Bien decía Benjamin Franklin que en este mundo no hay nada cierto, salvo la muerte y los impuestos. Sin embargo, para la mayoría de las personas, y en la mayoría de las culturas, la propia mortalidad no es algo sobre lo que nos guste reflexionar. Parecería que pensar en nuestra propia muerte es algo deprimente. Pero podríamos estar equivocados.

Un análisis publicado en línea en abril de este año y en la edición impresa de este mes de la revista Personality and Social Psychology Review sugiere que reflexionar sobre la muerte puede motivar a las personas a mejorar su salud física y ayudar a priorizar las metas relacionadas con el crecimiento personal . De acuerdo a los autores, incluso pensar en la muerte de forma inconsciente, por ejemplo, durante una visita al cementerio, puede promover cambios positivos en el individuo como el deseo de ayudar a otros.

EVIDENCIA EXPERIMENTAL

Hasta ahora, la mayoría de los psicólogos suponían, de acuerdo a la Teoría del Manejo del Terror (TMT), que el reconocimiento de la inevitabilidad de la muerte produce impactos negativos en el individuo, pero Kenneth Vail de la Universidad de Missouri y sus colaboradores decidieron explorar el lado opuesto de la moneda, es decir, los beneficios potenciales.

Vail y sus colegas realizaron una revisión exhaustiva de investigaciones publicadas recientemente sobre el tema, analizando numerosos ejemplos de experimentos, tanto en el laboratorio como de campo, que sugieren que existe un lado positivo al recordar nuestra propia mortalidad.

En una de esas investigaciones, realizada por Matthew Gailliot y colaboradores en 2008, se analizó cómo el solo hecho de estar físicamente cerca de un cementerio afecta el deseo de una persona por ayudar a un extraño. Los investigadores observaron a personas que (1) caminaban por un cementerio o (2) se encontraban lejos del mismo. En ambos sitios un grupo de actores discutía, cerca de los sujetos de estudio, sobre el valor de ayudar a otros o sobre un tema control. Poco después, otro actor dejaba caer su libreta. Cuando se destacó el valor de ayudar a otros (con la charla de los actores), el número de participantes que ayudaron al actor a recuperar su libreta fue 40% mayor en el cementerio que lejos de éste explica Vail a El Economista. Nuestro análisis sugiere que la cercanía a la idea de la muerte puede motivar una mayor expresión de tolerancia, igualdad, compasión, empatía y pacifismo.

Otros experimentos de campo y experimentos altamente controlados en el laboratorio han tenido resultados similares .

El trabajo de Vail sugiere que pensar sobre la muerte también puede promover una mejor salud al tomar decisiones sobre usar bloqueador solar, fumar menos o hacer más ejercicio. Por ejemplo, en 2011 Douglas Cooper mostró que pensar en la muerte aumenta en las participantes la intención de llevar a cabo una autoexploración de los senos comparadas quienes no piensan en la muerte.

El punto crucial que parece explicar las diferencias entre los estudios previos y el trabajo de Vail es cómo se le recuerda a las personas la muerte. Para Vail es muy importante centrar las investigaciones en comprender mejor cómo las motivaciones promovidas por la consciencia de la muerte pueden mejorar la vida de las personas, más que estudiar cómo puede causar malestar y actitudes negativas . Si este nuevo modelo es correcto, afrontar la muerte como parte natural de la vida nos haría mejores y más felices.

Mientras en otras culturas la palabra muerte es impronunciable, los mexicanos, en contraste, la hacemos parte de nuestra cultura, bromeamos sobre ella, nos la comemos en forma de calaveras de azúcar, la hacemos poema, la conmemoramos. Quizás estemos en el camino correcto. Escriben los autores en el artículo: Bailar con la muerte puede ser un paso delicado pero potencialmente elegante hacia vivir una vida mejor .

laura.vargas@eleconomista.mx