Los dioses del Coatépetl combatían entre sí, pero también se tendían la mano, y los templos y adoratorios de México-Tenochtitlan expresaban esa simbiosis. Frente al adoratorio de Tláloc, deidad fecunda que residía en el Templo Mayor, estaba el templo consagrado a Ehécatl, divinidad que con sus vientos benignos barría los cielos y atraía la lluvia , explica el arqueólogo Raúl Barrera, supervisor del Programa de Arqueología Urbana (PAU), del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), cuyo equipo descubrió, en enero del 2010, los vestigios de este edificio de más de 500 años de antigüedad, en un predio a espaldas de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, y que este miércoles dieron a conocer oficialmente la Presidencia de la República y la Secretaría de Cultura.

Producto de más de siete años de trabajo, el equipo arqueológico ha identificado a plenitud y desenterrado parcialmente el templo de Ehécatl, cuyo origen se remonta al periodo 1481-1486; que tiene una estructura rectangular de 34 a 36 metros de longitud y, en su parte posterior, adosados dos cuerpos circulares, el mayor con 18 metros de diámetro aproximadamente, que se encuentran separados por un andador de 1.10 metros.

Durante las excavaciones en el predio de la calle Guatemala 16, el PAU descubrió también los restos de un teotlachco o juego de pelota de los dioses mexicas del cual se tenía un indicio desde el 2005 pero que fue excavado y confirmado en el 2014.

Se trata de una plataforma de 9 metros de ancho limitada por el cabezal poniente de dicha edificación. En este espacio, que estaba alineado al adoratorio de Huitzilopochtli, dios tutelar del imperio, que compartía la cima del Templo Mayor –representación del Coatépetl con el del Tláloc, se detectaron los restos de una escalinata por donde debieron ingresar los combatientes a la cancha del juego ritual.

Así lo anunciaron, en conferencia de prensa, la secretaria de Cultura, María Cristina García Cepeda, acompañada del vocero de la Presidencia de la República, Eduardo Sánchez; el director general del INAH, Diego Prieto, del arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, profesor emérito del INAH, director del Proyecto Arqueológico Templo Mayor y fundador del PAU y del arqueólogo Raúl Barrera.

La evidencia arqueológica muestra que el templo de Ehécatl estuvo más cerca del adoratorio a Tláloc de lo que supuso Ignacio Marquina en los años 60 del siglo pasado. El célebre arqueólogo y arquitecto realizó un plano, basado en las fuentes del siglo XVI y en los hallazgos realizados hasta entonces, donde ubicó de manera hipotética los principales edificios del recinto tenochca.

Para el arqueólogo Barrera, la trascendencia de estos hallazgos consiste en que, poco a poco, el dato arqueológico va confirmando o corrigiendo la documentación histórica sobre lo que fue el centro ceremonial de México-Tenochtitlan, el cual se extendía por aproximadamente un cuadrángulo de 500 metros por lado con 78 edificaciones .

En la estructura del templo de Ehécatl encontrada se han podido corroborar tres etapas constructivas y por sus características arquitectónicas corresponden a las fases V, VI y VII del Templo Mayor (1481-1521) durante los periodos de gobierno de los tlatoanis Tízoc, Ahuízotl y Moctezuma Xocoyotzin. La última etapa es la que pudieron haber visto los conquistadores españoles a su llegada y que consignaron en sus relatos.

Por su parte, el juego de pelota luce con una plataforma de por lo menos 9 metros de ancho, un muro estucado en talud hacia el sur con una elevación de entre 1.75 y 2.15 metros, mientras que hacia el norte presenta escalinatas de cuatro peldaños que desplantan de un zócalo elevado sobre un piso de lajas, refiere la arqueóloga Lorena Vázquez Vallín.

Se presume que ambos edificios, el juego de pelota y el templo de Ehécatl separados por poco menos de siete metros estuvieron en uso desde 1481 hasta 1519, coincidiendo con el arribo de los españoles. Consumada la conquista, los edificios tenochcas fueron desmantelados paulatinamente en periodos posteriores para construir la capital virreinal.

Las fuentes históricas refieren que Hernán Cortés conoció el recinto sagrado de Tenochtitlan en compañía del tlatoani Moctezuma Xocoyotzin, quien le dio un recorrido por sus principales edificios, e incluso se dice que tuvo la oportunidad de observar el desarrollo de un juego de pelota, muy probablemente en la cancha principal, cuyos restos se han ido verificando en distintos salvamentos arqueológicos , apuntala Raúl Barrera.

Bajo el piso de la escalinata del juego de pelota, a 60 cm de profundidad en una fosa de 45 cm de diámetro, el equipo de arqueólogos ubicó una ofrenda excepcional , revela Vázquez Vallín, la única oblación ritual hallada hasta ahora en las excavaciones de Guatemala 16.

Al interior de la fosa, se colocaron grupos de vértebras cervicales articuladas, y un par de fragmentos de navajillas de obsidiana que correspondían a una treintena de individuos niños y jóvenes , detalla la arqueóloga Lorena Vázquez, del PAU, y propone que podría tratarse de una ofrenda de clausura de una de las tres etapas constructivas.

El conocimiento y la preservación del Templo de Ehécatl y del Juego de Pelota es fruto de la colaboración de varios profesionales, quienes se han comprometido con su rescate en diversas temporadas de trabajo en los últimos siete años: los arqueólogos Iván Urdapilleta, Israel Fuentes, Lorena Vázquez, Ingrid Trejo, Sandra Liliana Ramírez, Moramay Estrada, José María García, Eduardo Ambrosio Lima, Miguel Guadarrama y Mariel de Lourdes Mera Cáceres; así como las restauradoras Federica Grifi y Patricia Campos Díaz.

erp