Imaginen esto: Europa traspasada por una guerra carnívora como no se ha visto nunca. Sólo un país se sostiene como oasis: la neutral Suiza.

En Suiza, en sus cafés, baños termales y spas se reúne gente variopinta. Artistas, por supuesto, también ladrones, espías, desertores y delincuentes comunes. Hay quien es todo eso.

Uno de ellos es el músico ?Hugo Ball. Toca el piano en un club de Zúrich para sobrevivir. De las piezas clásicas ha pasado a lo moderno, la música de moda.

Es el escenario para una película romántica, ¿no es así? Es, de hecho, el telón de fondo para uno de los movimientos artísticos del siglo XX que más han fascinado.

Pero volvamos a la penumbra suiza, al piano de Ball. Un día, observando que en Zúrich hay una comunidad creativa que necesita un lugar para respirar, Ball lanza la convocatoria: el 5 de febrero de 1916 habrá un escenario libre, con un piano, para cualquiera que quiera compartir sus creaciones. Pueden gritar consignas o montar una obra o simplemente recitar poesía conformada por sílabas sin ton ni son. La reunión tenía nombre: Cabaret Voltaire.

Y he aquí el movimiento telúrico al que me refiero: ha nacido el Dadá. Los punks originales.

Los punks no nacieron solos

Podría parecer un desacato que compare el Dadá con el punk. En especial porque los separan décadas. Pero quédense conmigo.

Dada Zurich se llama la exposición en la Casa Luis Barragán. Se trata del segundo proyecto de la Estancia Femsa con la Barragán y el primero en que participa el Archivo Lafuente, institución española que se encarga de documentar el arte del siglo XX.

Para disfrutar de la exposición hace falta tener en cuenta la historia del dadaísmo. Es un movimiento artístico esencialmente antiarte. Esto quiere decir, según explica ?Javier Maderuelo, investigador del Archivo Lafuente, que no se dedicaron a producir obra o al menos no en la forma tradicional.

El Dadá iba en contra de lo establecido. Nada del arte amanerado de la academia, ese arte que apesta al perfume del aburguesamiento. ¿Por qué? Porque ese arte, la cultura occidental toda, no pudieron frenar la Gran Guerra, que parecía el fin del mundo.

Frente a la catástrofe, la resistencia. Su arte, del Dadá, es de muchos actos irrepetibles el nacimiento del performance en el estado más puro , pero de otros muchos dejaron constancia en revistas, panfletos, programas y otros documentos.

Así también se hicieron conocidos: por ser artistas que convirtieron en arte el hecho de publicar su propia revista, Dada.

El Archivo Lafuente reúne y expone una buena cantidad de esos documentos, ese arte impreso . Por ejemplo, la colección de grabados de Marcel Janco con un poema fonético de Tristan Tzara. O la portada de todos los ejemplares de la revista Dada. Maderuelo señala la tipografía de cada impreso; todo es creado desde nada, todo, excepto el papel. Las revistas tienen juegos con el lector, como imprimir el texto de cabeza o una mezcla aparentemente desordenada de texto con obra gráfica.

Es el nacimiento de la estética Do it yourself , o DIY, que los punks tomarían del dada y convirtieron en bandera. Los punks también se hicieron maestros en el arte de publicar y gritar sus propias obras en impresos. Los famosos fanzines, revistas precarias, tienen como madre la revista Dada.

Casi un siglo antes del nacimiento del punk, los dadaístas lo estaban dando a luz.

Dada Zúrich podrá parecer poco llamativa (después de todo, lo que expone fue hecho para consumirse, los dadaístas se reían de esa idea del arte como inmortalidad) pero es para dejar con la boca abierta. Muchos de esos documentos sólo pueden verse en esta exposición porque el Archivo Lafuente es el único que los ha rescatado.

Vayan a rendir honores a los punks de 1916.

  • Dada Zúrich
  • Casa Luis Barragán?Gral.
  • Francisco ?Ramírez, colonia Ampliación
  • Daniel Garza.
  • Hasta el 30 de abril.

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