La tarde de este jueves se inauguró en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) de la UNAM la exposición Una carta siempre llega a su destino. Los Archivos Barragán, de la artista Jill Magid, la cual ha generado una gran polémica alrededor de la pieza The Proposal, el anillo con un diamante creado a partir de las cenizas del arquitecto mexicano Luis Barragán.

Ante la discusión generada por dicha pieza, el MUAC abrió una serie de mesas de diálogo a partir del trabajo de Magid. En el ciclo denominado Diálogos Abiertos, la mesa Obra, Fetiche y Ley tuvo lugar la mañana previa a la inauguración, donde participaron la misma Jill Magid, Enrique X. de Anda, investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM; César Cervantes Tezcucano, promotor cultural; Cuauhtémoc Medina, curador en jefe del MUAC; Ismael Reyes Retana, abogado y socio de White & Case, y Luis Vega García, catedrático de la Facultad de Derecho. La mesa fue moderada por Ricardo Raphael, director del Centro Cultural Universitario Tlatelolco.

La primera sesión giró en torno a la necesidad de contestar una serie de preguntas planteadas por Raphael de la Madrid: ¿Cuáles son los límites y los alcances de la UNAM en la provocación y la creación artística?, ¿cuál habría sido la voluntad de Luis Barragán en cuanto al manejo tanto de sus cenizas como de su archivo?, ¿quién tiene autoridad sobre los deseos de Barragán?, ¿está dentro del marco legal el trabajo realizado por Jill Magid?, y sobre todo, ¿está equivocada la política de archivos en nuestro país?

La postura de Magid fue: Antes que nada, soy una artista. El trabajo de un artista es formular preguntas. Lo que estoy haciendo es explorar a través de mis preguntas y de mi trabajo. (...) Comencé a hacer preguntas sobre Barragán para conocer más, y me di cuenta de las condiciones del estatus de los archivos . Explicó que al querer acceder al archivo profesional del arquitecto fue que surgió la cuestión de las estructuras de poder sobre la información y cómo se construye el legado. A partir de ahí la idea fue tomando forma y la obra tomó vida propia .

Por su parte, el curador Cuauhtémoc Medina reflexionó sobre la pieza desde el punto de vista de la ética: Ésta, por supuesto, guarda un lugar paradójico y complejo, porque no es el del derecho y tampoco el de la moral individual , dice, haciendo hincapié en que no es un tema que se pueda imponer a los demás. Un museo o una práctica de curador encierra una complejidad ética. Nosotros guardamos la tradición del arte moderno y contemporáneo, que (a diferencia del arte tradicional) ha funcionado confrontando la sociedad de su época , explica Medina.

En el tema legal, Ismael Reyes Retana aseguró que no existe una violación a las leyes por parte de la artista. Toda la familia (Barragán), la artista y las autoridades actuaron completamente con apego al derecho . Reyes aprovechó para tratar de contestar la pregunta sobre cuál habría sido la voluntad del arquitecto: Aquí entraríamos al terreno de las especulaciones. Cuando no hay una voluntad expresa del que se llama disponente , existen regulados los disponentes secundarios , la familia, y se va estableciendo cierto orden sobre quiénes pueden disponer de los restos (de una persona) .

En otro momento, Cuauhtémoc Medina hizo un ejercicio de confrontación entre lo artístico, lo ético y lo legal. En lugar de que podamos abordar la complejidad del tema ético, inmediatamente lo judicializamos. Hemos elaborado toda una serie de argumentos en la escena pública (...) en donde la materia no es la reflexión acerca de cómo se procede (...) es muy característico que la argumentación quiera seguir dándole vueltas insistentemente sobre la pregunta de los permisos , cuando hay una historia detrás de la obra .

mariana.ampudia@eleconomista.mx