Las redes sociales, cuan útiles que son, también son hogueras para el linchamiento público.

Este sábado, a través de su espacio en la revista digital emeequis, Gibrán Ramírez Reyes publicó un artículo titulado Racismo, casta y el restaurante de Elena Reygadas . En dicho miniensayo sobre un problema social de un espectro mucho más amplio, Ramírez Reyes acusa actos discriminatorios en contra de uno de sus seres más queridos .

Tras su publicación, el artículo de Ramírez Reyes ha sido compartido más de 600 veces en Facebook y ha sido publicado en al menos cinco ocasiones en la cuenta de Twitter de emeequis. En todos los casos, comentarios agresivos, generados en gran medida por la redacción incendiaria del autor, acompañaron su re publicación.

EMEEQUIS: Racismo, casta y el restaurante de Elena Reygadas

No obstante, de entrada y objetivamente, el problema de este artículo es su rigor periodístico; los personajes y los relatos bien podrían ser ficticios, además de que el autor no hizo esfuerzo alguno por contactar a la chef Elena Reygadas, para aclarar los presuntos actos discriminatorios. Sólo se limitó a escribir que ni siquiera por Facebook o Twitter se dan por notificados (la aludida) de esos episodios y simplemente los ignoran .

Si bien Gibrán Ramírez tiene un punto no está descubriendo el hilo negro, México es racista, pero también somos voluntariosos y berrinchudos no aporta nada a terminar con el fenómeno racista en el país; no está haciendo el objeto de su crítica al sistema, a las grandes corporaciones encargadas de perpetuar un genotipo a través de su publicidad, sino a una de las emprendedoras jóvenes que buscan trascender en un medio sumamente competitivo y cerrado, el gastronómico.

Elena Reygadas es por derecho propio una de las principales responsables de que el panorama culinario de la ciudad de México esté cambiando para bien y coloque a la capital del país como destino gastronómico a nivel mundial. Léase 52 Places to Go in 2016 de The New York Times.

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Sin culpar de nada al ser más querido del autor, como comensal de muchos años me veo en la obligación de aclarar para los que no saben que las normas de etiqueta de los restaurantes obligan en muchos casos a hacer una reservación, incluso hasta con mucho tiempo de antelación. Y sí, incluso aunque haya mesas vacías, las cuales son reservadas durante el tiempo que considere necesario el restaurant, previo a la llegada de quien tuvo la cortesía de llamar.

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Alegar racismo en un caso que bien pudo tratarse de una falta de conocimiento o criterio es, si vale el término, una injusticia.

Es injusto porque se ataca de manera alevosa a un proyecto y fuente de trabajo, por un berrinche al nivel del que protagonizara Lady Profeco en abril del 2013, cuando, por no tener reservación, se le asignara una mesa que no le gustó en el Maximo Bistrot, del chef Eduardo García. Sólo que en lugar de papá procurador, Ramírez Reyes acude a las redes sociales por confort y para rostizar al objeto de su malestar.

El medio gastronómico chilango es la fuente de ingresos y plataforma empresarial para miles de personas, muchas de ellas la gran mayoría, me atrevo a asegurar morenas, como usted o como yo, Gibrán.

A nivel más profundo, es lamentable que un artículo con pretensiones reaccionarias busque lastimar la reputación y el trabajo duro de una joven mexicana. Todo, por unas lecturas y unos likes.

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