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Arte e Ideas

Lectura 4:00 min

Para empezar a leer a Roald Dahl

Valga la recomendación de un autor cuya relectura me provocó un goce aún mayor que cuando lo leí por primera vez.

Los cuentistas de la Gran Bretaña suelen ser sorprendentes. Tal vez sea por su carácter, agrio y altivo a la vez, por su historia común llenas de aventuras, conquistas, guerras y fantasmas; por su cercanía con el mar y la educación rígida que reciben en sus institutos y universidades, lo que los convierte en escritores que, para expresar lo que en realidad piensan, se valen de una inteligencia que en sus cuentos se traduce en humor negro, en cierto desenfado para transgredir la propia instrucción disciplinada, dando con ello en el clavo o en el milagro del fenómeno literario: decir lo más con lo menos y que sea más importante lo que se dice sin decir que las líneas literales de la trama.

Dentro de estas características caben cuentistas de la isla y de regiones colonizadas que aquí, por razones de espacio, sería un despropósito mencionar. Valga por el momento, pues, la recomendación de un autor que acabo de releer y que, al adentrarme tanto en sus ficciones como en sus primeras historias de no-ficción, me provocó un goce aún mayor que cuando lo leí por primera vez.

Me refiero a Roald Dahl (Gales, 1916- Buckinghamshire, 1990) y a su libro The Wonderful Store of Henry Sugar que, Julio Vivas, tradujo como Historias fantásticas en las cada vez más descuidadas ediciones Compactos de Anagrama, un sello de Jorge Herralde que, hará 20 o 30 años, era un referente obligado de las editoriales independientes españolas y, que hoy, tras años de indolencia, lo está adquiriendo el italiano, editor y librero, Carlo Feltrinelli.

A pesar de que el libro en cuestión no contiene la unidad temática o de concepto que suelen poseer los volúmenes de cuentos, pues igual combina textos fantásticos con otros que se podrían denominar realistas o, bien, en un par de casos, relatos investigados o sucedidos al propio Dahl, Historias fantásticas -en el que figura su primera crónica, escrita por encargo de C. S. Forester- es una buena puerta para empezar a conocer la obra de un autor que lo mismo escribió cuento para adultos y para niños, poesía infantil, novela, autobiografía, dramaturgia, crítica y guión para cine y televisión.

El libro abre con un cuento que bien podría denominarse infantil pues los personajes principales son un niño y una tortuga marina que se enfrentan, de manera fantástica, al mundo de los adultos; sigue con la ficción de un ladrón de los de antes, es decir, de uno de esos personajes que han llevado su forma de vida al nivel del arte o de la magia; El tesoro de Mildehall narra la historia real, investigada por el autor, de una fortuna en antigüedades romanas descubierta por un campesino en la Gran Bretaña; continúa con la naturaleza cruel de los niños que, en su inocencia , son capaces de llevar a cabo las peores atrocidades; sigue con el relato de un aristócrata aburrido que, por azar, encuentra el camino para darle sentido a su vida; Racha de suerte narra cómo el propio Roald Dahl se convirtió en escritor y devela algunos secretos de su quehacer literario, mientras que Pan comido , primer escrito del galés, narra una de sus aventuras como piloto aviador.

Para despertar un poco más la curiosidad del lector, baste añadir que Dahl es el inventor de varias historias llevadas al cine, como Charlie y la fábrica de chocolate, Matilda o Jim y el durazno gigante, y que Man from the South fue filmado por Alfred Hitchcock.

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