Portugal, patria del premio Nobel de Literatura José Saramago, fallecido el viernes a los 87 años en la isla española de Lanzarote, rindió este domingo un último homenaje a su hijo rebelde.

La muerte del escritor, que se autodefinía como un comunista libertario suscitó una gran conmoción popular en Portugal, en donde un duelo nacional de dos días fue decretado en honor al único autor lusófono en haber recibido el Nobel, distinción que la fundación sueca le otorgó en 1998.

Más de 20,000 personas, según la policía, se recogieron a lo largo del fin de semana delante de los restos de Saramago, expuestos en la alcaldía de Lisboa. Desfilaron personalidades, pero sobre todo anónimos, muchos de los cuales dijeron que no leyeron sus libros , pero que lloraban la muerte de un defensor de los oprimidos.

Gracias, obrero de las palabras que te pusiste al servicio de los humildes , se podía leer en el libro de oro abierto en la capilla ardiente, en donde numerosas personas llevaban un clavel rojo, símbolo de la revolución en las ceremonias del jefe de Estado, Anibal Cavaco Silva, que se encuentra de vacaciones en las Azores. El presidente debería estar aquí, Saramago lo merece , se quejó una mujer mientras que otra observaba sonriendo: ¡No me sorprende! De todas maneras, Saramago no lo quería... .

Cavaco Silva, católico de derecha, era Primer Ministro en 1993, cuando el gobierno portugués vetó la candidatura de Saramago a un premio literario juzgando que su novela El Evangelio según Jesucristo era un ataque al patrimonio religioso nacional.

Furioso, estimándose víctima de censura , Saramago abandonó el país para instalarse en las islas Canarias, en España, en donde vivió hasta su muerte.

Desde las Azores, el presidente minimizó la polémica estéril sobre su ausencia en los funerales.

Al final de la mañana, una ceremonia reunió a múltiples allegados del escritor y a diversas personalidades, entre las que se encontraban el primer ministro Socialista, José Socrates; la vicepresidenta del gobierno español, María Teresa Fernández de la Vega, y Jerónimo de Souda, dirigente del Partido Comunista, al que Saramago fue fiel desde 1969, entre otros.

Luego de la ceremonia, cuando se levantó el féretro cubierto con una bandera portuguesa, los presentes aclamaron al fallecido. ¡Gracias! ¡Gracias! , gritaron centenares de personas, algunas en llantos, otras con los puños alzados. Sus restos fueron luego incinerados en el cementerio.

Su muerte no fue indiferente al ambiente deportivo lusitano y la Federación de Futbol (FPF) solicitó a la Internacional (FIFA) autorización para que sus jugadores porten el lunes brazaletes negros.