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Arte e Ideas

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Lucy: pseudociencia y balazos, ¡queremos más sangre!

A veces hace falta más tripa y menos cerebro. Especialmente cuando el cerebro es estúpido

No es algo que me oirán decir mucho pero he aquí una película a la que le falta más violencia.

A veces una historia necesita sangre, gore, tripas, todo eso para tener sentido. Creo con todo mi corazón (y mis intestinos salidos) que a Lucy de Luc Besson (El quinto elemento, Nikita) le hizo falta más trancazos.

Lucy (sin apellido, interpretada por Scarlett Johansson, sex symbol del momento, una experta en pasar de femme fatale a damisela en apuros para luego convertirse en superheroína) no sabe en la que se metió cuando, por razones que dejo sin explicar, acaba en el mismo cuarto de hotel que un don de la mafia china. Cuando menos se da cuenta, va una cirugía en la barriga y, convertida en una mula de lujo, con un kilo de una droga azul (hello, Heisenberg y Breaking Bad; la película de Besson siempre son derivativas) en su interior con destino a Europa.

Pero las cosas, claro, no salen como los malos esperan. El paquete de la sustancia se revienta y de pronto Lucy, una party girl normal - es decir, no muy brillante- se vuelve no sólo un genio capaz de aprender chino en una hora sino también una máquina de matar.

Corte a: Morgan Freeman, un neurocientífico de lo más avanzado que afirma que los seres humanos, reyes de la creación, sólo utilizan el 10 por ciento de su cerebro. ¿Qué? Si usted está medianamente informado del funcionamiento del cerebro, sabrá que eso es un sinsentido: usamos diferentes partes de nuestro cerebro para distintas funciones, nada de porcentajes. Pero, hey, eso no suena tan cool como una droga azul que prende la áreas oscuras del cerebro.

Que es exactamente lo que le pasa a Lucy. A lo largo de la cinta nos van informando el avance del cerebro de la Johansson: 30, 40%. Medio kilo de droga la convierte en algo así como un ser primordial que puede transformar su cuerpo a voluntad, viajar en el tiempo y controlar computadoras y todas las ondas electromagnéticas.

Digo, podría Lucy haber sido una buena película de superhéroes hecha al estilo Besson, o sea, como una copia europea (dizque artística) del cine de acción de Hong Kong (lo que es decir: ¡sangre!). La cinta discurre como un viaje psudofilosófico, pseudocientífico, por la condición humana.

De pronto Freeman dice alguna obviedad y eso es recibida con fanfarria como si revelara el sentido de la vida y todas las repuestas a todas las preguntas. Lucy, por cierto, es el nombre de la primera mujer, el ser humano más antiguo del que se tiene registro. Oh, wow. Un ingenio medio estúpido el de Besson.

¿Saben que le habría dado buen contraste? ¡Sangre! ¡Queremos ver a Lucy matar! Y sí mata, pero un toque ultraviolencia le habría dado el piquete a este café aguado.

Es uno de esos casos en los que el tratamiento mainstream mata lo que podría haber sido una buena cinta. No lo niego, es entretenida pero eso es todo. Mala ciencia y una trama tibia. ¿Gastar para un boleto? Mejor búsquenla pirata en algún puesto digno de Hong Kong.

concepcion.moreno@eleconomista.mx

mac

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