La editorial española Pre-Textos, fundada por Manuel Borrás Arana, Manuel Ramírez Giménez y Silvia Pratdesaba en 1976, ha construido un fondo editorial de más de 1,500 títulos, entre ellos de autores clásicos contemporáneos como Fernando Pessoa, César Vallejo, Federico García Lorca, José Emilio Pacheco o Francisco Brines, reciente ganador del Premio Cervantes, así como traducciones de obras de Chéjov, Baudelaire o Conrad.

Ese mismo sello editorial hace 14 años apostó por publicar al español la obra de la poeta estadounidense Louise Glück, cuando muy contados sabían de ella en nuestra lengua, empezando con El Iris Salvaje, con el que se llevó al Premio Pulitzer, uno de los siete libros que han circulado de la ahora flamante ganadora del Premio Nobel de Literatura 2020 con esta casa editorial. Ahora Pre-Textos enfrenta un entredicho de mercado.

El anuncio de que Glück sería la Nobel 2020 cotizó su obra en todas las lenguas. La demanda comercial por su trabajo fue naturalmente en ascenso después de su encumbramiento público el pasado 8 de octubre desde la Academia Sueca; tanto así que su agente literario, el sonado Andrew Wylie, uno de los más poderosos del mundo en el negocio, con clientes en su haber como Roberto Bolaño, Philip Roth, Salman Rushdie, Mo Yan o Jorge Luis Borges, envió una misiva para romper relación con la editorial ibérica y con el objetivo de vender los derechos de Glück a un mejor postor en nuestra lengua.

Pero no solo eso, a decir de Manuel Borrás Arana en declaraciones para la prensa española, de manera autoritaria Wylie le ha exigido a Pre-Textos que destruya los ejemplares almacenados de los siete libros editados de Glück.

Después de darse a conocer esta situación, autores y editores en España y América han mostrado su respaldo a los responsables de Pre-Textos y condenado las maniobras de interés monetario del agente de la nueva Nobel de Literatura, a quien apodan “El chacal”.

En su columna para la revista digital Frontera D, el poeta Alfonso Vila Frances se pronunció: “comprobar cómo este nuevo premio Nobel que publica, que ha publicado durante más de una década Pre-Textos (y con unas ventas muy escasas de sus libros, más que escasas, casi ridículas...), no trae ninguna buena noticia, sino todo lo contrario, porque muy poco ha tardado su agente en quitarle los derechos a sus antiguos editores; y no contento con semejante bajeza, encima pretende que se destruyan los libros que la editorial ha ido publicando con tanto esmero y con tan poco beneficio”.

“Vendimos más libros de la Nobel en un cuarto de hora que en 14 años”, declaró Manuel Borrás hace dos días al diario El País en la oficina de Pre-Textos.

El poeta, ensayista y traductor argentino Jorge Fondebrider, expresó lo siguiente a través del blog del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires: “quedan pendientes muchas reflexiones que involucran la fidelidad entre autores y editores, el comportamiento de los agentes, el precio de la fama y otras cuestiones igualmente sórdidas que permiten dudar del supuesto humanismo de muchas de las personas involucradas (...) Si Glück no sabe de todas estas maniobras, alguien debería hacer que se entere. Si sabe y las consiente, a pesar de haber ganado una cuantiosa suma con su premio, la que más va a sufrir es la percepción que de su poesía tenemos muchos lectores”.

Este lunes comenzó a circular una carta abierta dirigida a Louise Glück y Andrew Wylie que ha sido firmada por decenas de autores, editores, traductores y más jugadores del gremio editorial en español de ambos lados del Atlántico, entre ellos los autores mexicanos Coral Bracho, Hernán Bravo Varela, Gonzalo Celorio, José María Espinasa, Margo Glantz y Sandra Lorenzano:

“Queremos dejar sentado nuestro descontento por una práctica cada vez más frecuente que denigra la confianza, conspira contra la lealtad y condena a la literatura a ser un producto más del mercado, relativizando los valores humanos de los que se supone debería ser portadora”.

Hace más de 10 días, Manuel Borrás declaró recién que ha hecho llegar una carta a Louise Glück para explicarle la situación. La espera continúa.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx