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Los rusos, chinos e iraníes sí le creen a House of Cards
La polémica y aclamada serie de Netflix regresa en su sexta y última temporada con Claire Underwood al frente de la Casa Blanca.

Foto: AP
El presidente Trump debería de echar un ojo sobre los hábitos de consumo televisivo de Vladimir Putin, para tener una idea de lo que el presidente ruso realmente piensa de él.
Putin es fanático de House of Cards, el drama de Netflix cuyos protagonistas son políticos despectivos, intrigantes y asesinos. El día de hoy llega la sexta y última temporada de la serie.
En su libro Todos los hombres del Kremlin, escribe el periodista ruso Mikhail Zygar, que Putin ha recomendado la serie a funcionarios como una forma de comprender mejor a los Estados Unidos y “afirmó su creencia de que los políticos occidentales son todos unos cínicos sinvergüenzas”.
Para los estadounidenses, House of Cards es una telenovela cuyo ángulo narrativo revela un oscuro retrato de la política de su país; la búsqueda del poder ilimitado por parte de Frank Underwood (interpretado por Kevin Spacey) y su esposa, Claire (interpretada por Robin Wright) ha reflejado y reforzado la creciente percepción pública de que Washington es un terruño corrupto y egoísta.
Pero en el extranjero, House of Cards tiene, probablemente, un impacto dañino: tiene mucho éxito entre las audiencias que saben poco sobre la democracia estadounidense y que, como Putin, pueden encontrar en ella un concepto distorsionado sobre la maquinara política de Washington.
Para muchos extranjeros la serie es una pieza venenosa de poder blando con la que Estados Unidos valida teorías de conspiración y propaganda antiamericana de sus rivales como son: Rusia, China e incluso Irán, países que tienen muchísimos seguidores de la serie.
Spacey, a pesar de haber desaparecido de la sexta temporada debido al escándalo de abusos sexuales, es considerado pionero en la interpretación de un personaje cínico de la política.
Mientras que series como Homeland, Scandal y Veep han abordado temas similares, la de Netflix ha seducido a audiencias globales por su presupuesto de producción, el elenco y su guion.
Para los televidentes internacionales que viven bajo regímenes hostiles, esta serie bien producida sobre Washington ofrece una verdad tácita sobre la duplicidad del poder estadounidense, y sus respectivos gobiernos han estado muy felices de que sus ciudadanos crean que estas tramas oscuras son reales.
Desde su debut, la serie ha despertado interés en millones de espectadores en China, así como a los principales líderes del Partido Comunista.
Netflix no está disponible en China (y no publica ningún dato sobre la audiencia), pero House of Cards ha recibido millones de descargas a través de páginas piratas y sitios web como SohuTV, que se hizo de los derechos de la serie.
Guerra comercial entre China y Estados Unidos
En la segunda temporada, un oligarca chino intenta influir en unas elecciones estadounidenses e inclusive, nace la posibilidad que se detone una guerra comercial entre China y Estados Unidos. En la primera temporada, el sitio Sohu recibió 24.5 millones de espectadores, la mayor parte residentes de Beijing y funcionarios del gobierno.
“House of Cards tuvo un gran impacto en China”, dijo Tom Doctoroff, jefe de Información Cultural de Prophet, una consultora de mercadotecnia, y experto en el mercado chino, “porque esencialmente confirmó que nuestro gobierno no es tan diferente al suyo”.
El presidente Xi Jinping durante su visita a Estados Unidos en el 2015, citó a Cui Tiankai, embajador de su país en Washington, al decir que la serie muestra “la corrupción que está presente en la política estadounidense”.
En cuanto a Rusia, Alexander Gabuev, miembro principal del Centro Carnegie de Moscú, y que viaja con frecuencia a Washington, dice que ha sido invitado por organizaciones culturales a cines repletos de ciudadanos de clase media para ver los estrenos de las temporadas de House of Cards, donde ha hablado sobre el gran tema que les interesa a los rusos: ¿La serie retrata la realidad de la política estadounidense?
Gabuev asegura que funcionarios y oligarcas rusos citan a la serie para explicar el caos de la presidencia de Donald Trump.
En uno de las temporadas, un presidente ruso con rasgos físicos similares a los de Putin, discute con el personaje de Underwood en Medio Oriente.
“La política exterior rusa no se decide en las urnas. Decide el destino de hombres ricos y poderosos”, asegura Gabuev.
La serie también fue utilizada como modelo por la Agencia de Investigación de Internet, acusada por el fiscal especial sobre el posible caso de la injerencia rusa, Robert Mueller, de ser una “fábrica de trolls” patrocinada por el estado en San Petersburgo.
Taller para influir en las elecciones
Un exempleado de la agencia reveló a la cadena rusa independiente TV Dozhd que su unidad fue obligada a ver House of Cards en inglés antes de tratar de influir en los votantes en las elecciones presidenciales del 2016 en Estados Unidos.Usar House of Cards como una guía para analizar la disfunción de la política estadounidense tiene sentido, según Nina Jankowicz, experta en Desinformación Rusa en el Wilson Center de Washington.
La serie encaja con la estrategia de Rusia de debilitar la confianza de los ciudadanos en las instituciones, porque habla de “verdaderas inseguridades que tienen los estadounidenses, particularmente con la confianza en el gobierno”, asegura.
En Irán, la línea entre la realidad y el entretenimiento se disipó durante las elecciones de Estados Unidos del 2016. Las cadenas de televisión estrechamente controladas por el gobierno emitieron la primera temporada de House of Cards pocos días antes del segundo debate presidencial entre Trump y Hillary Clinton.
Los medios iraníes siguieron de cerca la candidatura de Trump, centrándose en las acusaciones de agresión sexual en su contra. La sórdida representación de la política estadounidense en House of Cards encaja con la propaganda iraní sobre Estados Unidos.
Promiscuidad política
Mashregh, un sitio web vinculado al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria, calificó a la serie como un retrato de la “traición, el hambre de poder, las promiscuidades y los delitos detrás de los que gobiernan en el país”.
Rohollah Faghihi, un periodista iraní que vive en Teherán, dice que cree que la serie ha tenido un efecto negativo en la forma en que los iraníes ven al liderazgo de los Estados Unidos pero señala que los acontecimientos de la vida real, como la salida de Trump del pacto nuclear y sus grandilocuentes comentarios sobre Irán, han sido mucho más perjudiciales que cualquier personaje de ficción.
El entretenimiento moldea las actitudes del público, juega un papel importante, dice Martha Bayles, experta en el Boston College sobre el nexo entre la cultura popular y la diplomacia pública: “Estas ideas se suman”.
Por lo pronto, hoy el mundo verá la última temporada.