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Arte e Ideas

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Remedio elegante para curar la cruda

La barbacoa encuentra sus orígenes en el mundo maya, pero es en el altiplano mexicano donde, una vez consumada la Conquista española, se convierte en un magnífico remedio para volver a la vida.

Hace algunos años le propuse a mi médico de cabecera, mi también compadre el doctor Eng hijo, que montáramos un sanatorio de lujo, un pequeño hospital especializado en crudos capaces de pagar, incluso con sus hijos -el comentario viene a cuento por el Día del Niño-, cuando sienten que lo suyo, su mal, ya no es de este mundo y están al acecho de una cura milagrosa.

Dicha clínica brindaría al convaleciente un trato personalizado según la borrachera que se haya puesto, y contribuir así a mejorar el mundo a la vez de conseguir para nosotros una jubilación digna.

Nunca llevamos a cabo tal empresa y ahora leo consternado que, en Las Vegas, Nevada, alguien se nos adelantó para montar, afuera de los casinos, una ambulancia para crudos que, mediante suero, vitaminas y medicamentos, dice curar la resaca en 45 minutos.

Nuestra clínica, sin embargo, sería más elegante, sofisticada, humana. El doctor Eng tenía la misión de profesionalizar al personal en la parte médica y yo, en la histórica e intelectual de nuestros remedios. De aquí, por ejemplo, lo que escribí sobre la barbacoa, manjar capaz de devolverle la vida a un cadáver.

Del maya baalbac´kaab, que significa carne tapada con tierra .

La frase es condensada por los indios taínos en la palabra barbacoa , que denomina asar carne a las brasas, y tal es el término que escuchan y adoptan los españoles para referirse a cualquier tipo de parrillada.

De ahí también surge el término barbacue -tan popular en Estados Unidos- debido a la presencia de piratas ingleses en la zona durante los siglos XVI y XVII.

Por su parte, los cazadores francófonos de Canadá utilizan la frase de la barbe á la queve para indicar un tipo de parrillada en la que se ensarta con una varilla de hierro a la res, de la barba a la cola , para asarla al fuego.

En México, sin embargo, se emplea el término barbacoa no para denominar una parrillada, sino que le da identidad al guiso maya original que es adoptado y enriquecido en el altiplano mexicano, en los que ahora son los estados de Hidalgo, Tlaxcala y el de México, siendo la capital de la República su principal consumidor.

Y si bien antes de la llegada de los españoles se prepara en ciertas ocasiones la carne de conejo, pato, pescado, venado, guajolote, perro e iguana, entre otras, la actual barbacoa -bajo tierra y con la cocción mediante piedras calientes- es de carnero del estado de Hidalgo en general -de Tulancingo y Actopan, en particular.

Para elaborar una barbacoa de carnero -borrego castrado joven que, por edad y corpulencia, deja de ser cordero- se necesita hacer un horno en la tierra de un metro de profundidad; rellenar una tercera parte del fondo y de los lados con piedras que deben calentarse al rojo vivo; tapizar a su vez el horno con pencas de maguey y colocar una olla con agua, garbanzos, arroz, cilantro, papas, zanahorias y chiles; tapar la olla con una rejilla que contenga la carne de carnero y hojas de aguacate envueltas en pencas de maguey y, aparte, las vísceras limpias y sazonadas con chile ancho, especies al gusto y sal; a dicha rejilla también se le tapa con pencas de maguey, una tela mojada, tierra y encima se mantiene una fogata durante varias horas.

Una vez que se destapa el hoyo quedan tres manjares en uno: vísceras, carne y consomé: la Santísima Trinidad de la gastronomía mexicana, pócima de carnero que supera con creces a los medicamentos de una fría e impersonal ambulancia para borrachos en desvelo.

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