Llega esa época épica del año en la que no sé si entregarme a la euforia o irme a encerrar a un hospital psiquiátrico. El aire de otoño me hace pedazos: significa que tengo que irme a Morelia a cubrir el Festival Internacional de Cine.

No me quejo. La verdad es que me la paso muy bien. Yo soy de esos cinéfilos que pueden pasarse todo el día en la sala viendo movies y luego irme a mi cuarto de hotel y revisar Netflix. Amo el cine. Sin el cine yo no sería yo.

Pero, ah, Morelia, como me pones loca. Entrar y salir de las salas, película tras película y luego escribir algo que tenga sentido para que ustedes no noten que estoy perdiendo la razón. Morelia: mi pasión, mi sufrimiento. Respira, Concha, respira.

Luego de esta confesión no pedida, lo importante: Morelia, que en el 2017 cumple 15 años, está rebueno. No es sorpresa que hoy sea el festival de cine más importante de México. Se traen los estrenos internacionales más interesantes y se podría hacer una buena cobertura sólo de ellos. No quiero ser injusta con la selección oficial; es decir, con las películas mexicanas que concursan, pero los estrenos internacionales son muy atractivos y yo soy una loba hambrienta de carne.

Me refiero a que, la neta, qué películas tan fregonas traen este año.

Para empezar, estrenan Happy End, de Michael Haneke. Ya tengo miedo. Haneke es uno de los grandes, pero sus películas son un homenaje a lo sórdido. Yo tengo una regla: ver todo lo de Haneke, pero sólo una vez, porque siempre salgo con el estómago volteado. Y no es porque Haneke sea gore, no lo necesita, es un narrador exquisito de las esquinas oscuras de la condición humana. Lo amo.

Uy, ésta es buena: el tío Woody Allen trae a Morelia Wonder Wheel, su película de otoño. Woody filma dos películas al año, la de primavera y la de otoño. Siempre tiene repartos geniales. En este caso la estrella es Kate Winslet, actriz a la que admiro desde Titanic (ella es lo único bueno de Titanic). Uy, no puedo esperar. Espero que no me ganen los boletos.

Aki Kaurismäki, el finlandés más borracho de la historia, está presente con The Other Side of Hope. Kaurismäki es muy divertido; hasta cuando hace dramas es divertido. Tiene este ritmo envidiable para narrar que ya quisieran un montón de dizque grandes cineastas gringos.

No sé cuál cinta me llama más la atención, si la nueva de Todd Haynes o la de Stephen Frears. Haynes ha recibido reseñas mixtas por su Wonderstruck, película con la que está en Morelia, una historia de infancia y misterios. Frears, un cineasta discreto pero siempre atinado, estrena Victoria and Abdul, con Judi Dench. Dench no rompe la tradición y otra vez representa a una reina, en este caso a la reina Victoria en un episodio poco conocido de su vida: su amistad con un joven sirviente indio. Ambas suenan bien, ¿no?

Nunca sé qué pensar cuando veo que George Clooney dirige una película. Me encantó Buenas noches y buena suerte y Leatherheads, pero otras que ha dirigido no tanto. Bueno, El buen pastor es buena... Tal vez es que soy tonta. En fin, Clooney dirige Suburbicon, una historia de cómo la tranquilidad suburbana es un espejismo, ese tema que tanto obsesiona a los gringos. La verdad es que Clooney es lo que menos importa: ¡el guión es de los hermanos Coen!

Como el Festival Internacional de Cine de Morelia tiene un maravilloso acuerdo con el Festival de Cannes, cada año se exhibe la cinta ganadora del certamen francés. En este caso se trata de The Square, de Ruben Östlund (no confundir con el documental homónimo disponible en Netflix), una comedia protagonizada por Elisabeth Moss. Ya deberíamos decirlo: de Mad Men la única que sobrevivió fue Moss.

Por supuesto hay más películas, muchas de las que no tengo idea (ni siquiera he hablado de los documentales) y que siempre son sabrosas sorpresas. Ya les diré.

Oh, Morelia.