Muchas son las batallas que ha peleado la comunidad LGBTTTI a lo largo de la historia, un parteaguas importante en la Ciudad de México fue la primera marcha del orgullo Gay en junio de 1979. Los últimos años han sido productivos para la causa, cuentan sus protagonistas, y muchas acciones en pro se han dado por primera vez en la historia.

En 1982 se llevaron a cabo las primeras jornadas de cultura homosexual; en 1987 se crea la primera organización para luchar contra el sida (Fundasida) en México y se realiza la primera semana cultural Lésbica Gay; en 1996 se forma la primera compañía de danza gay, La Cebra; en el 97 se crea Mix México, Festival de diversidad sexual en cine y video, y al siguiente año se realiza el primer foro de diversidad sexual y derechos humanos en la Asamblea Legislativa y se suprime la homosexualidad como agravante en el delito de corrupción de menores.

Ya en el siglo XX nace el grupo universitario de diversidad sexual, se realiza el primer festival de diversidad sexual juvenil de la CDMX y se logra colocar a la primera mujer diputada local abiertamente lesbiana: Enoé Uranga. En el 2003 se lleva a cabo el primer festival deportivo de diversidad sexual y en el 2008 se aprueba el decálogo por la diversidad. En el 2009 se aprueba el matrimonio igualitario y en el 2010 se celebran los primeros matrimonios entre personas del mismo sexo.

Para el 2015 se declara el 13 de noviembre como día de las personas trans en la CDMX y, el 23 de ese mismo mes, nos convertimos en Ciudad amigable LGBTTTI. Éstos son sólo ejemplos de cómo esta lucha ha ganado terreno y eso había que reconocerlo.

Por eso se otorgan por primera vez los Latin American Pride, que reúnen a nueve países y reconocen a personajes que han dedicado parte de su trayectoria a la promoción del respeto a los derechos, la inclusión y el trato igualitario para la diversidad.

Los galardonados fueron Ophelia Pastrana, por el empoderamiento a la comunidad; Samantha Flores, por el cuidado de los adultos mayores; Luis Adrián Quiroz, por su lucha por dignificar la atención a pacientes con VIH, y Horacio Franco, por su trayectoria profesional y empoderamiento de la comunidad gay. Como homenaje póstumo, la familia del maestro Carlos Monsiváis también recibió un reconocimiento, por sus aportes culturales y ser pionero en la lucha por la igualdad.

Un sexto premio vino para Linda Atach, directora de exposiciones temporales del Museo Memoria y Tolerancia, mismo que fue sede del evento y que alberga la exposición temporal LGBT+ Identidad, amor y sexualidad, la cual aplaza su estancia hasta el 29 de julio para posteriormente viajar a otros estados e incluso países, como Brasil, que ya han alzado la mano para recibir esta exposición.

México está experimentando una mayor inclusión LGBT+ en diferentes áreas de la sociedad. “Queremos darle fondo a lo que ya tiene forma, a 40 años de la Marcha del orgullo Gay y próxima a realizarse (esta sábado 23 de junio), queremos recordar el origen de esta labor, cada quien a su manera celebra y nosotros buscamos que en nuestros premiados se refleje el orgullo y el trabajo que implica alzar la voz. Necesitamos tener unidad, no es una celebración de México, toda Latinoamérica se integra y esa unión hace algo diferente”, dijo Héctor Quintero, director general de Jubileo y organizador de los premios.

Al recibir el premio, Ophelia aseguró que para ella es complejo recibir este tipo de reconocimientos, “porque vivo de comunicar y darle visibilidad a la comunidad LGBT+, pero hay gente que trabaja tanto y que no tienen cómo comunicar lo que están haciendo, ellos deberían ser los premiados. Yo soy sólo un megáfono y les digo a todos los que sí están haciendo la chamba, úsenme, me pongo a su disposición para comunicar lo que se está haciendo. Acepto el premio con el fin de que se visibilice el trabajo de muchos”.

En su oportunidad, Horacio reafirmó la responsabilidad de recibir este premio que por primera vez se otorga “porque engloba muchas cosas y es histórico, primero por aglutinar a todos los países de habla hispana, las comunidades tan diversas de cada país, después, que un museo esté arropando el evento y también que se reconozcan las épocas pasadas con Carlos Monsiváis, pues en esos años todo era ilegal, penado y castigado por las instituciones y la sociedad. Han transcurrido 40 años de marcha y la sociedad ha cambiado muchísimo, en algunas cosas estamos mejor que antes y este premio tiene una personalidad al reconocer toda la gama de necesidades que tenemos; más que un premio es un enorme reto y responsabilidad, que tenemos como activistas, para ayudar a la gente a reeducarnos en los valores y quitar los prejuicios”.

En entrevista, Beatriz Sánchez Monsiváis, prima del escritor, aseguró que él estaría contento, porque es una de las causas que defendió, “sus escritos y su museo nos hablan de la diversidad sexual. Nosotros estamos muy honrados porque somos parte de estas ideas de no discriminación, tolerancia e inclusión; felicito a la comunidad por estos esfuerzos y exposiciones que nos ayudan a los ciudadanos a tener tolerancia y tratar de desarrollar una educación mucho más incluyente”.

Dijo que para ellos la labor como familia es tratar de que él continúe en la memoria de la ciudad y el país y que también se vean todas las causas que él defendió, como ésta.

nelly.toche@eleconomista.mx