La monumentalidad del Palacio Nacional es apabullante. Una onda mística nos sobrecoge cuando recorremos los serenos patios marianos o el Recinto a Juárez, imaginamos lejanas historias al contemplar la escalera de la emperatriz o el salón de la Tesorería  y los murales de Rivera nos dejan sin aliento.

Pero los detalles de su historia se cuentan en los objetos. En los cientos, o quizá miles, de piezas, muebles, documentos, pinturas y  fotografías guardados celosamente, por siglos, en cada uno de sus rincones, que formaron parte de episodios, a veces poco conocidos, de la historia nacional.