarlo.